Nueve personas fallecieron y otras diez resultaron heridas la madrugada del domingo a causa de un tiroteo en una taberna de Bekkersdal, un municipio minero al suroeste de Johannesburgo, Sudáfrica.
Según la policía, un grupo de individuos armados ingresó al local y disparó de manera indiscriminada contra los clientes; este suceso es el segundo ataque similar registrado en el país durante diciembre.
La Dirección de Investigaciones de Delitos Graves y Violentos de Gauteng, junto con la Unidad de Rastreo y Detección de Delitos de la Policía de Sudáfrica, emprendieron un operativo para localizar a los presuntos responsables del ataque.
En un comunicado, la policía informó que aproximadamente 12 sospechosos, que iban en una camioneta blanca y un sedán plateado, abrieron fuego contra las personas dentro de la taberna y continuaron disparando mientras huían. La búsqueda de los atacantes continúa y las autoridades solicitaron la colaboración de la comunidad para avanzar en la investigación.
El tiroteo ocurrió poco antes de la 1:00 a.m.; inicialmente se informó de diez fallecidos, cifra que luego se corrigió a nueve. El mayor general Fred Kekana, subcomisario de la policía provincial, indicó a la cadena SABC que la mayoría de los agresores portaban pistolas y que uno llevaba un rifle AK-47.
“Entraron a la taberna y dispararon al azar a los clientes, sin provocación alguna”, declaró Kekana. Tres personas murieron dentro del establecimiento y las demás perdieron la vida al intentar escapar, mientras los atacantes seguían disparando al retirarse.
Las autoridades añadieron que los responsables también sustrajeron pertenencias de las víctimas, entre ellas teléfonos móviles y objetos de valor. Entre los fallecidos figura un conductor de un servicio de transporte en línea que pasaba por la zona.
Kekana calificó el hecho como “pura criminalidad” y reiteró el requerimiento de ayuda ciudadana para identificar a los atacantes. El episodio remite al tiroteo del 6 de diciembre en una taberna cerca de Pretoria, donde murieron doce personas, incluido un niño de tres años.
Sudáfrica, la economía más desarrollada de África, enfrenta tasas de criminalidad muy elevadas, impulsadas en gran medida por bandas organizadas y redes delictivas. El país cuenta con una gran presencia de armas de fuego, tanto legales como ilegales, y los tiroteos son frecuentes, en muchos casos vinculados a rivalidades entre pandillas y disputas por el control de negocios informales.
A principios de diciembre, una taberna sin licencia en un albergue para migrantes en Saulsville, cerca de Pretoria, fue escenario de otra tragedia: entre las víctimas mortales había niños de 3, 12 y 16 años.
La violencia también ha afectado a figuras públicas. La semana pasada, Warris Stock, conocido como DJ Warras, ex presentador de radio y trabajador en una empresa de seguridad privada, fue asesinado a tiros el 16 de diciembre frente a un edificio en el centro de Johannesburgo mientras realizaba una visita profesional; tenía 40 años.
En otro caso de alto perfil, Marius Van der Merwe, de 41 años y testigo clave en una investigación por corrupción, fue asesinado a disparos el 5 de diciembre frente a su familia, semanas después de haber declarado contra un jefe de policía municipal, lo que puso de relieve la vulnerabilidad de los denunciantes.
De acuerdo con estadísticas policiales, entre abril y septiembre Sudáfrica promedió 63 homicidios diarios, consolidando una de las tasas de asesinatos más altas a nivel mundial.
En septiembre de 2024, la provincia del Cabo Oriental fue escenario de un tiroteo masivo en el que 18 familiares fueron asesinados en una casa durante una ceremonia tradicional; las víctimas, de entre 14 y 64 años, incluyeron 15 mujeres, y tras la tragedia fueron detenidos varios sospechosos.
(Con información de EFE y AFP)


