26 de enero de 2026
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Un siglo de la primera prueba del televisor

El 26 de enero de 1926, un grupo de cincuenta científicos asistió a la primera demostración pública en la que John Logie Baird mostró el funcionamiento de su sistema de televisión.

La reacción fue de asombro: muchos no podían creer lo que veían. Según Andy Andrews, entonces aprendiz de 14 años en el equipo de Baird, las imágenes resultaban algo borrosas pero causaron gran sorpresa entre los presentes.

Baird, inventor escocés, había dedicado años a experimentar con materiales improvisados mientras lidiaba con problemas de salud. Tras ser declarado no apto para la guerra y trabajar en una compañía eléctrica, se estableció en Hastings en 1923 y montó su laboratorio utilizando lámparas de bicicleta, latas de galletas y motores reciclados, según recordaría William Taynton décadas después.

Los primeros ensayos se desarrollaron en un taller desordenado, lleno de cables, baterías viejas y discos de cartón con lentes de bicicleta. El aparato generaba tanto calor que era difícil permanecer frente a él más de un minuto, por lo que en las primeras pruebas emplearon la cabeza de un maniquí con cabello naranja.

El 2 de octubre de 1925 Baird decidió intentar transmitir la imagen de una persona y convenció a William Taynton, un joven oficinista que trabajaba en la planta baja del edificio de Frith Street, en el Soho londinense, para que posara en su laboratorio.

Taynton tuvo que abrirse paso entre cables y artilugios antes de sentarse frente al transmisor. Baird le pidió que se colocara bajo potentes lámparas y que hiciera gestos, como sacar la lengua o mover la boca, pero el calor resultó insoportable. Taynton terminó abandonando el puesto y recibió media corona como pago, que sería el primer honorario por aparecer en televisión.

El resultado fue rústico pero novedoso: la imagen proyectada ocupaba apenas unos cinco por ocho centímetros y mostraba sombras y líneas moviéndose. Para Taynton, la principal novedad era que se trataba de una imagen en movimiento, aunque su definición fuera limitada.

Baird, entusiasmado, declaró que por fin había conseguido “la primera imagen verdadera” en televisión. Taynton, todavía escéptico, consideró la imagen rudimentaria, pero Baird predijo que la televisión terminaría instalándose en todos los hogares.

Con el tiempo Taynton reconoció no haber comprendido entonces la magnitud del avance, y describió a Baird como excesivamente emocionado. Aun así, aquel experimento primitivo, con imágenes diminutas y borrosas, fue el antecedente de la televisión moderna.

La noticia del logro se difundió pronto y, al año siguiente, Baird realizó su primera demostración pública en Londres ante otros científicos. Según Andrews, muchos asistentes pensaron que se trataba de un truco, lo que subrayó el impacto de la presentación.

Los años siguientes estuvieron marcados por continuas pruebas y mejoras: en 1927 Baird transmitió imágenes de Londres hasta Glasgow por una línea telefónica; en 1928 envió imágenes televisivas a través del océano hasta Estados Unidos; en 1929 desarrolló un sistema mecánico de barrido de 240 líneas que mejoró la nitidez y fue probado por la BBC; y alrededor de 1930 se comercializó el televisor “Plessey”, con el que el público británico pudo seguir emisiones tempranas.

La competencia tecnológica aumentó cuando la BBC inició su servicio de televisión en 1936 y comparó el sistema mecánico de Baird con el electrónico desarrollado por Marconi-EMI. Según Catherine Booth, curadora de ciencia en la Biblioteca Nacional de Escocia, Marconi contaba con mayores recursos y apoyo internacional, y su sistema resultó más fiable.

Además, un incendio en el Crystal Palace destruyó gran parte del equipo y documentos del laboratorio de Baird, una pérdida valorada en cerca de 100.000 libras de la época (equivalente a varios millones hoy). A pesar de este revés, la empresa continuó operando y en 1939 llegó a emplear a unas 600 personas.

En lo humano, quienes trabajaron con Baird recordaron un ambiente de camaradería y admiración por su liderazgo. Andrews describió al inventor como una persona amable que reconocía y apoyaba las ideas de su equipo.

La contribución de William Taynton como primer rostro humano transmitido por televisión fue conmemorada en 1951, cuando asistió a la colocación de una placa en la antigua sede del laboratorio. En ese acto, Sir Robert Renwick afirmó que el verdadero legado de Baird eran las antenas que empezaban a multiplicarse por todo el país.

Baird no dejó de innovar: en los años treinta desarrolló una cámara para transmisiones exteriores. Sin embargo, tras la evaluación comparativa la BBC optó por el sistema electrónico de Marconi-EMI, decisión que afectó personalmente a Baird, aunque su empresa siguió activa en otros campos.

Quienes lo conocieron destacaron su generosidad y su pasión por la invención. Andrews, apodado “el profesor loco” por su familia, calificó su etapa con Baird como un periodo feliz y recordó anécdotas que ilustran el interés público y la curiosidad que rodeaban el taller del inventor.

Después de la Segunda Guerra Mundial la televisión se consolidó como medio masivo, pero los pioneros conservaron el recuerdo de los primeros ensayos como un tiempo de emoción y descubrimiento. Andrews señaló que fue una experiencia divertida y sorprendente.

La primera vez que una imagen humana cruzó la pantalla fue un momento breve y incómodo, dominado por el calor y la incertidumbre, pero la perseverancia de Baird y su equipo marcó el inicio de una nueva era. Aquel paso, ocurrido exactamente hace un siglo, dio el primer impulso hacia la televisión tal como la conocemos.

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