27 de enero de 2026
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De un campo de concentración a una de las sobrevivientes más jóvenes del Holocausto

En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, Lola Kantorowicz se esforzó por ocultar su embarazo entre las prisioneras de Bergen-Belsen, donde la mayoría presentaba abultamiento abdominal por la inanición prolongada.

Entró en trabajo de parto en marzo de 1945, cuando los soviéticos avanzaban sobre Alemania y el campo era un caos. Su hija, Ilana, nació el 19 de marzo, treinta días antes de que las tropas británicas liberaran Bergen-Belsen.

Ilana Kantorowicz Shalem, de 81 años, figura entre las sobrevivientes más jóvenes del Holocausto; su supervivencia se explica en gran medida por el desorden en el que se encontraba el régimen nazi en los meses finales de la guerra. En otras circunstancias, es muy probable que no hubiese vivido.

Más de ocho décadas después del Holocausto, Shalem relata por primera vez la experiencia propia y la de su madre, consciente de que cada vez quedan menos testigos directos.

El Día Internacional de Conmemoración del Holocausto se celebra el 27 de enero, fecha que conmemora la liberación de Auschwitz-Birkenau, el campo de exterminio más conocido, donde fueron asesinadas alrededor de 1,1 millones de personas, la mayoría judías. La Asamblea General de la ONU estableció este día en 2005 como conmemoración anual.

Aproximadamente seis millones de judíos europeos y millones de otras víctimas —entre ellas polacos, romaníes, personas con discapacidad y personas LGBTQ+— fueron asesinados por los nazis y sus colaboradores; cerca de 1,5 millones de las víctimas eran niños.

Las conmemoraciones actuales se desarrollan en un contexto de aumento del antisemitismo, que se intensificó durante la guerra de dos años entre Israel y Hamás en Gaza.

Amor en lugares oscuros

Los padres de Shalem se conocieron en el gueto de Tomaszow, en Polonia, cuando eran adolescentes. Lola Rosenblum era originaria de la localidad y Hersz (Zvi) Abraham Kantorowicz llegó al gueto procedente de Łódź.

Tras años en condiciones extremas en el gueto y la pérdida de familiares, ambos fueron enviados a distintos campos de trabajo, donde lograron verse en secreto durante varios meses.

“Mi madre decía que, incluso en esos lugares, había mucho amor”, recuerda Shalem. “Solían pasear junto al río; había romance”.

Amigos de su madre facilitaron encuentros clandestinos entre la pareja, que llegó a casarse en una ceremonia informal dentro del gueto.

En 1944 se separaron; Hersz falleció en una de las marchas de la muerte pocos días antes del fin de la guerra. Lola pasó por Auschwitz y por el campo de trabajo de Hindenburg, y completó la marcha de la muerte hasta Bergen-Belsen estando embarazada.

Shalem relata que su madre ocultó el embarazo incluso a sus compañeras porque sabía que, de descubrirse, la matarían o la apartarían. No quería llamar la atención ni recibir un trato que la distinguiera del resto.

Sima Velkovich, archivista de Yad Vashem que investigó esta historia, califica de inimaginable que un bebé naciera en esas condiciones: en marzo la situación era abrumadora, con montañas de cadáveres y miles de personas enfermas y casi sin alimento.

Aún hoy Shalem no comprende cómo su madre logró sobrevivir y dar a luz a una niña sana. Madre e hija permanecieron un mes en Bergen-Belsen hasta la liberación británica y, después, pasaron dos años en un campo de desplazados.

Más tarde emigraron a Israel, donde ya vivían los abuelos paternos. La madre de Shalem mantuvo la esperanza durante años de que el padre hubiera sobrevivido; nunca volvió a casarse ni tuvo más hijos.

El hijo de todos

En los meses inmediatamente posteriores a la guerra, Ilana fue objeto de gran cuidado y atención en el campo de refugiados, siendo una de las pocas niñas y un símbolo de vida entre tanta muerte.

“Era como el hijo de todos; para ellos representaba una señal de vida”, explica Shalem. Muchas mujeres cuidaron de ella con entusiasmo.

Las fotografías de entonces muestran a una Ilana sonriente entre adultos. Los amigos de su madre la llamaban “una nueva semilla” y la veían como un rayo de esperanza.

No se tiene conocimiento de otros niños nacidos en Bergen-Belsen que hayan sobrevivido en el propio campo de concentración. Yad Vashem ha documentado más de 2.000 bebés nacidos en el campo de refugiados de Bergen-Belsen tras la liberación, entre 1945 y 1950. El museo de Bergen-Belsen conservó documentación del nacimiento de Ilana, incluida la hora de su llegada al mundo, que ahora forma parte del archivo de Yad Vashem.

Un tema del que pocos hablaron

Shalem estudió trabajo social y empezó a hacer preguntas a su madre cuando estaba en la universidad en la década de 1960, en una época en que hablar sobre las vivencias de los sobrevivientes aún era un tabú en la sociedad israelí.

“Hoy sabemos que para procesar el trauma es necesario hablar de él”, dice Shalem. Sin embargo, en aquel entonces muchas personas preferían el silencio.

Tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, algunos sobrevivientes de ese asalto comenzaron a relatar públicamente sus experiencias; el patrón fue distinto respecto a la actitud tras el Holocausto, cuando muchos querían olvidar lo ocurrido.

La madre de Ilana a menudo se topó con incredulidad cuando contaba que había dado a luz en un campo de concentración, así que terminó hablando poco de ello fuera de su círculo de conocidos; ocasionalmente sí lo compartía con otros sobrevivientes, pero rara vez con extraños, según recuerda Shalem.

Quedan menos de 200.000 supervivientes del Holocausto

Shalem no había hecho pública la historia de su madre, quien murió en 1991 a los 71 años. El año pasado realizó un curso de genealogía en Yad Vashem y tomó conciencia de cuántos sobrevivientes quedan aún en vida para transmitir sus testimonios.

La Conferencia sobre Reclamaciones Materiales Judías contra Alemania (Claims Conference), con sede en Nueva York, estima que hay alrededor de 196.600 sobrevivientes del Holocausto vivos, la mitad de ellos residentes en Israel. Casi 25.000 sobrevivientes murieron el año pasado.

La edad media de los sobrevivientes es de 87 años, lo que indica que la mayoría eran niños muy pequeños durante la guerra; Shalem figura entre los supervivientes más jóvenes.

Shalem, madre de dos hijas, recuerda haber compartido con su madre los embarazos y haber admirado la fortaleza necesaria para haber resistido lo que aquella mujer padeció.

“Fue una situación excepcional; se necesitó una fuerza especial para superarlo”, afirma Shalem. Añade que su madre deseaba que el padre la conociera y, si hubiesen sabido que él había sido asesinado, quizá no habría hecho el mismo esfuerzo.

(AP)

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