12 de marzo de 2026
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Líquido en alimentos enlatados: efectos sobre la salud y cuándo eliminarlo

Abrir una lata de comida genera a menudo la duda de si conviene consumir el líquido que la acompaña o desecharlo. Los alimentos enlatados son habituales por su practicidad y larga conservación, pero el contenido del líquido varía según el producto y el método de envasado, y por ello su idoneidad para consumo depende del caso.

Según el nutricionista Pablo Martínez, presidente del Colegio Oficial de Nutricionistas de Cantabria, el líquido de las conservas puede ser agua salada, aceite, jarabe o soluciones con limón, entre otros. Además de afectar al sabor y la textura, ese líquido cumple funciones industriales: facilita la transmisión de calor durante el procesado para eliminar microorganismos, ayuda a crear el vacío dentro de la lata y contribuye a la estabilidad y vida útil del producto. Por tanto, su presencia responde a razones de seguridad y conservación y no siempre implica que sea recomendable beberlo o añadirlo a la ración.

En muchas conservas, como atún, sardinas, verduras o legumbres, el líquido contiene minerales (sodio, potasio, fósforo) cuya concentración varía. Las personas con enfermedades renales o que necesitan controlar la sal deberían evitar consumirlo. Incluso en personas sanas, eliminar el líquido puede reducir la ingesta de sodio, especialmente si se consumen enlatados con frecuencia.

Cuándo se recomienda desechar el líquido de los enlatados

Es aconsejable desechar o enjuagar el líquido cuando se trata de productos con alto contenido de sodio o conservantes —por ejemplo, algunas conservas de atún, verduras encurtidas o legumbres en salmuera—, ya que la ingesta excesiva de sodio aumenta el riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Para quienes deben vigilar la sal en la dieta, retirar el líquido o enjuagar el alimento antes de consumirlo es una medida útil.

La conveniencia de desecharlo también depende de la frecuencia de consumo: si los enlatados se consumen de forma ocasional, el impacto de tomar el líquido es menor; si se consumen habitualmente, eliminarlo puede ayudar a mantener un equilibrio nutricional adecuado.

En conservas en aceite —como algunos pescados— el líquido aporta calorías y grasas adicionales. Desechar ese aceite reduce la carga calórica, algo relevante para quienes controlan el peso o siguen dietas restrictivas. No obstante, si el aceite es de calidad (por ejemplo, aceite de oliva virgen extra), usarlo con moderación puede resultar beneficioso en ciertas preparaciones.

Situaciones en las que el líquido puede aprovecharse

No todos los líquidos son problemáticos. Algunas verduras enlatadas en agua y sal en cantidades moderadas (espárragos, judías verdes, etc.) pueden consumirse con seguridad si no hay restricciones de sodio. Esos líquidos pueden aportar pequeñas cantidades de vitaminas y minerales, aunque la fuente principal de nutrientes sigue siendo el alimento fresco.

En cocina, el líquido de algunas latas puede aprovecharse como base para sopas, guisos o salsas, añadiendo sabor y aprovechando nutrientes. Es recomendable probarlo antes de usarlo, ya que el nivel de sal puede variar y en algunos casos resultar excesivo para la receta.

En el caso de las legumbres en conserva, aunque el líquido es seguro, enjuagarlas reduce el sodio y mejora la textura. Por eso muchos expertos recomiendan aclararlas antes de consumirlas, especialmente para quienes deben limitar la sal o quieren reducir conservantes.

Leer la etiqueta, la mejor herramienta

La forma más fiable de decidir si consumir o desechar el líquido es revisar la etiqueta nutricional. En ella figuran la cantidad de sodio, azúcares y otros componentes del líquido y del producto, información que permite adaptar el consumo a necesidades individuales, sobre todo en niños, personas mayores o quienes siguen dietas especiales.

En resumen: si se controla la sal o se busca reducir calorías, desechar o enjuagar el líquido de las conservas suele ser recomendable; si no hay restricciones y la cantidad de enlatados en la dieta es baja, pequeñas cantidades del líquido rara vez suponen un problema dentro de una alimentación variada. Leer etiquetas y ajustar según la frecuencia de consumo y las necesidades personales es la mejor práctica.

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