26 de enero de 2026
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Presencia humana y comportamiento de osos asiáticos

Los ataques de osos han dejado de ser excepcionales en varias zonas de Asia y se han convertido en una preocupación recurrente, sobre todo en áreas rurales y montañosas. En países como Nepal, Pakistán y Japón, el incremento de encuentros violentos entre humanos y osos ha alertado a autoridades y comunidades locales.

En Nepal, las regiones altas del Himalaya registran episodios cada vez más frecuentes; en Japón, se reporta la irrupción de osos en tierras agrícolas y áreas pobladas; y en las llanuras de Deosai, en Pakistán, los ataques contra visitantes y residentes han pasado a formar parte del debate público.

Un estudio realizado por un equipo de investigación en Nepal señala que, en la mayoría de los casos, la causa subyacente es la intervención humana en los hábitats naturales.

Geoff Childs y su grupo identifican factores como la emigración de jóvenes, la expansión de actividades humanas en territorios previamente reservados para la fauna y la alteración de los ecosistemas como los detonantes principales de este cambio en la relación entre osos y personas. El trabajo fue publicado por la Universidad Washington en Saint Louis.

El papel de los humanos en los ataques de osos

En la aldea de Nubri, en las alturas de Nepal, la salida masiva de jóvenes en busca de educación y empleo ha alterado la vida cotidiana y la seguridad. Las viviendas quedan a cargo de personas mayores que, al quedar solas, pierden la protección y el apoyo que antes ofrecían las generaciones más jóvenes.

Antes, los jóvenes actuaban como disuasores: encendían hogueras y golpeaban ollas por la noche para ahuyentar a los osos de los cultivos. Sin esas prácticas, los animales se acercan con mayor facilidad a los asentamientos en busca de alimento, aumentando los riesgos.

El abandono de los campos periféricos, que funcionaban como barrera adicional entre la vida humana y el bosque, agrava la situación. La falta de esos “osos espantajos” —jóvenes encargados de ahuyentar a los animales— ha hecho que los ataques sean más frecuentes y peligrosos para personas que no cuentan con apoyo familiar cercano.

Los investigadores Dolma Choekyi Lama, Tsering Tinley y Geoff Childs muestran que los cambios demográficos no solo transforman la estructura social, sino que también afectan de forma directa la seguridad y el bienestar de las comunidades rurales. Para quienes permanecen en los pueblos, la emigración juvenil convierte a los osos en una amenaza más presente y complica la implementación de soluciones eficaces.

Las medidas tecnológicas propuestas, como cercas eléctricas alimentadas por energía solar, no han solucionado el problema según testimonios locales. La falta de personal para mantenerlas y la cobertura insuficiente en zonas montañosas limitan su eficacia. La combinación de métodos incompletos y la ausencia de jóvenes deja a los habitantes cada vez más vulnerables frente a los ataques.

Estas consecuencias se reflejan en relatos personales. Dorje, habitante de Nubri, dijo a los investigadores haber sufrido tres ataques en cinco años; en el más reciente, un oso le mordió el pie mientras protegía su cosecha, causándole profundas laceraciones. Con recursos limitados, apenas pudo detener la hemorragia con un remedio tradicional a base de hígado de oso, aunque el riesgo de infección era alto.

El acceso a atención médica es extremadamente difícil en estas zonas remotas. En el caso de Dorje, fue necesario esperar tres días y reunir unos 2.000 dólares para alquilar un helicóptero y trasladarlo a Katmandú. Las barreras económicas y logísticas convierten cada ataque en una emergencia de alto riesgo.

No se trata de casos aislados: una mujer de un pueblo cercano sobrevivió a un ataque que le provocó una herida desde la frente hasta la barbilla mientras iba al baño de noche. Su familia también tuvo que recaudar fondos para su evacuación y tratamiento. Estas historias muestran cómo la falta de recursos y la distancia a los servicios sanitarios aumentan el impacto de los ataques y siembran temor y precariedad en la vida diaria.

Un asunto creciente en Asia

El problema no es exclusivo de Nepal. En Japón, el aumento de episodios con osos ha llamado la atención de medios y autoridades, y se ha asociado en parte a cambios demográficos. Según información publicada por The New York Times en noviembre de 2025, los encuentros peligrosos entre personas y osos han ido en aumento por razones vinculadas a la despoblación.

Las zonas rurales japonesas que antes servían de amortiguación entre hábitats naturales y áreas urbanas están sufriendo abandono y envejecimiento poblacional. El descuido de campos y actividades agrícolas ha permitido que los osos se acerquen a regiones más habitadas, con mayor probabilidad de contacto con personas.

El incremento de ataques en Japón evidencia que la pérdida de presencia humana en áreas rurales facilita la expansión de la fauna hacia espacios antes reservados a residentes. Este escenario plantea nuevas preocupaciones de seguridad y tensiona las políticas de conservación, que deben equilibrar la protección de especies como el oso con la integridad de las comunidades locales.

En las llanuras de Deosai, en Pakistán, los ataques de osos pardos han generado alarma tras incidentes recientes, entre ellos uno que afectó a la cantante Quratulain Baloch. Casos como ese han visibilizado cómo las actividades humanas están alterando el comportamiento de la fauna silvestre.

Expertos como Vaqar Zakaria sostienen que los osos rara vez atacan de forma intencional, según reportó Asian News Network. No obstante, la presencia de comida humana, el aumento del turismo y la práctica de alimentarlos han hecho que pierdan su natural recelo y se acerquen a campamentos y asentamientos.

El profesor Shafqat Hussain, especialista en antropología y conservación, advierte que la mayor afluencia de campistas y turistas eleva la probabilidad de encuentros peligrosos. En opinión de los expertos citados, la invasión de hábitats tradicionales y la alteración de las fuentes de alimento de los osos son las causas principales del aumento de los ataques.

En conjunto, los especialistas coinciden en que la intervención humana —ya sea por expansión turística, degradación del hábitat o por alimentar a los animales— ha cambiado la dinámica entre osos y personas. Esa alteración ha provocado que los animales sean más impredecibles y se acerquen a zonas humanas, exponiendo a residentes y visitantes a riesgos crecientes.

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