6 de junio de 2026
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Uso problemático del móvil vinculado a la procrastinación académica en adolescentes

Pasar horas con el celular y posponer tareas importantes suele ser más un problema de autorregulación que una cuestión de voluntad: el teléfono ofrece recompensas inmediatas y alivio emocional, mientras que las tareas relevantes requieren esfuerzo sostenido y gratificación diferida. La conducta se asocia en psicología a mecanismos de evitación (escapar del malestar), al desgaste del autocontrol y a la orientación hacia lo inmediato que fomentan muchas aplicaciones.

La evidencia reciente muestra una relación consistente entre uso problemático del teléfono y procrastinación, sobre todo en contextos de estudio. En estudiantes universitarios, por ejemplo, el smartphone puede desplazar el tiempo y la energía necesarios para tareas exigentes, y el ciclo se intensifica con estrés o ansiedad: el celular funciona como un descanso rápido que, a la larga, aumenta la presión por lo pendiente.

Por qué el celular facilita la procrastinación: recompensa inmediata, evitación y “tareas aversivas”

Las tareas importantes suelen exigir esfuerzo sostenido y dan recompensas a largo plazo (como aprobar un examen o completar un proyecto). El teléfono, en cambio, proporciona novedad, interacción social y pequeños alivios emocionales en segundos. Cuando una tarea genera aburrimiento, ansiedad o sensación de incapacidad, el celular aparece como una salida fácil.

Un estudio en adolescentes publicado en Frontiers in Psychology encontró que la denominada adicción al teléfono se relacionó con mayor procrastinación académica, y que parte de ese vínculo se explicó por factores como la autorregulación y la resiliencia psicológica.

También observó que la relación entre padres e hijos podía moderar ese efecto, lo que apunta a la importancia del contexto: no es solo el dispositivo, sino también los límites, el apoyo y los hábitos familiares.

Qué dice la investigación sobre la “adicción al smartphone”, la procrastinación y sus matices

En psicología y salud pública se emplean términos como uso problemático o adicción al smartphone para describir patrones compulsivos de uso que interfieren en la vida diaria. No existe un diagnóstico clínico único y universalmente aceptado para la “adicción al celular”; muchas investigaciones utilizan escalas de autoinforme y modelos de conducta adictiva.

En universitarios, un trabajo en Frontiers in Psychiatry propuso que la relación entre adicción al smartphone y procrastinación académica se explica por indicadores como el autocontrol y la autoeficacia académica: a mayor uso problemático, menor capacidad percibida o efectiva para mantener un plan de estudio, lo que se asocia con más postergación.

Otra línea de investigación, centrada en el final del día, encontró asociaciones entre la adicción al teléfono y la procrastinación del sueño. Un estudio en PMC reportó correlaciones positivas entre uso problemático, ansiedad y postergación de la hora de dormir, e indicó posibles mediadores como la actividad física y la ansiedad.

Aunque la mayoría de estos estudios son observacionales y no demuestran causalidad definitiva, ayudan a entender por qué el teléfono actúa como un “imán” justo cuando la persona necesita cambiar de actividad.

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