La llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford a la isla de Creta simboliza un aumento significativo de la presencia militar estadounidense en el Mediterráneo oriental en medio de crecientes tensiones con Irán. El despliegue —registrado en imágenes de Reuters— forma parte de la mayor concentración de fuerzas de Estados Unidos en la región desde 2003 y refuerza la capacidad de respuesta estadounidense ante incidentes en Oriente Medio.
El movimiento del portaaviones se integra en una movilización más amplia que incluye traslados aéreos y navales hacia el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mediterráneo. Desde mediados de enero se han registrado numerosos vuelos logísticos y de reabastecimiento —incluyendo C-17A, C-5M y aviones cisterna KC-135 y KC-46— para trasladar personal, equipos y suministros estratégicos a bases y puntos de apoyo en la región.
En el ámbito de inteligencia y guerra electrónica, Estados Unidos ha desplegado aeronaves y sistemas de vigilancia en bases de Grecia, Jordania, Arabia Saudita y el Reino Unido. Activos como el RC-135 SIGINT, aviones con capacidades BACN y sensores nucleares WC-135R complementan el monitoreo de comunicaciones, del espectro electromagnético y de posibles movimientos relacionados con armas no convencionales.
La presencia aérea de combate se ha reforzado en varias bases regionales: en Jordania se han concentrado unidades de F-15E, F-35 y EA-18G, mientras que F-16 y A-10 operan desde Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y otras localizaciones, ampliando la capacidad de respuesta ante distintos escenarios operativos.
En el plano naval, Estados Unidos opera varios grupos de combate y buques en el Mediterráneo, el Golfo Pérsico y el Mar Rojo. Entre ellos figuran los grupos del USS Abraham Lincoln y del USS Gerald R. Ford, acompañados por destructores y fragatas; asimismo, otros buques de la Armada y un submarino de la clase Ohio permanecen desplegados para ofrecer capacidades de ataque y disuasión a larga distancia.
Para defensa antimisiles, el Comando Central estadounidense ha movilizado baterías adicionales del sistema THAAD hacia la región y mantiene sistemas MIM-104 Patriot desplegados para proteger infraestructuras y fuerzas aliadas. Gran parte del transporte logístico aéreo se ha dedicado al traslado de estas baterías y equipos de defensa, según informes y seguimiento especializado.
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El refuerzo militar responde a la escalada con Irán vinculada a la disputa nuclear y a la represión de protestas internas registradas desde finales de 2025. Washington ha reiterado su compromiso con la seguridad de sus aliados y la protección de las rutas marítimas, y advierte sobre el riesgo de incidentes que pudieran intensificarse.
Las capacidades de inteligencia y de guerra electrónica desplegadas pretenden detectar y contrarrestar amenazas no convencionales y asegurar ventaja en el dominio electromagnético. La cooperación de países de la región ha facilitado el acceso a bases y corredores aéreos necesarios para la movilización de tropas y equipamiento.
En paralelo, Irán realizó pruebas de un misil naval de defensa aérea, identificado como Sayyad-3G, lanzado desde el buque Shahid Sayyad Shirazi en ejercicios en el estrecho de Ormuz. Según fuentes iraníes, el sistema tiene un alcance aproximado de 150 kilómetros y emplea lanzadores verticales para cobertura de 360 grados.
Las maniobras en Ormuz coincidieron con advertencias de la administración estadounidense sobre la posibilidad de ataques limitados contra objetivos iraníes si no prosperan las negociaciones nucleares. Según comunicaciones públicas, se manejaron plazos cortos para alcanzar acuerdos tras contactos indirectos mediadores por Omán.
En reuniones diplomáticas recientes, incluido un encuentro en Ginebra, ambas partes describieron avances en conversaciones sobre principios de un posible acuerdo, aunque persisten diferencias sobre líneas rojas y condiciones. Representantes iraníes anunciaron la próxima presentación de un borrador de acuerdo y advirtieron que responderían si se emplea la fuerza contra Teherán.

