El fenómeno Gran Hermano suele generar discusión en programas, medios, portales y redes sociales, por lo que cualquier panelista, aunque su especialidad sea policial o política, termina opinando cuando trabaja en un magazine, sobre todo si el ciclo comparte canal con el reality en horario central.
Ese fue el caso de Diego Brancatelli, quien este verano se incorporó a la mesa de A la Barbarossa en reemplazo de Nancy Pazos. Al abordar temas vinculados al programa, la conductora Georgina Barbarossa lo puso en una situación incómoda al preguntarle sobre su vida privada y si tenía alguna “permitida”, en el marco del debate por la participación de Andrea del Boca en la casa y los rumores sobre sus relaciones fuera del reality.
La consulta resultó comprometedora porque, el año anterior, Brancatelli estuvo involucrado en un escándalo después de la filtración de chats con Luciana Elbusto, con quien mantuvo una relación durante más de cinco años. Aunque su compañera Analía Franchín intentó desviar la conversación, Georgina insistió y Brancatelli respondió en tono de broma: “No, yo permitido no tengo ni ir a la esquina”, rechazando la idea de tener alguien en ese rol.
En suma, la aparición del tema en el programa puso al periodista a responder sobre aspectos íntimos ligados a su pasado, y su reacción fue una mezcla de humor y evasión frente a la insistencia de la conductora.


