El tráfico comercial por el Estrecho de Ormuz superó los 10 millones de barriles diarios de petróleo tras la firma de un acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán, según dijo a Bloomberg un funcionario estadounidense que habló bajo condición de anonimato. El repunte, respaldado por el despliegue militar de Washington en la zona sur del corredor, tomó por sorpresa a Teherán y puso en duda su capacidad real para interrumpir el paso.
El miércoles se observaron dos convoyes importantes atravesando el estrecho, un ejemplo claro de la táctica de navegación en grupo que está ganando terreno. Seis buques entraron al Golfo Pérsico en formación por la ruta vigilada por Estados Unidos, junto a la costa de Omán, mientras que otros cuatro salían en sentido contrario.
Entre las embarcaciones había petroleros, buques de gas y combustible, y portacontenedores, varios con vínculos con los Emiratos Árabes Unidos. Las fuerzas navales occidentales informaron que la ruta omaní fue ampliada para permitir entradas y salidas simultáneas, lo que explica los movimientos observados el miércoles.
La media móvil de siete días de tránsitos comerciales era de 38 al 30 de junio y subió hasta 40 en días recientes debido a la salida acelerada de naves que habían quedado retenidas desde el inicio del conflicto. Los datos de rastreo indican que, si todos los buques del miércoles completan el trayecto, supondría un aumento respecto al día anterior.
Las naves usan dos vías: la gestionada por Estados Unidos, próxima a la costa omaní, y otra que atraviesa aguas iraníes. Irán sostiene que no autoriza tránsitos sin su conocimiento; su negociador jefe, Mohammed Bagher Ghalibaf, afirmó en televisión estatal que la soberanía sobre el corredor corresponde a Irán y Omán.
El memorando de entendimiento firmado establece tráfico sin peajes durante un período de negociación de 60 días y deja abierto el estatus del estrecho más allá de ese plazo. Funcionarios estadounidenses han declarado que los peajes o tarifas serían inaceptables en un acuerdo definitivo; Irán no ha aceptado públicamente esas condiciones.
Las conversaciones indirectas en Qatar, con la participación de negociadores estadounidenses como Steve Witkoff y Jared Kushner, se centran en las capacidades nucleares iraníes y en el control del tráfico por Ormuz, según el funcionario citado. Un negociador omaní dijo que los planes no implican la imposición de “tarifas de tránsito”, aunque Omán comunicó a funcionarios europeos que algunos cobros podrían ser necesarios.
La semana pasada, Irán vulneró las medidas acordadas con un ataque de dron contra un portacontenedores de bandera singapurense, lo que desencadenó represalias que amenazaron la tregua. El incidente dañó el puente de mando de la nave, sin causar víctimas, y el barco pudo continuar su travesía.
La decisión de suspender ataques adicionales para permitir que avancen las negociaciones fue interpretada como una muestra de la renuencia estadounidense a asumir mayores costes económicos derivados del conflicto. El presidente vinculó su postura a no querer ser recordado por una gestión económica negativa del país.
Analistas advierten que esas consideraciones podrían animar a Irán a alargar las conversaciones, reduciendo la capacidad de Estados Unidos para obtener concesiones sustanciales. Restaurar el tráfico por Ormuz representa, según esas fuentes, un retorno a la situación anterior al conflicto más que un nuevo avance.
La limitada capacidad de Irán para monitorear el tráfico alejado de su costa retrasó su percepción del aumento real de los flujos por el corredor sur, lo que contribuyó a una reacción tardía, indicó el funcionario. La administración estadounidense interpreta los ataques recientes como un intento iraní de reafirmar control tras constatar que su poder para paralizar el estrecho es menor de lo previsto.
Antes del conflicto, el Estrecho de Ormuz canalizaba cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado, con aproximadamente 20 millones de barriles diarios. Actualmente, al menos 10 millones pasan por el corredor y otros 5 millones fluyen por rutas alternativas, lo que aproxima los volúmenes a los niveles previos a la guerra.
Armadores, compañías petroleras y otros actores del sector advierten que cualquier tarifa —o cargo encubierto— sería una violación inaceptable del derecho internacional y sentaría un precedente peligroso que podría fomentar cobros similares en otras vías navegables.


