22 de febrero de 2026
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Papa León XIV pide alto el fuego inmediato en Ucrania

El papa León XIV pidió este domingo, tras el rezo del ángelus en la plaza de San Pedro, el cese de las armas, un alto el fuego inmediato y un reforzamiento del diálogo para alcanzar la paz en Ucrania.

Recordó las numerosas víctimas, las familias destrozadas, la destrucción y el sufrimiento causado por la guerra, y subrayó que cada conflicto deja huellas que afectan a generaciones. Señaló que en pocos días se cumplirán cuatro años desde la invasión rusa.

Comentó que esa urgencia debe traducirse en actitudes y en decisiones responsables por parte de todos.

Por ello renovó con fuerza su llamado a que callen las armas, cesen los bombardeos, se alcance sin demora un alto el fuego y se intensifique el diálogo para abrir el camino a la paz.

Asimismo invitó a unirse en la oración por el pueblo ucraniano y por todos los que sufren a causa de este y otros conflictos, para que pueda llegar pronto el don de la paz.

En los últimos meses el papa ha reiterado su rechazo a la violencia vinculada al conflicto en Europa del Este y ha abogado por soluciones pacíficas que eviten un empeoramiento de la crisis humanitaria.

Remarcó la necesidad de acciones urgentes que detengan la escalada de hostilidades y reduzcan el impacto sobre la población civil, recordando la responsabilidad de la comunidad internacional en promover iniciativas de diálogo.

A casi cuatro años del inicio de la invasión, subrayó que los esfuerzos diplomáticos no deben decaer y que hay que buscar nuevos caminos para frenar la violencia y aliviar el sufrimiento de los inocentes.

Sus palabras llegaron en un contexto de prolongación del conflicto y de fragmentación familiar: según EFE, la ocupación rusa abarcaría cerca del 20 % del territorio ucraniano, separando a miles de personas que afrontan riesgos diarios para mantener el mínimo contacto.

Anna, médica ucraniana refugiada en Leópolis, contó a EFE que lleva más de cuatro años sin ver a sus padres, que siguen en una zona ocupada del sur. Dijo temer no reconocerlos cuando se reencuentren y no poder presentarles a sus hijos.

Explicó que el clima de hostilidad obliga a limitar las llamadas a temas superficiales, como la salud o el tiempo, porque deben comunicarse en ruso y evitar asuntos sensibles para no poner en peligro a sus familiares.

Evacuar a sus padres parece remoto: su padre tendría que sortear numerosos controles rusos, donde hay denuncias de detenciones o de que hombres son obligados a incorporarse a tareas militares. Mantener la casa no garantiza seguridad y huir puede implicar perder la propiedad y afrontar dificultades económicas en Leópolis.

Incluso con un alto el fuego, Anna teme que su trabajo en zonas controladas por el gobierno ucraniano la convierta en sospechosa ante las autoridades rusas, lo que haría demasiado arriesgado un regreso: “Rusia no respeta las leyes”, afirmó.

Alevtina Shvetsova, periodista desplazada de Mariúpol, señaló que la situación de Anna es común a miles de personas: muchas se quedaron para cuidar a familiares dependientes o para evitar la confiscación de sus viviendas. Viajar a zonas ocupadas, a menudo pasando por terceros países, implica interrogatorios largos y riesgo de detención o rechazo.

Tetiana, estudiante de 19 años que huyó de la costa del mar de Azov, describió la vigilancia constante en las zonas ocupadas: su abuelo usa dos teléfonos —uno básico para lo público y otro para la familia— para reducir riesgos. “Están bajo vigilancia permanente”, dijo.

La presión sobre los residentes incluye la imposición forzada de pasaportes rusos bajo la amenaza de perder propiedades. Tetiana pidió a su abuelo que no mostrara abiertamente su deseo de volver bajo control ucraniano; más de la mitad de la población original ha abandonado la zona y llegan forasteros enviados desde Rusia.

Las negociaciones de paz generan escepticismo entre los desplazados internos, que superan los 3,7 millones: a muchos no les resulta aceptable que Rusia conserve territorios ocupados sin rendir cuentas, y reclaman la posibilidad de volver o al menos visitarlos y sentirse acogidos allí.

El mensaje del papa coincide con debates internacionales sobre vías para la pacificación y la reconstrucción. Reiteró que el diálogo y el alto el fuego son los caminos para restaurar la esperanza; las experiencias de Anna, Alevtina y Tetiana ilustran el impacto humano del conflicto y la urgencia de una solución.

(con información de EFE y EP)

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