16 de agosto de 2026
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Ucrania devuelve a Rusia su guerra económica

Ucrania devuelve a Rusia su guerra económica

En el quinto año del conflicto, con el frente estancado por el desgaste y el predominio de enjambres de drones en la línea de contacto, Ucrania y Rusia compiten por debilitar a distancia la economía del adversario, objetivo que puede decidir un conflicto prolongado. En este contexto, donde se aprecia fatiga entre militares y civiles, los ataques a fábricas, centrales energéticas y centros logísticos se han convertido en el principal blanco militar.

En esta confrontación entre las capitales de Kiev y Moscú, ambas partes han intensificado los ataques. Las fuerzas rusas han empleado misiles balísticos contra la capital y el sur de Ucrania —incluyendo Kremenchuk y Krivyi Rih, ciudad natal del presidente Zelenski—, utilizando sistemas como los Iskander y los KN23 procedentes de Corea del Norte, de alto poder destructivo pero menor precisión. Estos misiles han sido responsables en años recientes de numerosas víctimas civiles al impactar en zonas urbanas.

En espejo, Ucrania también ha golpeado con fuerza aunque con tácticas distintas. Ante la dificultad de derribar misiles balísticos por la falta de sistemas como los Patriot en el mercado, Kiev recurre a enjambres de drones económicos —los Lyuti, similares a los Shahed— para atacar refinerías y centros de distribución. En una acción reciente alcanzó tres grandes plataformas logísticas de Wildberries —Koledino, Podólsk y la zona norte de Domodédovo—, provocando una columna de humo visible en todo Moscú.

La estrategia ucraniana busca no solo paralizar al operador logístico y a las empresas vinculadas, sino también que la guerra llegue a los barrios rusos, después de años en los que gran parte de la población rusa apenas había sentido directamente las consecuencias. Entre el 18 de julio y el 16 de agosto, se registraron 21 centros logísticos de Wildberries afectados por ataques, incendios o evacuaciones. Esos golpes podrían haber causado daños por alrededor de 10.000 millones de dólares y afectar a más de 400.000 vendedores rusos. Rusia, que anteriormente atacó la red logística ucraniana (por ejemplo, Nova Poshta), ahora sufre una estrategia similar.

El impacto sobre el suministro de combustible también es notable. Los bombardeos de refinerías en operaciones, a veces a miles de kilómetros del frente, han inutilizado cerca del 40% de la capacidad de refinado, generando largas colas en todo el país, incluidas Moscú y San Petersburgo. Cada semana, enjambres ucranianos vuelven a poner fuera de servicio refinerías que habían sido reparadas tras ataques previos.

Blindar Moscú

Ucrania produce y lanza un número creciente de drones —unas 300 o 400 por noche según estimaciones—, complicando las defensas antiaéreas rusas. Aunque el Kremlin ha reforzado la protección de Moscú, con frecuencia los drones logran penetrar la defensa. Concentrar la protección en la capital deja amplias zonas del vasto territorio ruso sin cobertura, lo que Kiev aprovecha para atacar la infraestructura económica.

Una oleada de drones alcanzó tres localidades de la región de Rostov, donde el gobernador Yury Slyusar informó de cinco muertos; el ataque, con más de 150 drones, dañó viviendas, una estación de tren y provocó un incendio forestal. En la región de Moscú, otra persona falleció por el impacto de restos de un dron en su vivienda.

Boris Aronstein, analista independiente de petróleo y gas, opina que «los ataques con drones ucranianos han provocado la crisis más grave de los últimos años, porque el tamaño, la coordinación y las oleadas repetidas impiden a Rusia reparar las refinerías antes del siguiente ataque».

Sobre los golpes a Wildberries, el think tank Chatham House señala que «independientemente de su significado militar, estos ataques acercan la guerra a la población rusa. Las opciones para mitigar estos costes son limitadas: una desgravación fiscal para una empresa tan grande como Wildberries supondría presión adicional sobre el presupuesto federal, y trasladar centros logísticos a zonas más seguras en los Urales o Siberia resultaría muy costoso. La carga de proteger la infraestructura comercial recae cada vez más en las propias empresas».

En cuanto al efecto macroeconómico, Elina Ribakova, del Peterson Institute for International Economics, considera que «la economía rusa está estancada. Este año tendrá un crecimiento cercano a cero; en el mejor de los casos ya se ha observado una contracción en el primer trimestre y una caída de la producción industrial. Esa contracción industrial implica también un notable frenazo en el sector de defensa».

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