El primer ministro eslovaco, Robert Fico, ordenó el lunes la suspensión del suministro de electricidad de emergencia a Ucrania en respuesta, según él, a la interrupción del tránsito de petróleo ruso por el oleoducto Druzhba. La medida, aplicada por la empresa estatal SEPS —Sistema Eslovaco de Transmisión de Electricidad—, marca un endurecimiento de la postura de Bratislava hacia Kiev durante la guerra y convierte la energía en un instrumento de presión diplomática dentro de la Unión Europea.
El flujo de crudo se interrumpió el 27 de enero tras ataques con drones que, según las autoridades ucranianas, dañaron el tramo del Druzhba que atraviesa su territorio hacia Europa Central. Eslovaquia y Hungría rechazaron esa versión. Fico aseguró que los servicios de inteligencia eslovacos confirman que el oleoducto “está en condiciones operativas” y acusó a Kiev de emplear el corte del suministro como una forma de chantaje político por la posición divergente de Bratislava respecto al conflicto.
Después de que Kiev no respondiera dentro del plazo fijado por el primer ministro, Fico ordenó al SEPS cesar los envíos de electricidad de emergencia, destinados a sostener la red ucraniana cuando necesita apoyo externo. La medida tiene un impacto significativo: en 2025, Eslovaquia aportó el 21% de la electricidad importada por Ucrania, según datos de EFE, y solo en enero de 2026 los envíos de emergencia fueron el doble que en todo 2025, en un contexto de bombardeos rusos sostenidos contra la infraestructura energética ucraniana.
Fico declaró en un comunicado: “Dado que Zelensky declinó tratar el asunto conmigo hasta después del miércoles, nos vemos forzados a adoptar de inmediato esta primera medida recíproca. Se levantará en cuanto se reanude el tránsito de petróleo hacia Eslovaquia”. También advirtió que podría tomar medidas adicionales si no se restablece el flujo de crudo, incluida la retirada del apoyo eslovaco a la candidatura de Ucrania para entrar en la Unión Europea.
El canciller ucraniano, Andrii Sybiha, instó a ambos países a “mantener una cooperación constructiva y un comportamiento responsable”, sin entrar a valorar directamente las acusaciones de Bratislava. La oposición en Eslovaquia criticó la decisión de Fico. Desde Hungría, el primer ministro Viktor Orbán apoyó a su aliado y amenazó igualmente con cortar los suministros eléctricos húngaros a Ucrania.
El conflicto refleja una fractura en la UE sobre cómo gestionar la dependencia energética de algunos Estados respecto a Rusia. Mientras la mayoría del bloque redujo notablemente sus compras de energía rusa tras la invasión de 2022, Hungría y Eslovaquia mantuvieron vínculos con Moscú amparados en exenciones comunitarias. Bratislava declaró el estado de emergencia energética tras la interrupción del Druzhba y llegó a liberar hasta 250.000 toneladas de sus reservas nacionales de petróleo. Su propuesta de usar el oleoducto Adria a través de Croacia como alternativa fue rechazada por Zagreb.
La controversia añade además una dimensión política: Fico, que volvió al poder en 2023, ha mantenido una postura contraria al apoyo militar a Ucrania y viajó a Moscú en enero de 2025, siendo el primer líder de la UE en reunirse con Putin desde el inicio de la invasión a gran escala. Su gobierno, junto a Hungría, bloqueó un préstamo europeo de 90.000 millones de euros destinado a Ucrania, alegando riesgos para la seguridad energética de ambos países. Para Ucrania, ya afectada por apagones diarios debido a los bombardeos sobre su red eléctrica, la pérdida del respaldo eslovaco agrava una situación crítica. Para la UE, la escalada pone a prueba la cohesión interna mientras el bloque intenta mantener una posición unificada frente a Moscú: el uso de la energía como arma de presión, hasta ahora asociado sobre todo con Rusia, comienza a reproducirse en el seno de la propia Unión.

