15 de enero de 2026
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Amor entre Italia y Argentina tras intercambio en Irlanda

Dos personas de orígenes distintos se encontraron por azar o por destino. “Nos conocimos en Irlanda, un país que no era el de ninguno de los dos, hablando un idioma que tampoco era el nuestro… y ahora estamos acá, en Argentina, viviendo nuestro amor”, cuentan Roberta, italiana, y Facundo, argentino, en este nuevo episodio del ciclo “Amores que cruzan el mapa” de Infobae.

Lo que empezó como un viaje para aprender otro idioma terminó transformando sus vidas. “Fue destino”, afirma Roberta, convencida de que el encuentro no fue casual.

Su historia comenzó lejos de las raíces de ambos. Tras terminar la universidad en Italia, Roberta viajó con su hermana a Irlanda para mejorar el inglés. “Yo quería ir a Malta, pero mi hermana me convenció porque no le gustaba el calor”, cuenta, y así eligieron Cork casi por casualidad.

En la escuela de idiomas los pusieron en el mismo grupo. “Nos colocaron en un nivel en el que no sabíamos nada”, dice Facundo, recordando las primeras charlas llenas de gestos para entenderse. “A los dos nos costaba hablar en inglés, así que terminamos hablando cada uno en su idioma”, añade Roberta.

La complicidad fue más fuerte que las barreras lingüísticas. “En ese curso me divertías; me gustaba estar con vos más que aprender inglés”, le confesó Roberta a Facundo entre risas.

Tras aquel primer encuentro, sus vidas se llenaron de idas y vueltas emocionales. Cuando el curso terminó parecía que cada uno seguiría su camino, pero no fue así.

Facundo planeaba quedarse más tiempo en Irlanda para estudiar y trabajar, pero le costó adaptarse al clima. Estando por regresar a Argentina, decidió viajar una semana para ver a Roberta, que ya había vuelto a Italia. Esa visita a Udine —la ciudad de Roberta, a dos horas de Venecia— fue un salto importante y el inicio de una serie de viajes entre Italia y Argentina.

Facundo regresó a su país y Roberta lo visitó en diciembre de ese mismo año. “Argentina fue mi primer viaje muy largo, de hasta 14 horas. Estaba muy asustada”, recuerda ella. Pasaron dos semanas recorriendo la Patagonia y conociéndose más.

Después Roberta volvió a Italia y Facundo no tenía previsto viajar, pero ella le propuso volver a Argentina en julio. La llegada de la pandemia complicó los planes: Roberta había pensado quedarse un mes y medio como máximo, pero la incertidumbre hizo que considerara extender su estadía. Facundo remarca que lo decisivo en su relación fue la pandemia: la contención, el acompañamiento y hablar todos los días a la distancia.

Esas conversaciones intensas fueron clave. Para verse, Facundo propuso que debían convivir en Argentina, y así el amor superó la incertidumbre y la distancia.

El desafío de empezar de nuevo en otro país

El traslado de Roberta a Buenos Aires no estuvo exento de dificultades. Dejar Udine, su familia y sus costumbres fue una decisión cargada de emociones. “No fue fácil; al principio mi familia no estaba de acuerdo porque Argentina queda lejos y no conocían a Facu”, cuenta. Con el tiempo, sus padres lo aceptaron y hoy lo ven como “el hijo varón que no tuvieron”.

Facundo recuerda esos primeros pasos con humor y empatía. “En el primer viaje a conocer a su familia me lo hicieron pagar, pero lo entendí: llevaban a su hija lejos”, dice entre risas. Como padre, comprende la preocupación de sus suegros.

A pesar de las dificultades, Roberta reafirma su decisión: “Lo volvería a hacer al 100%. No me arrepiento de nada”. Reconoce que quizá su hermana tenía razón al elegir Irlanda en vez de Malta, porque ese viaje le cambió la vida.

El proceso de adaptación estuvo marcado por el apoyo mutuo y la construcción de una nueva familia. La llegada de su hija, Valentina, consolidó ese puente entre dos culturas.

Valentina, el puente entre dos mundos

El nacimiento de su hija transformó la vida de la pareja. Valentina nació el 4 de enero de 2024, tres años después de la llegada definitiva de Roberta a Buenos Aires. “Me alegra que ella entienda mi idioma. Es mi pedacito de Italia y de mi familia acá”, dice Roberta, subrayando el valor simbólico de la maternidad en el contexto migratorio.

El idioma y la nostalgia están presentes en la crianza. “Con el tiempo, cuando empezás a pensar en el idioma local te vas incorporando, pero seguís extrañando tu pueblo y tu ciudad”, reflexiona Roberta. Al volver a su pueblo siente cierto desarraigo: desde Argentina lo extraña mucho, pero si se queda más de una semana en Italia empieza a extrañar Buenos Aires.

Valentina actúa como el lazo que une y redefine las raíces familiares. “Es ese llamado constante entre un lado y el otro. Soy italiana, pero cuando estoy allá me siento extranjera, y cuando estoy acá pienso y hablo como los argentinos; no me siento al 100% en ninguno de los dos lugares”, explica Roberta. Para ella, la hija representa una parte de la italiana que aún conserva.

Decisiones valientes y el instinto de apostar por el amor

La historia de la pareja está marcada por elecciones difíciles en las que el amor prevaleció sobre el miedo. “Si alguien quiere jugársela por amor, tiene que hacerlo: pensarlo pero no darle vueltas en exceso. Guiarse por el instinto también”, aconseja Roberta. Ella admite que esta decisión fue fruto de la reflexión y de cierta imprudencia, y que resultó ser la mejor opción.

Facundo reconoce el coraje de Roberta: “Ella se jugó más, dejó todo en Italia y vino a vivir a Argentina. Me enamoró la fuerza interna que tiene y la gran mujer que es”. A la vez, siente culpa por lo que ella dejó atrás: su familia y su vida en Italia. Se imagina que, si fuera al revés, para él habría sido aún más difícil.

La admiración es mutua. Facundo considera que Roberta quizá no alcanza a medir la magnitud de su decisión, y la define como alguien con un fuego interno muy fuerte. Roberta insiste en la importancia de seguir el corazón, incluso cuando la razón aconseja cautela.

A pesar de los desafíos y sacrificios, Roberta y Facundo continúan construyendo su vida en Buenos Aires. Cada conversación en italiano con su hija, cada recuerdo de la tierra natal y cada paso compartido refuerzan ese vínculo entre continentes. Su experiencia, forjada en el cruce de culturas y decisiones valientes, demuestra que el amor elegido y cuidado puede superar fronteras.

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