Un informe privado subraya que el Banco Central encadenó más de 100 ruedas consecutivas de compras, lo que constituye hasta ahora la tercera racha compradora más prolongada de la historia.
Solo fueron más largas las series de febrero-noviembre de 2004 (184 ruedas) y de septiembre de 2006-mayo de 2007 (161 ruedas), según el análisis de Maximiliano Gutiérrez, especialista en temas monetarios y cambiarios del Ieral de la Fundación Mediterránea. No obstante, por montos acumulados el ciclo actual se ubica en el segundo puesto histórico, detrás del período 2006-2007, cuando se compraron USD 11.100 millones.
Si la secuencia de jornadas compradoras continuara sin interrupciones hasta fines de septiembre, podría transformarse en la más larga. Mantener esa senda, sin embargo, será más difícil una vez que finalice el período de mayor liquidación de divisas del sector agroexportador, que suele concluir hacia mediados de año.
Más de una quinta parte del mercado de cambios
El informe indica que el BCRA ya absorbió cerca del 21% del volumen total operado en el mercado libre de cambios, cifra que multiplica por cuatro la meta inicial estimada por el equipo económico. Hasta ahora acumula compras por algo más de USD 10.000 millones, a un ritmo promedio diario cercano a USD 100 millones. Con ese primer hito cumplido, el Gobierno apunta ahora al segundo objetivo de compras fijado en USD 17.000 millones.
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Detrás de la oferta de divisas que capta el Central están el aumento del superávit comercial y la venta de dólares provenientes de obligaciones negociables del sector privado y colocaciones de deuda de algunas provincias. Desde las elecciones, estas fuentes habrían aportado casi USD 15.500 millones.
Según Gutiérrez, que el BCRA mantenga este ritmo de compras fortalece la sostenibilidad del esquema cambiario, porque refuerza la credibilidad de la banda cambiaria y empuja a la economía hacia un equilibrio más favorable.
El actual costo de endeudamiento en dólares, cercano al 9,5% anual, sigue limitando el acceso voluntario al crédito internacional.
La estrategia de acumulación de reservas cobra mayor relevancia frente a dos factores de riesgo: la volatilidad latente por las elecciones presidenciales de 2027 y un calendario exigente de vencimientos en moneda dura durante ese año, con escaso rollover esperado. Además, la incertidumbre sobre la trayectoria de la tasa de la FED y la mayor probabilidad de subas en EEUU complican el acceso a financiamiento externo y encarecen el rollover de deuda.
El clima del mercado local
En el mercado local, el informe describe un período de relativa estabilidad cambiaria: el dólar spot se mueve entre $1.400 y $1.440, con un leve repunte tras el vencimiento de un contrato para mayo 2026 (que llegó a representar el 66% del interés abierto total). En lo que va de junio, el spot acumula una suba del 2,2% y se ubica un 18,5% por debajo del techo de la banda. El mercado de futuros muestra valores holgadamente por debajo del techo (con una brecha del 19,5%), y las expectativas de depreciación cayeron del 30% anual al 26% actual.
Cabe preguntarse dónde se ubicaría la prima de riesgo soberano si la autoridad monetaria hubiera permanecido al margen del mercado de cambios.
El informe discrepa de quienes sostienen que, sin las compras del BCRA, el tipo de cambio habría caído. Explica que, en ausencia del rol comprador del Central, las reservas netas se habrían deteriorado de forma más marcada, lo que habría exacerbado dudas sobre el cumplimiento de las obligaciones del Tesoro y la capacidad de respuesta del esquema ante un shock adverso; ello, a su vez, habría presionado al alza la prima de riesgo soberano y el tipo de cambio.
Un punto débil del panorama es la persistente ausencia de demanda de dinero. Esa carencia es el eslabón pendiente de un esquema que, en el plano cambiario, ha mostrado mejores resultados de lo previsto. Para contrarrestar el efecto de los pesos emitidos para comprar dólares, el Gobierno recurrió a una estrategia de esterilización mediante colocación de títulos en moneda local por parte del Tesoro y operaciones de mercado abierto del BCRA (pases y compraventa en el mercado secundario). En la práctica, las compras de divisas se financian contra deuda pública en pesos.
El Talón de Aquiles
Gutiérrez revisa los niveles de reservas: las reservas brutas alcanzan USD 48.400 millones, el mayor nivel desde octubre de 2019, con un incremento de USD 7.030 millones en cinco meses. En ese avance influyó un reciente desembolso de USD 1.000 millones del FMI. El informe subraya, no obstante, que la meta de reservas netas sigue siendo un talón de Aquiles.
Las reservas netas se calculan restando a los activos en dólares del BCRA los pasivos con vencimiento inferior a un año (swap chino, encajes en dólares, obligaciones con organismos internacionales y operaciones de repo). El informe del propio Banco Central advierte que ese neteo cobra relevancia cuando una parte significativa de las reservas brutas tiene carácter parcial, contingente o de muy corto plazo por la naturaleza de los pasivos que las respaldan.
Según los cálculos citados, a inicios de junio las reservas netas mostraban un saldo positivo de USD 3.950 millones, o de USD 2.520 millones si se descuentan las obligaciones de pago por Bopreales de los próximos doce meses.
El informe concluye que la plena autonomía del Banco Central sigue siendo una asignatura pendiente. Con un ancla fiscal bajo presión, la política monetaria debe asumir un papel central en la lucha contra la inflación en los próximos meses. El esquema actual de agregados es todavía rudimentario y carece de una función de reacción explícita ante cambios de mercado, lo que dificulta la previsibilidad. Es clave, finaliza el informe, que la comunicación sea más sobria y evite excesos narrativos para preservar la confianza social y la credibilidad del programa.


