La conservación de los manuscritos medievales fue una lucha continua contra factores como la humedad, los hongos, los insectos xilófagos, los roedores y los gatos. Estos agentes, muchas veces imperceptibles, amenazaron la integridad de numerosas obras y motivaron el desarrollo de métodos prácticos de conservación, según documenta Historia National Geographic.
En la Edad Media, monasterios y bibliotecas enfrentaban problemas constantes para proteger sus códices. La humedad favorecía el crecimiento de hongos cuyas esporas dejaban manchas de tonos rojizos y negros, dañaban el pergamino y generaban riesgos para la salud de los lectores, como afecciones respiratorias, conjuntivitis y reacciones cutáneas.
Además, los insectos xilófagos perforaban los soportes y los roedores roían encuadernaciones y márgenes, dejando evidencias de su paso tanto en los talleres como en los libros ya terminados.
Estrategias medievales para la conservación
Para mitigar estos riesgos, los custodios medievales aplicaron diversas soluciones prácticas. Los códices se guardaban en arcones elevados o en armarios revestidos de madera para protegerlos de la humedad y de los ataques de roedores.
Las paredes de piedra se revestían con madera para absorber la humedad ambiental, y los volúmenes, por su grosor, se apilaban horizontalmente en baúles o en estantes empotrados en nichos, diferente a la disposición moderna. El control de la temperatura y la higiene del espacio también eran aspectos clave para la conservación.
Algunas medidas, sin embargo, introducían nuevos peligros. Historia National Geographic destaca manuscritos de la Universidad del Sur de Dinamarca que tenían una capa verdosa bajo la cubierta: un barniz con arsénico aplicado para repeler insectos y parásitos.
Aunque eficaz frente a xilófagos, el arsénico podía causar intoxicaciones graves. Asimismo, las tintas antiguas, ricas en metales, al oxidarse podían producir polvo tóxico que, al adherirse a las manos, suponía un riesgo de envenenamiento.
Gatos: aliados y amenazas en las bibliotecas
Los gatos ocuparon un papel ambivalente en los scriptoria: valorados por su capacidad para cazar ratones y así proteger los manuscritos, también eran fuente de daños accidentales.
Sus patas manchadas de tinta dejaban huellas en los folios y hay registros de incidentes más serios. Un manuscrito de alrededor de 1420 de Deventer, en los Países Bajos, conserva la marca de un líquido seco y una anotación dirigida a un gato que orinó sobre el libro durante la noche, ejemplo de la convivencia conflictiva entre animales y libros.
Prácticas sociales y protección del patrimonio escrito
La conservación dependía tanto de condiciones físicas como de costumbres sociales. El préstamo y el intercambio de libros entre monasterios eran prácticas habituales que facilitaban la copia y difusión de obras.
Para prevenir pérdidas, algunos abades recurrían a sanciones religiosas contra quienes no devolvían volúmenes. En el siglo XII, el secretario del abad cisterciense Bernardo de Claraval exigía que cada libro prestado se devolviera con una copia, la cual se incorporaba a la colección mediante nuevos intercambios.
Los testimonios recopilados por Historia National Geographic reflejan la frustración de los copistas ante los daños causados por ratones y gatos. Dibujos y notas al margen evidencian la lucha diaria contra estos animales, capaces de arruinar semanas de trabajo en una sola noche.
De la Edad Media a la conservación actual
Con el tiempo, las técnicas de conservación se han profesionalizado. Hoy, especialistas emplean métodos científicos para controlar humedad, temperatura y luz, y utilizan materiales seguros en la restauración y protección de manuscritos.
Las experiencias medievales, con sus aciertos y errores, han informado las prácticas contemporáneas destinadas a preservar este patrimonio para las generaciones futuras.
Aun con los avances actuales, la historia de los manuscritos medievales muestra que el descuido o la intervención de animales pueden dejar huellas irreversibles en la memoria escrita de la humanidad, como subraya Historia National Geographic al relatar los guardianes y las amenazas de los libros antiguos.


