15 de enero de 2026
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Polémica por reemplazo de vitrales originales en Notre-Dame

La presentación de seis diseños inéditos de vitrales para Notre Dame, obra de la artista francesa Claire Tabouret, desató controversia en París y reavivó el debate sobre intervenciones contemporáneas en monumentos históricos.

Las maquetas a tamaño real, de siete metros de alto por cuatro de ancho, pueden verse hasta el 15 de marzo de 2026 en el extremo suroeste del Grand Palais. El público accede mediante tres tramos de escaleras circulares para contemplar estos bocetos que podrían transformar la apariencia de uno de los emblemas arquitectónicos de la ciudad.

La propuesta incluye sustituir los vitrales originales del siglo XIX, diseñados por Eugène Viollet-le-Duc y Jean-Baptiste Lassus, que sobrevivieron al incendio de 2019, lo que ha alimentado la polémica sobre si procede reemplazarlos pese a no haber resultado dañados.

Especialistas, arquitectos e historiadores del arte han expresado su rechazo, señalando que la intervención podría contravenir criterios de conservación y sentar un precedente delicado para futuras restauraciones en bienes de valor universal.

Tabouret fue elegida entre más de cien artistas y trabajó con los maestros vidrieros del Atelier Simon-Marq, un taller con cerca de dos siglos de trayectoria, conocido por su calidad técnica y por colaboraciones anteriores con figuras como Joan Miró y Raoul Dufy.

La artista, de 44 años y residente en Los Ángeles, se define como pintora figurativa; en este proyecto plantea una paleta y una narrativa visual que fusionan lo humano y lo natural.

En los bocetos alternan grupos de figuras con paisajes dinámicos —mares agitados y árboles inclinados por el viento— para conformar una secuencia inspirada en la narración de la Pentecostés. “No soy religiosa, pero es una historia sobre comunidad y celebración”, ha dicho Tabouret.

Para justificar su propuesta, la autora remite directamente a la ornamentación de Viollet-le-Duc: los motivos geométricos que incorpora al fondo evocan visualmente los vitrales históricos y buscan establecer un vínculo simbólico entre pasado y presente.

El uso de colores intensos —rojos, verdes y azules—, habituales en su obra y en el arte sacro, pretende mantener una continuidad con la tradición religiosa. La colaboración con el Atelier Simon-Marq destaca el cuidado técnico y la intención de respetar la dimensión patrimonial de Notre Dame.

La exposición, titulada “Claire Tabouret: In a Single Breath”, permite al público examinar de cerca los resultados de esa colaboración artística y técnica antes de que la propuesta reciba una aprobación definitiva para su instalación en la catedral.

Según The Art Newspaper, intervenciones de este tipo forman parte de una larga tradición de encargos artísticos en monumentos históricos parisinos, donde la innovación suele generar controversia y debates sobre los límites de la restauración y la creación contemporánea.

El debate se intensificó tras el incendio de 2019, que situó a Notre Dame en el centro de la atención internacional. Mientras unos defienden la conservación estricta de cada elemento original, otros consideran que la reconstrucción abre una oportunidad para renovar el diálogo entre el patrimonio y el arte contemporáneo.

La propuesta de Tabouret ha polarizado opiniones pero también evidencia la vitalidad del debate cultural en Francia. “Integro referencias al pasado en la ornamentación de cada escena”, afirma la artista, que insiste en que su trabajo busca tender puentes más que romper con la tradición.

La intervención con el Atelier Simon-Marq aporta rigor técnico y subraya la importancia de la artesanía en la creación contemporánea. Para algunos observadores, el proyecto vuelve a poner en primer plano la discusión sobre el papel del arte en espacios emblemáticos.

La participación de Tabouret en este proceso la sitúa dentro de una tradición dinámica de diálogo cultural y artístico que sigue moldeando el presente y futuro del patrimonio parisino.

La tensión entre conservación e innovación es palpable en cada diseño, y convierte la muestra en un punto de inflexión dentro de la discusión artística en París.

Aun con la controversia, el Grand Palais se ha transformado en un escenario donde se confrontan distintas visiones sobre la identidad y la evolución de Notre Dame en el siglo XXI.

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