15 de enero de 2026
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Geoingeniería solar y justicia climática

La geoingeniería solar, entendida como la intervención deliberada sobre la radiación solar para enfriar la Tierra, gana atención en el marco de la crisis climática. Entre las técnicas en estudio figuran la inyección de aerosoles en la estratosfera —la dispersión de partículas reflectantes para imitar el efecto refrigerante de grandes erupciones volcánicas— y el blanqueamiento de nubes marinas, que busca aumentar la reflectividad de las nubes bajas sobre los océanos. Según la profesora Inés Camilloni, vicepresidenta del grupo de trabajo del IPCC y docente en la Universidad de Buenos Aires, estas tecnologías aún no se aplican a escala, aunque la investigación avanza rápidamente, especialmente en países del norte global.

El debate internacional sobre la geoingeniería solar se intensifica ante el riesgo de alcanzar puntos críticos del sistema climático. Sus defensores argumentan que podría ganar tiempo para implementar soluciones estructurales; sus críticos advierten sobre riesgos inciertos y el posible desvío de esfuerzos hacia medidas que no abordan las causas profundas del cambio climático. Para algunos sería un “freno de emergencia” ante un calentamiento descontrolado; para otros, una distracción con implicaciones de justicia climática.

Las regiones del sur global afrontan con mayor severidad los efectos del calentamiento: temperaturas más altas, olas de calor extremas y cambios en los patrones de precipitación que afectan la salud, la seguridad alimentaria y el acceso al agua. Camilloni ha señalado en The Guardian que incendios, sequías, inundaciones y tormentas se han vuelto más frecuentes y dañinos, profundizando desigualdades y dificultando el desarrollo socioeconómico.

A pesar de esa vulnerabilidad, en el sur global hay escasa discusión pública y pocas políticas sobre geoingeniería solar. La limitada financiación y la ausencia de debate social han creado un vacío de conocimiento y capacidad de influencia regional. Camilloni califica este silencio como un riesgo que agranda la brecha frente al norte global, donde la investigación y la discusión política toman impulso.

Camilloni sostiene que es urgente y posible incorporar al sur global en el desarrollo y la evaluación de estas tecnologías. La región dispone de comunidades científicas y perspectivas diversas que pueden enriquecer la deliberación y la toma de decisiones. Excluir a estos países replicaría patrones coloniales en la gobernanza climática, con soluciones diseñadas para el sur pero sin su participación efectiva.

Algunas iniciativas recientes buscan corregir esa falta de inclusión. La Degrees Initiative ha comenzado a financiar investigaciones lideradas por científicas y científicos del sur global sobre los posibles efectos regionales de la geoingeniería solar. La Advanced Research and Invention Agency del Reino Unido también ha financiado estudios sobre gobernanza y ética que incluyen a investigadoras e investigadores del sur. No obstante, Camilloni considera que estos esfuerzos son todavía insuficientes y requieren mayor apoyo y ampliación.

La profesora propone desarrollar investigación pública sobre geoingeniería solar liderada por instituciones del sur global, crear redes académicas entre universidades de la región y fortalecer la cooperación sur-sur mediante financiamiento específico.

Subraya la necesidad de un marco global de gobernanza que garantice equidad, transparencia y consentimiento informado. Involucrar al sur global no equivale a respaldar automáticamente el uso de estas tecnologías, sino a permitir que sus sociedades formulen preguntas críticas, evalúen riesgos y beneficios, y participen en el diseño de políticas públicas adaptadas a sus realidades.

Entre los riesgos más relevantes están efectos imprevistos sobre ecosistemas y el clima, usos políticos indebidos y la eventual interrupción abrupta de intervenciones, lo que podría generar consecuencias negativas a escala planetaria. Un proceso excluyente o poco transparente podría aumentar tensiones geopolíticas y profundizar injusticias climáticas.

Camilloni advierte además que la geoingeniería solar no soluciona causas estructurales del cambio climático, como la acidificación oceánica o la dependencia de combustibles fósiles. En el mejor de los casos podría ser una medida temporal, pero los riesgos de efectos inesperados, uso indebido o cese repentino son considerables. Ignorar el avance de estas tecnologías no las hará desaparecer.

Si alguna vez se planteara recurrir a la geoingeniería solar ante una emergencia planetaria, Camilloni exige que el proceso sea público y participativo. Reclama que cualquier iniciativa capaz de alterar el clima global tras décadas de contaminación debe discutirse desde la justicia climática y con información accesible para todas las sociedades.

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