Con motivo del Día Internacional del Juego Responsable, celebrado el 17 de febrero, es oportuno reflexionar cuándo las apuestas dejan de ser una actividad lúdica. Para algunas personas, lo que empieza como una distracción en pantalla se convierte en un naufragio impulsado por algoritmos orientados a mantener la pérdida.
En medio de esa niebla surge una pregunta clave: ¿cómo identificar el punto en que el juego deja de ser un alivio para convertirse en una conducta dañina y fuera de control?
Las fases del desamarre: un viaje a la deriva
La adicción al juego en entornos digitales suele avanzar con rapidez. Mientras que en el juego presencial la enfermedad podía desarrollarse en cinco a siete años, en el entorno del smartphone ese proceso puede suceder en cuestión de meses o alrededor de un año.
El proceso suele comenzar con una Fase Dorada, en la que la creencia de ser “el elegido” dispara la emoción y la expectativa ante cada resultado.
Luego llega la Fase de Frustración: se empieza a apostar por necesidad y se instala la creencia de que “el que juega por necesidad, pierde por obligación”.
Finalmente aparece la Fase de Desesperación y Crisis, cuando la persona apuesta ya no para ganar sino para recuperar lo perdido. Se instala un patrón compulsivo que puede provocar la ruptura de los vínculos sociales más íntimos y la aparición de una vida paralela centrada en la apuesta.
El pharmakos: entre el alivio y el veneno
Desde la clínica se describe la apuesta compulsiva como un pharmakos: algo que funciona simultáneamente como remedio y veneno. Para muchas personas, apostar actúa como anestesia frente a duelos no resueltos o a la frustración de proyectos truncos.
El juego permite buscar un adormecimiento de las emociones, una reducción de la tensión interna que alivia momentáneamente la angustia —lo que se ha asociado al Principio del Nirvana, el deseo de vaciarse para no pensar—. En ese vaciado, el dinero se percibe como un número digital que no duele al gastarlo, aunque su ausencia termine generando asfixia cuando la cuenta queda en cero.
Cuando las apuestas se realizan en plataformas ilegales, el deterioro se agrava. Esos espacios carecen de límites, alertas y recursos de ayuda; facilitan además el acceso de menores. El jugador queda solo frente a un sistema diseñado para perpetuar la apuesta sin controles externos que detengan el exceso.
A diferencia de otras adicciones, la ludopatía suele no dejar señales físicas evidentes; es una patología del silencio. Debemos atender indicios sutiles: ocultamiento del teléfono, irritabilidad al interrumpir el uso, y un empobrecimiento en la comunicación.
La persona que apuesta puede empezar a mentir sobre deudas o tiempos de uso hasta que se erosionan los lazos sociales. El riesgo mayor es llegar a un “vacío total”, cuando la decepción por no ser la excepción que el azar prometía lleva a fantasías de borrar el pasado de forma radical.
Guía de autoevaluación
La respuesta no está en un número sino en la capacidad de preguntarse con honestidad. Si sentís que el azar se impone en tu vida, contestá con sinceridad estas preguntas:
¿Tuviste que mentir o minimizar ante tu entorno el monto de lo apostado?
¿Sentís que el dinero te “quema” y que el saldo virtual no tiene valor, pero su ausencia te genera angustia intensa?
¿Tomás decisiones económicas impulsivas pensando que “el azar te debe una”?
¿Abandonaste hobbies o salidas porque nada iguala la adrenalina de apostar?
¿Experimentás picos emocionales que van de la euforia al malestar por tus resultados en el juego?
¿Creés que solo una gran jugada podría resolver tus deudas o tu historia?
¿El único momento en que te sentís en calma es cuando estás apostando?
¿Buscás ese estado de “mente en blanco” para no pensar en algún malestar o conflicto personal?
Una salida con otros
Si reconociste alguno de estos signos en vos, es probable que el juego haya dejado de ser una elección y se haya vuelto una compulsión que intenta cubrir un vacío. Actuar responsablemente implica pedir o aceptar ayuda, recuperar la palabra y prestar atención a las otras áreas de la vida que el algoritmo oculta. Reconocer la pérdida de control no es una derrota, sino el primer paso para recuperar estabilidad.
Si necesitás ayuda, podés comunicarte con: Jugadores Anónimos/Línea Vida, al 011-4412-6745 (disponible las 24 horas); la Red Integral de Asistencia a los Comportamientos Adictivos, al 0800-555-6743 (lunes a viernes, de 7 a 13); o la Línea Gratuita de Orientación al Jugador Problemático, al 0800-666-6006 (lunes a viernes, de 9 a 17).
Estas líneas ofrecen orientación y acompañamiento.

