El domingo 1° de marzo a las 21, el presidente Javier Milei volverá a dirigirse al Congreso —los 257 diputados, los 72 senadores y la vicepresidenta Victoria Villarruel— para inaugurar el período ordinario de sesiones. Será su tercera apertura; la puesta en escena (cadena nacional y recinto lleno) es conocida, pero el contexto político es distinto al de ocasiones anteriores.
Si no surge un imprevisto, Milei llegará tras haber conseguido en las sesiones extraordinarias la aprobación del Presupuesto —algo que no se lograba en dos ejercicios fiscales— y, en los días previos, el avance hacia la baja de la edad de imputabilidad y la reforma laboral. Son reformas que durante años fueron rechazadas por el peronismo y que ahora se encaminan bajo un gobierno no peronista.
Ese resultado explica el ánimo en la Casa Rosada: si todo sigue su curso, el Presidente llegará en una posición fortalecida. Pero no es solo una cuestión de entusiasmo; refleja un cambio en la correlación de fuerzas parlamentarias.
La nueva configuración se sostiene en un núcleo propio de 95 diputados y 21 senadores, y en un anillo de aliados que en votaciones decisivas acompañó al oficialismo. Gobernadores provinciales como Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Hugo Passalacqua (Misiones), junto con bloques del PRO y sectores de la UCR, jugaron papeles relevantes en la aprobación de iniciativas oficiales.
Aunque Milei aún necesitaría 34 diputados y 16 senadores para contar con mayoría absoluta propia, el peronismo tradicional —especialmente el sector identificado con el kirchnerismo— dejó de tener capacidad de veto efectivo. La aritmética continúa siendo exigente, pero la correlación política cambió.
El Congreso frente al que hablará Milei no es igual al de hace un año. En La Libertad Avanza hay mayor disciplina interna tras un proceso de depuración de disidencias; el espacio consolidó conducción y procedimientos. El oficialismo gobierna las lealtades sin recurrir a incentivos económicos extensos: opera con recursos limitados, priorizando agenda y presión parlamentaria más que recompensas materiales.
Por su parte, el peronismo muestra síntomas de descomposición y falta de coordinación. En el Senado el bloque se redujo a 28 miembros y podría bajar a 25 ante rupturas inminentes en Convicción Federal; la jujeña Carolina Moisés y otros senadores en tensión son ejemplos de esa fragmentación. La frase del presidente del bloque, José Mayans —“Acá hacen lo que se les canta las pelotas”— reflejó la frustración interna y la pérdida de control.
En Diputados, las escenas de confrontación se hicieron evidentes durante la discusión de la reforma laboral: episodios como la desconexión de cables por parte de Florencia Carignano o la aparición de cadenas en el estrado por parte de Horacio Pietragalla marcaron una sesión tensa; la conducción del debate resistió esos intentos de desestabilización.
Esa experiencia alimenta la inquietud en el Ejecutivo y en el Congreso ante la apertura del domingo: hay expectativa por posibles acciones opositoras para dificultar el acto. Un operador oficialista expresó su desconfianza sobre la actitud kirchnerista durante la sesión de inauguración.
Sin embargo, las capacidades de movilización opositoras parecen limitadas por ahora. El paro general reciente no desencadenó una continuidad de protestas sostenidas y desde el Gobierno creen improbable una réplica de igual magnitud en el corto plazo; tampoco anticipan una nueva paralización del transporte como la impulsada por la UTA días atrás. En ese marco, sectores opositores podrían recurrir a la judicialización para intentar frenar la aplicación de medidas, además de las acciones políticas y mediáticas.
Según fuentes consultadas por este medio, el Presidente prepara un discurso con varias propuestas de reformas: pidió iniciativas a cada ministerio y a la Jefatura de Gabinete, insumos que formarán parte de su relato. Milei no apunta solo al Parlamento; busca hablarle a la sociedad y plantear la “batalla cultural” como eje de su gestión. La promesa de hacer de este período “el Congreso más reformista de la historia” sigue siendo un objetivo explícito del oficialismo.
El peronismo y FATE como síndrome
Mientras La Libertad Avanza se consolida como el nuevo centro de gravedad político, el peronismo corre el riesgo de transformarse en una federación de fuerzas provinciales sin una conducción nacional unificada que acuerde estrategias y posiciones comunes.
El cierre de la fábrica de neumáticos FATE se convirtió en un ejemplo sintomático del modelo económico que impulsa el Gobierno. Milei ya había advertido que las reformas profundas cambiarían la competitividad y provocarían procesos de ajuste en sectores que no logren adaptarse; lo planteó en septiembre de 2024 en el Día de la Industria, al señalar que algunos grupos podrían quedar en el camino tras la apertura y la eliminación de subsidios y protecciones.
Esa idea fue formulada no como metáfora sino como línea de política: la “destrucción creativa” implica costos, reconversión y desplazamientos empresariales y laborales.
En este contexto, la pregunta que recorre el Congreso es si el peronismo está transitando una versión propia de ese proceso: sin revertir la dinámica, exhibe desgaste estructural, minoría inédita en el Senado, episodios de desorden en Diputados y dificultad para frenar reformas que antes consideraba intocables.
El domingo, cuando Milei hable ante la Asamblea, no solo inaugurará formalmente el período legislativo: podrá mostrar un fortalecimiento político que excede el conteo de bancas, en la medida en que logre imponer agenda, ritmo y marco interpretativo sobre la acción pública. La consolidación de esa hegemonía se verá tanto en la retórica como en la capacidad práctica de avanzar con su proyecto.

