15 de enero de 2026
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Banksy sorprende a Londres con dos murales navideños

Banksy apareció en las calles de Londres en los días previos a la Navidad con dos nuevos murales que renovaron el debate sobre la desigualdad y la crisis de vivienda en la ciudad. Las obras representan a dos niños tumbados en la acera, abrigados y mirando al cielo, mientras uno de ellos señala hacia arriba.

Las imágenes, idénticas entre sí, se instalaron en dos puntos separados por unos cinco kilómetros: una junto al edificio Centre Point, cerca de la estación Tottenham Court Road en el centro de la ciudad, y otra sobre una fila de garajes en Queen’s Mews, Bayswater, al oeste de Londres.

La publicación de la obra en la cuenta de Instagram del artista anónimo, que suma millones de seguidores, obtuvo rápidamente una gran cantidad de “me gusta” y difundió las imágenes en redes sociales. Según Artnews, el primer mural apareció frente a Centre Point, una torre de 34 plantas construida en 1966 por el promotor Harry Hyams que permaneció desocupada durante años en medio de una severa crisis habitacional.

Por esa razón Centre Point se convirtió en un símbolo de la problemática de la vivienda: incluso un albergue local tomó el nombre Centrepoint en tono irónico. Tras cambiar de propietarios, el edificio fue transformado en 2015 en apartamentos de lujo, aunque los altos precios dificultaron su ocupación plena.

La elección de las ubicaciones añade matices a la interpretación de la obra. Aunque la imagen de los niños mirando al cielo puede evocar en Navidad la ilusión de ver a Papá Noel, también se ha leído como una alusión a la infancia vulnerable y a la exclusión social. El artista Daniel Lloyd‐Morgan dijo a la BBC que muchas personas pasan junto al mural sin captar ese mensaje, lo que recuerda la indiferencia ante quienes duermen en la calle.

Banksy no suele repetir exactamente la misma imagen en diferentes puntos de una misma ciudad, por lo que esta doble intervención destaca dentro de su producción reciente, caracterizada por críticas a las desigualdades y a hechos políticos. En septiembre colocó un mural en el Tribunal Supremo en el que un juez golpeaba a un manifestante, obra que fue retirada por las autoridades locales.

En mayo, el artista dejó otra intervención en Marsella con la imagen de un bolardo cuya sombra formaba un faro, acompañada de una frase reflexiva. En la Navidad anterior, difundió una representación digital sobre la maternidad con connotaciones religiosas.

La reacción pública fue inmediata: las obras se viralizaron en redes y atrajeron a numerosos visitantes a las zonas donde aparecieron. La escena infantil, que en apariencia puede parecer festiva, contrasta con la situación de muchas familias en la ciudad y subraya el papel del arte urbano para señalar problemas sociales que a menudo quedan fuera de las celebraciones.

Estas intervenciones también volvieron a poner el foco en la situación de las personas sin hogar en Londres. Datos oficiales indican que más de 10.000 personas pasan las noches en refugios o en la calle en la capital británica.

El impacto de los murales alcanza aspectos prácticos: comerciantes y vecinos notaron un aumento de visitantes en las áreas intervenidas, lo que ha suscitado debates sobre la conservación de las obras. Expertos en arte urbano advierten que la mayor exposición pública convierte a estas piezas en blanco de vandalismo o en riesgo de ser retiradas, como ya ha ocurrido con trabajos anteriores de Banksy.

En plena temporada festiva, la aparición de los murales actúa como un recordatorio de que la celebración coexiste con realidades complejas. La obra invita a mirar más allá de la decoración y el consumo para considerar a quienes enfrentan dificultades en una ciudad marcada por contrastes sociales.

La imagen de los niños, abrigados pero tumbados sobre el asfalto, funciona como símbolo de esperanza y abandono a la vez. Su presencia en el paisaje urbano provoca preguntas sobre la atención pública y las prioridades sociales.

Estos nuevos murales, simultáneos y de contenido social, consolidan la posición de Banksy como figura relevante del arte callejero y reafirman la función crítica del muralismo en las grandes urbes. Situadas en puntos estratégicos y cargadas de simbolismo, las imágenes atraen tanto a transeúntes como a usuarios de redes, estimulando la conversación pública sobre temas que con frecuencia quedan fuera del foco mediático.

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