20 de enero de 2026
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Diego García, la isla que enfureció a Trump

Vista desde el espacio, Diego García es un pequeño punto en el océano Índico: unos 27 kilómetros cuadrados de coral y arena, ubicado entre África y Asia. A pesar de su tamaño, este atolón en forma de herradura es una pieza clave en la geopolítica y ha vuelto al centro de la polémica tras las críticas del presidente estadounidense Donald Trump.

Trump criticó recientemente el acuerdo entre Reino Unido y Mauricio sobre las islas Chagos, del que forma parte Diego García, calificándolo de “acto de GRAN ESTUPIDEZ”. Estas declaraciones contrastan con su apoyo previo al mismo acuerdo, firmado en mayo de 2025.

De plantación de cocos a fortaleza militar

Las islas Chagos constituyen un remoto archipiélago de más de 60 islas en el océano Índico, al sur de las Maldivas y frente a la punta de India. Estuvieron bajo control británico desde 1814, tras ser cedidas por Francia.

En la década de 1960, lo que antes fueron plantaciones de coco se transformó en un enclave militar estratégico de primera magnitud.

Diego García, la isla principal, alberga hoy una base conjunta de Estados Unidos y Reino Unido que ha apoyado operaciones desde Vietnam hasta Irak y Afganistán. En 2008, Estados Unidos reconoció que la base también se había utilizado en vuelos secretos relacionados con sospechosos de terrorismo.

Estados Unidos describe la instalación, con unos 2.500 efectivos en su mayoría estadounidenses, como una plataforma casi indispensable para la seguridad en Oriente Medio, el sur de Asia y África Oriental. En episodios recientes se han desplegado en la isla bombarderos B-2 con capacidad nuclear durante operaciones contra los hutíes en Yemen.

“La Huella de la Libertad“: un enclave de 27 km2 sin civiles ni turistas

Diego García no es un destino turístico. A diferencia de las Maldivas o las Seychelles, aplica una política de acceso restringido: no hay vuelos comerciales, hoteles ni turismo; solo personal militar y contratistas autorizados pueden entrar.

La población flotante ronda los 2.500 habitantes, fundamentalmente militares estadounidenses y británicos, y trabajadores civiles procedentes de Mauricio y Filipinas. No hay residentes permanentes desde que Gran Bretaña expulsó a los chagosianos nativos hace más de medio siglo.

Su valor estratégico reside en el aislamiento y la configuración natural: situada unos 7 grados al sur del ecuador, la isla tiene 27 km2 de superficie terrestre, mientras que su laguna interior, que funciona como puerto natural de aguas profundas, supera los 120 km2.

Con una altura máxima de apenas 7 metros sobre el nivel del mar y el continente más cercano (India) a cerca de 1.800 kilómetros, el aislamiento es notable.

La forma de herradura del atolón protege a las flotas de los vientos oceánicos, lo que la convierte en un refugio seguro para portaaviones y submarinos nucleares. Entre los militares se la conoce coloquialmente como “The Footprint of Freedom” (La Huella de la Libertad).

La base incluye instalaciones como Camp Thunder Cove —antes Camp Justice—, un complejo de apoyo de la Armada y la Fuerza Aérea que ha llegado a alojar hasta 2.000 efectivos en operaciones como Libertad Duradera y Libertad Iraquí.

El recinto dispone de amplios depósitos, una pista de aterrizaje de 3,7 kilómetros apta para las aeronaves más grandes y almacenamiento de combustible.

Nombre colonial y biodiversidad insólita

El nombre Diego García remite a la época de los grandes viajes: se atribuye al navegante español Diego García de Moguer, que lo habría avistado en el siglo XVI mientras navegaba bajo pabellón portugués.

Aunque es una base muy tecnificada, la isla conserva rastros de su pasado de plantación: en áreas restringidas todavía hay burros ferales —descendientes de los animales de trabajo— y una de las mayores poblaciones de cangrejos de los cocoteros, los crustáceos terrestres más grandes del mundo.

¿Por qué las islas son objeto de disputa?

En 1965, Gran Bretaña separó las islas Chagos de Mauricio, tres años antes de la independencia mauriciana. En las décadas siguientes, hasta 2.000 habitantes fueron desalojados para permitir la construcción de la base de Diego García.

En años recientes, ha aumentado la crítica internacional por el control británico del archipiélago y por el desplazamiento forzado de su población. Naciones Unidas y la Corte Internacional de Justicia han pedido a Reino Unido que ponga fin a lo que consideran una administración colonial y transfiera la soberanía a Mauricio.

Human Rights Watch ha afirmado que el desplazamiento forzado de los chagosianos y la negativa a permitirles regresar equivalen a crímenes cometidos por una potencia colonial contra un pueblo indígena.

¿Qué establece el acuerdo entre Reino Unido y Mauricio?

Las negociaciones para transferir las islas a Mauricio se retomaron en 2022 y continuaron tras la llegada del gobierno laborista de Keir Starmer en 2024. El acuerdo se firmó en mayo de 2025 con el respaldo de la administración Trump.

Según lo pactado, Reino Unido transferirá la soberanía de las Chagos a Mauricio, pero pagará 101 millones de libras esterlinas anuales durante 99 años para arrendar Diego García. El gobierno británico estima que el coste neto del arrendamiento, ajustado por inflación, sería de unos 3.400 millones de libras.

¿Por qué Trump cambió de postura?

En mayo, el secretario de Estado Marco Rubio dijo que Washington apoyaba el acuerdo y que aseguraba la operatividad a largo plazo de la base conjunta. No obstante, Trump criticó después el pacto como un “acto de total debilidad” y una “GRAN ESTUPIDEZ”, enlazando su reproche con su interés por Groenlandia y argumentando que entregar territorio estratégico es un error de seguridad nacional.

¿Cuál ha sido la reacción?

El gobierno británico defendió el acuerdo, afirmando que garantiza las operaciones de la base conjunto EEUU-Reino Unido por generaciones y preserva sus capacidades únicas, y que cuenta con el apoyo de aliados como Estados Unidos, Australia y otros miembros de los ‘Cinco Ojos’, además de India, Japón y Corea del Sur.

En Reino Unido, políticos de oposición han criticado el trato por considerar que puede debilitar la seguridad y abrir margen de maniobra a China o Rusia. La líder conservadora Kemi Badenoch aseguró que el acuerdo “debilita la seguridad del Reino Unido y entrega nuestro territorio soberano”.

Unos 10.000 chagosianos desplazados y sus descendientes viven hoy principalmente en Reino Unido, Mauricio y Seychelles. El acuerdo prevé un fondo de reasentamiento para facilitar el regreso de los desplazados a las islas, con la excepción de Diego García, aunque los detalles prácticos todavía no están claros.

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