Alejandra Aguilar Orozco es la primera mujer en alcanzar el grado de Suboficial Mayor con la especialidad Furriel en la Armada Argentina. Desde el Comando de la Flota de Mar, repasa una trayectoria marcada por la convicción, la vocación y el compromiso, y por decisiones y destinos que la llevaron a ocupar el máximo grado de su carrera.
Nacida en Mendoza, supo desde joven que quería ser militar. Aunque no había antecedentes familiares en la Fuerza, su madre solía decir que deseaba “un hijo militar”. En el último año de la secundaria comenzó a investigar las vías de ingreso y, tras recorrer personalmente las opciones, eligió trabajar en el mar.
En 1993 ingresó a la Escuela de Suboficiales de la Armada en Buenos Aires, formando parte de una de las primeras promociones femeninas en una institución tradicionalmente masculina. “Mi objetivo era ser militar y no lo perdí nunca”, recuerda.
Su especialidad es Furriel y, a lo largo de más de treinta años de servicio, desempeñó funciones en numerosos destinos: el entonces Comando de Operaciones Navales (hoy Comando de Alistamiento y Adiestramiento de la Armada, COAA), Capitanía de Puerto, Comando de la Flota de Mar (COFM), Área Naval Austral, Base Naval Ushuaia, Escuela de Suboficiales, el destructor ARA “La Argentina” (DELA), y en la asesoría jurídica del COAA y la Secretaría Privada del COFM.
En 2006 tomó una decisión clave en su carrera al ofrecerse como personal operativo en una etapa en la que las mujeres no embarcaban de forma habitual. Buscar ser operativa implicaba poder navegar, aspirar al mayor grado y asumir misiones en el exterior, una opción que analizó con su familia y adoptó con decisión.
Como resultado, embarcó durante dos años como Maestra de Víveres en el DELA, una experiencia que valora como formativa. Relata que la vida a bordo exige planificación, convivencia, adaptación y la capacidad de conducir personas en situaciones exigentes.
Participó además en una Misión de Paz en la República de Haití, integrando un equipo de cooperación civil-militar durante seis meses. Allí colaboró con orfanatos, escuelas y organizaciones locales, y describe la experiencia como profundamente humana: mostró realidades de pobreza y desigualdad, pero también la esperanza y la necesidad de afecto.
Al regresar completó el curso judicial, egresando en primer lugar, y continuó su labor en el área jurídica del COAA. En 2021 fue destinada a la Delegación IOSFA Mendoza, donde permaneció tres años, y actualmente presta servicio en el COFM.
Ascendida el 31 de diciembre pasado al grado de Suboficial Mayor, evalúa su trayectoria con satisfacción: “Siempre me puse objetivos y los cumplí. Volvería a ingresar. Ser militar es mi vocación”. Señala que disfrutó el recorrido y se siente orgullosa de haberlo transitado.
También destaca el avance institucional que ha observado: hoy hay más mujeres en distintas especialidades navales, a bordo de buques y en puestos técnicos, un cambio al que considera parte de su aporte.
Fuente: Gaceta Marinera


