15 de enero de 2026
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Serpientes que causan ceguera a distancia

La imagen habitual de una serpiente venenosa evoca un ataque directo con colmillos que inyectan toxinas letales en minutos. La realidad biológica es más compleja: en algunas regiones de África y Asia ciertas serpientes emplean una defensa distinta, capaz de causar daños graves sin necesidad de morder.

Entre estas especies figuran las cobras escupidoras y el rinkhals (Hemachatus haemachatus), que pueden proyectar veneno con precisión hacia el rostro de un posible agresor.

El biólogo evolutivo Scott Travers explicó en un análisis para Forbes que esta adaptación permite neutralizar o disuadir a un atacante a distancia y constituye una de las defensas más elaboradas en el mundo animal.

Veneno proyectado con presión muscular

Contrario a lo que sugiere el término “escupir”, el veneno no sale de forma pasiva: se expulsa a presión por aberturas especializadas en la parte frontal de los colmillos, impulsado por la contracción de los músculos alrededor de las glándulas venenosas.

Cuando la serpiente se siente amenazada, eleva el tercio anterior del cuerpo, despliega la capucha y dirige el chorro tóxico hacia el objetivo. El alcance puede alcanzar hasta tres metros, suficiente para mantener al agresor fuera del rango de mordida.

El veneno rociado rara vez penetra la piel intacta; en brazos o piernas suele causar irritación, sensación de ardor o pequeñas ampollas. El peligro mayor aparece si alcanza membranas mucosas o tejidos sensibles —ojos, nariz o boca— donde puede provocar dolor intenso y lesiones significativas.

Los ojos como blanco principal

Los ojos son el objetivo más crítico. El contacto del veneno con el globo ocular produce dolor inmediato, inflamación conjuntival intensa y daño corneal. Sin un enjuague rápido y abundante, la lesión puede evolucionar hacia una pérdida visual permanente.

Si el veneno entra en la boca o las fosas nasales, la absorción al torrente sanguíneo es más rápida y pueden aparecer síntomas sistémicos, como hinchazón y náuseas. Aunque los envenenamientos mortales sin mordedura son poco frecuentes, no son imposibles.

Precisión guiada por el movimiento

La puntería de estas serpientes se basa en un control activo del cuerpo. Un estudio publicado en Physiological and Biochemical Zoology describió que las cobras escupidoras coordinan cabeza y cuello para producir patrones geométricos de rociado, lo que aumenta la probabilidad de impacto ocular.

Otra investigación citada por el biólogo mostró que estos reptiles siguen y anticipan los movimientos del objetivo, ajustando la posición de la cabeza en fracciones de segundo. Ese comportamiento sugiere un procesamiento neuronal más complejo que una mera respuesta refleja.

Un veneno diseñado para disuadir

Mientras que en muchas serpientes el veneno sirve principalmente para inmovilizar y matar presas, en las cobras escupidoras parece estar adaptado para disuadir. Un estudio de 2021 publicado en Science concluyó que la capacidad de escupir veneno evolucionó de forma independiente en tres linajes: las cobras escupidoras africanas, las asiáticas y el rinkhals.

En los casos estudiados se observó una sobreexpresión de enzimas fosfolipasa A2 (PLA2) y citotoxinas que, combinadas, activan intensamente las neuronas sensoriales de mamíferos, provocando un dolor inmediato y extremo. Esa mezcla está optimizada para causar un efecto disuasorio más que letal.

Evolutivamente, proyectar veneno reduce riesgos: morder a un animal grande obliga a la serpiente a acercarse y exponerse a contraataques, mientras que rociar el veneno permite mantener distancia y neutralizar la amenaza sin contacto directo.

Defensa a distancia y riesgo para humanos

Las cobras escupidoras tienden a evitar el contacto humano, pero donde sus hábitats coinciden con zonas pobladas o con mascotas el riesgo aumenta. El veneno en los ojos puede ocasionar lesiones duraderas; enjuagar inmediatamente con abundante agua es la medida más eficaz para minimizar el daño.

Incluso manipuladores experimentados pueden resultar afectados si se aproximan demasiado. Comprender este mecanismo defensivo es importante para la educación y la seguridad en las regiones donde estas serpientes viven en estado silvestre.

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