Más allá de los datos de producción, el informe del Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR) plantea señales importantes para entender el comportamiento de la logística y las cadenas de suministro de cara al cierre del año y al comienzo de 2026.
El índice general se ubicó 3,5% por encima de octubre y casi 10% por encima de noviembre de 2024, lo que refleja un volumen creciente de mercadería que debe ser movilizada, almacenada y despachada hacia mercados internos y externos.
Desde el punto de vista logístico, este crecimiento exige mayor capacidad en infraestructura, transporte y coordinación operativa a lo largo de todos los eslabones de la cadena.
Exportaciones en alza y mayor presión sobre los nodos logísticos
Uno de los datos más relevantes es el comportamiento del último eslabón: el subíndice de agroexportación creció 3,3% mensual, acumulando seis meses consecutivos de incremento. En noviembre, los complejos soja y trigo registraron volúmenes de exportación récord, muy por encima de los promedios históricos para ese mes.
Esta situación intensifica la presión sobre los corredores hacia los puertos, la disponibilidad del transporte terrestre y la capacidad de respuesta de los nodos de acopio y consolidación. También obliga a una planificación más precisa para evitar cuellos de botella en períodos de alta estacionalidad.
El informe además identifica un factor externo con impacto directo en la logística regional: la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que motivó un giro de compras del país asiático hacia Sudamérica, beneficiando a Argentina y provocando un aumento notable en los envíos del complejo soja.
Desde la perspectiva de la cadena de suministro, esto implica una reconfiguración de flujos internacionales, ajustes en rutas, mayor demanda de servicios vinculados a la exportación y la necesidad de responder con rapidez a oportunidades comerciales que pueden ser temporales.
Más grano sin procesar y cambios en los patrones logísticos
Otro aspecto relevante es la caída mensual del 2,4% en la molienda de soja, atribuida a la fuerte demanda internacional de poroto sin procesar. Esto altera la dinámica habitual de la cadena, ya que una mayor proporción de la cosecha se destina directamente a la exportación en lugar de al procesamiento local.
Para la logística, significa modificaciones en los flujos de almacenamiento, transporte y despacho: aumentan los envíos directos a puerto y disminuye la permanencia en plantas industriales.
El informe también pone de relieve limitaciones estructurales: las inundaciones en distintas zonas de la provincia de Buenos Aires complicaron la movilización de hacienda y productos agrícolas, afectando la faena y los envíos. Estos episodios evidencian la dependencia de la logística agroindustrial de la infraestructura vial y de las condiciones climáticas, factores críticos para sostener elevados volúmenes de actividad.
Balance de fin de año y desafíos para 2026
Aunque la actividad agroindustrial se mantiene en niveles históricamente altos, el informe muestra asimetrías entre producción, industria y exportación que demandan una gestión logística más fina. El cierre de 2025 deja a la cadena con altos volúmenes pero también con mayores riesgos operativos, especialmente ante eventos climáticos, variaciones en la demanda externa y limitaciones estructurales.
De cara a 2026, el reto para la logística y las cadenas de suministro será sostener la competitividad exportadora sin perder eficiencia operativa, mediante un fortalecimiento de la planificación, una mejor coordinación entre eslabones y una mayor capacidad de adaptación frente a un entorno global cada vez más dinámico.


