15 de enero de 2026
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Templo milenario de Carlomagno, símbolo europeo

En el oeste de Alemania, cerca de las fronteras con Bélgica y los Países Bajos, se alza la Catedral de Aquisgrán, una de las construcciones religiosas y arquitectónicas más destacadas de Europa. Activa desde hace más de 1.200 años, la catedral es uno de los testimonios más antiguos del legado medieval y refleja la importancia histórica de Aquisgrán.

A lo largo de los siglos, la catedral ha sido escenario de acontecimientos decisivos: ha albergado coronaciones reales, ha sido destino de peregrinación y conserva la tumba de uno de los emperadores más influyentes de la Edad Media. Su evolución arquitectónica y su valor cultural y espiritual la convierten en un monumento singular.

El legado de Carlomagno y la fundación de la catedral

La creación de la Catedral de Aquisgrán está vinculada a Carlomagno, el gobernante franco que en el siglo IX unificó gran parte de Europa occidental. Carlomagno nombró Aquisgrán como su capital y promovió la construcción de una capilla palatina que se convirtió en el núcleo espiritual y arquitectónico del complejo catedralicio.

La Capilla Palatina, conocida también como el Octógono, se comenzó a levantar hacia el año 796 y fue consagrada por el papa León III en 805. Su diseño, con planta octogonal, cúpula y galerías superiores, evidencia influencias bizantinas y romanas, y testifica la ambición y la sofisticación de la arquitectura carolingia. Esa capilla sirvió como lugar de culto, ceremonia y custodia de reliquias, y pronto adquirió un papel central en el imperio carolingio.

Con el paso del tiempo la catedral se consolidó como centro de poder y de devoción, además de ser un importante destino de peregrinación. Carlomagno fue enterrado en la capilla que encargó, y su sepulcro añade al conjunto un significado histórico y religioso distintivo.

Transformaciones arquitectónicas

Lo que distingue a la Catedral de Aquisgrán es la diversidad de estilos acumulados a lo largo de los siglos; el edificio original carolingio no permaneció aislado, sino que fue ampliado y adaptado en distintas épocas.

La Capilla Palatina sigue siendo el corazón del templo, pero alrededor de ella se añadieron elementos posteriores, entre ellos la Gran Sala del Coro en estilo gótico, conocida por sus altos ventanales que aportan luz y verticalidad, en contraste con la solidez del núcleo original.

La convivencia de estilos —carolingio, bizantino, románico y gótico— refleja la evolución artística y funcional de la catedral a lo largo de la historia. Asimismo, Aquisgrán fue sede de numerosas coronaciones: durante la Edad Media más de treinta monarcas alemanes fueron coronados allí, desde Otón I en 936 hasta Fernando I en 1531, consolidando su papel ceremonial dentro del Sacro Imperio Romano Germánico.

Patrimonio de la Humanidad y símbolo de Europa

La importancia de la Catedral de Aquisgrán trasciende su función religiosa y política. En 1978 fue el primer monumento alemán y uno de los primeros del mundo en ser inscrito como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en reconocimiento a su conservación y valor universal.

Visitar la catedral ofrece un recorrido por la historia europea: sus espacios evocan episodios clave de la Edad Media y el Renacimiento, y muestran cómo un edificio puede conservar elementos originales, incorporar nuevos estilos y mantener su función espiritual a lo largo del tiempo. Aquisgrán sigue siendo un lugar de peregrinación, interés cultural y admiración internacional, donde convergen historia, fe y arte.

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