The New York Times publicó una selección de rituales nocturnos. Billy Farrell, de 34 años, cuida sus plantas, les habla y les confía preocupaciones o esperanzas, mientras Christina, de 62, intenta hacer una figura nueva de origami cada noche antes de apagar la luz.
La recopilación incluye más actividades individuales. Randall Reade, de 64 años, lee libros de cocina en la cama; Michael Neverisky, de 68, toca guitarra clásica antes de acostarse; Gail Noren, de 57, resuelve crucigramas; y Grant Brenna, de 66, hace ejercicios numéricos basados en la hora que marca su reloj.
La importancia de los rituales nocturnos para mejorar el sueño cuenta con respaldo científico. Según la National Sleep Foundation de Estados Unidos, “la repetición de acciones relajantes antes de acostarse ayuda al cuerpo a reconocer que es momento de dormir”, lo que facilita conciliar el sueño y mejora la calidad del descanso.
La institución recomienda actividades sencillas como la lectura, la meditación o ejercicios ligeros. Entre las prácticas sugeridas está, por ejemplo, la postura de “piernas en la pared” durante 15 minutos para aliviar la tensión en piernas y espalda.
Tommy Vinh Bui, de 40 años, combina una breve sesión de ejercicio y meditación con una ducha fría antes de acostarse. Brandy Strand, de 52 años, aplica loción de magnesio en los pies, hace una lección de Duolingo, abre una aplicación de meditación y pasa por el baño por última vez antes de dormir.
Otros lectores prefieren preparar el día siguiente o limitar distracciones. David Blair, de 59 años, deja lista la cafetera cada noche; y Wynne Boliek, de 37, coloca el celular al otro lado de la habitación al menos una hora antes de dormir y escribe a mano su “3-2-1 nocturno”: tres agradecimientos, dos expectativas para el día siguiente y un aprendizaje de la jornada.
Los rituales compartidos también marcan el final del día
La selección de The New York Times también muestra rituales compartidos. Por ejemplo, Sarah Lerner, de 32 años, arma con su esposo un rompecabezas de 1.500 piezas mientras ven televisión.
En otros casos, el ritual consiste en un intercambio breve antes de dormir. Según el periódico, Andrew Dunakin contó que ese momento con su pareja, centrado en hablar del día y acompañarse antes de acostarse, le aporta una sensación de calma y cierre.
Un estudio publicado en la revista Sleep Health en 2022 subrayó que “los rituales realizados en compañía, como conversar o compartir una infusión, refuerzan los lazos afectivos y pueden disminuir la sensación de soledad o ansiedad al final del día”.
Los autores sugieren que el valor de estos gestos cotidianos reside no solo en sus efectos fisiológicos, sino también en el bienestar emocional que aportan en el entorno familiar o de pareja.


