15 de enero de 2026
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Nobel de la Paz impedidos por prisión, censura y exilio

La dirigente opositora venezolana María Corina Machado, que se encuentra en la clandestinidad, se suma a la lista de premiados con el Nobel de la Paz que no pudieron asistir a la ceremonia en Oslo. Varios galardonados han estado impedidos de participar por prisión, prohibiciones de viaje, persecución política o temor a represalias, y en esos casos se enviaron representantes o se dejó una silla vacía como gesto de protesta.

Más abajo se describen los casos documentados por el Comité Nobel y por familiares y allegados de los premiados.

En 2023, la activista iraní Narges Mohammadi celebró el Nobel desde la prisión de Evin, en Teherán. Fuentes cercanas y activistas confirmaron que permaneció detenida durante la ceremonia; Mohammadi fue reconocida por su lucha contra la obligatoriedad del hijab y contra la pena de muerte en Irán.

Sus hijos gemelos, exiliados en Francia, la representaron en Oslo y leyeron un discurso que ella logró enviar clandestinamente desde la cárcel. Mohammadi estaba presa desde 2021 y, según su entorno, obtuvo en diciembre de 2024 una licencia médica temporal. Uno de sus hijos afirmó: “Mi madre pidió que su voz llegara a Oslo aunque no pudiera estar presente”.

En 2022, el activista bielorruso Ales Bialiatski tampoco asistió a la ceremonia. Bialiatski, fundador de la organización de derechos humanos Viasna, cumplía una condena en Bielorrusia y fue representado por su esposa, Natalia Pinchuk.

Bialiatski había sido sentenciado a diez años por un cargo de “tráfico de divisas”, una acusación denunciada por organizaciones internacionales. Pinchuk declaró en la ceremonia: “Ales continúa su lucha por los derechos humanos desde la cárcel”.

En 2010, la ausencia más simbólica fue la del disidente chino Liu Xiaobo. Condenado a once años por “subversión”, no obtuvo permiso para viajar y su silla quedó vacía en el escenario junto al diploma y la medalla. Su esposa, Liu Xia, quedó bajo arresto domiciliario tras el anuncio del premio, y sus hermanos tampoco pudieron salir de China.

Liu, participante en las protestas de Tiananmén de 1989, murió en 2017 de cáncer de hígado tras ser trasladado de la prisión a un hospital. En el discurso leído por el comité se recordó su frase: “No tengo enemigos y no tengo odio”.

En 1991, Aung San Suu Kyi recibió el Nobel mientras estaba bajo arresto domiciliario en Myanmar. Aunque se le permitió viajar, ella decidió no salir por temor a que la junta militar le impidiera regresar. Sus hijos y su esposo la representaron y recibieron el premio en su nombre.

En el escenario también se colocó una silla vacía como referencia explícita a su confinamiento. Su familia señaló: “Ella priorizó su compromiso con Myanmar por encima del reconocimiento internacional”.

En 1983, Lech Walesa, dirigente sindical polaco y fundador de Solidaridad, optó por no viajar a Oslo por miedo a que las autoridades comunistas le negaran el reingreso a Polonia. Su esposa, Danuta, y uno de sus hijos lo representaron en la ceremonia.

Walesa transmitió un mensaje a través de sus allegados en el que afirmaba: “Mi lugar está con mis compañeros de trabajo en Polonia”.

En 1975, el físico soviético Andréi Sájarov tampoco recibió autorización para viajar; las autoridades de la URSS le prohibieron salir del país. Su esposa, Elena Bonner, lo representó en Oslo. El Comité Nobel destacó entonces su “valiente compromiso personal con la defensa de los principios fundamentales de la paz entre los hombres”.

El premio de 1973 registró dos ausencias simultáneas. Henry Kissinger y Le Duc Tho fueron seleccionados tras un acuerdo de alto el fuego en Vietnam; Le Duc Tho rechazó el galardón alegando que el cese del fuego no se había cumplido.

Kissinger, por su parte, decidió no viajar a Oslo para evitar protestas. El comité recordó la explicación oficial de Le Duc Tho: “La paz aún no se había establecido”.

En 1935, Carl von Ossietzky fue galardonado mientras permanecía preso en un campo de concentración nazi, detenido tras la represión posterior al incendio del Reichstag, por lo que no pudo recibir el premio.

Posteriormente, un abogado estafó a su familia para apropiarse del dinero del Nobel y fue condenado a trabajos forzados. Von Ossietzky murió en cautiverio en 1938. Sus allegados recuperaron una declaración suya: “Mi conciencia no me permite callar”.

Las ausencias de estos laureados evidencian un patrón recurrente: gobiernos que restringen libertades y bloquean la participación de personas reconocidas internacionalmente. El caso de María Corina Machado se suma a esa lista documentada de impedimentos, censuras y persecuciones que marcaron diversas ceremonias del Nobel de la Paz.

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