La nueva normativa técnica de la Fórmula 1, que representó uno de los mayores cambios reglamentarios en la historia de la categoría y dio mayor peso a la propulsión eléctrica, debutó en el Gran Premio de Australia y no tuvo un inicio bien recibido. Tras la sesión de clasificación, varios pilotos manifestaron su descontento con los monoplazas de 2026 y la crítica se extendió por toda la parrilla.
Lando Norris resumió el malestar afirmando que se ha pasado de tener los mejores coches de la historia de la F1 a contar con monoplazas que, en su opinión, son peores y menos agradables de conducir. Señaló que el problema central radica en las nuevas unidades de potencia, con una división igualitaria entre motor de combustión y batería.
Según Norris, la división 50-50 entre las fuentes de energía no funciona bien y el nuevo modo de entrega de potencia genera múltiples inconvenientes operativos.
En cuanto a la conducción, explicó que ahora es necesario levantar el pie antes de las curvas para gestionar la carga de la batería y evitar problemas si ésta queda demasiado alta. Dijo que la sensación como piloto es incómoda, aunque reconoció que hay quienes pueden sacar ventaja de la situación.
Norris también tuvo un incidente en pista tras pisar un dispositivo de refrigeración que había quedado en el asfalto tras la salida del monoplaza de Andrea Kimi Antonelli. Indicó que no lo vio porque estaba concentrado en el volante.
Detalló que debe vigilar continuamente el volante para controlar la velocidad y decidir el punto de frenada adecuado, afirmando que esa necesidad de atención constante complica aún más la conducción.
Max Verstappen, crítico de la nueva normativa desde su gestación, protagonizó un accidente en la Q1 cuando la parte trasera de su coche se bloqueó en la recta. Tras la sesión declaró que no está disfrutando y que se siente emocionalmente vacío, lo que provocó interrogantes sobre su estado anímico dentro de la categoría.
Esteban Ocon admitió que hay mucha información y complejidad en el funcionamiento actual de los monoplazas, lo que supone un reto para asimilar cambios y adaptarse como pilotos.
Óscar Piastri también expresó preocupación y señaló que las pistas se dividirán entre aquellas con escasez energética y las que requieren mucha energía, con problemas asociados en ambos casos.
Lewis Hamilton amplió las críticas al reglamento y puso en cuestión la polémica en torno al rendimiento del motor de Mercedes, alertando de que si esa ventaja se mantiene varios meses la temporada quedaría comprometida. Añadió que, si la mayor potencia proviene de una solución que no debería permitirse, eso sería motivo de decepción y presión para buscar respuestas competitivas desde su equipo.
En contraste, George Russell, que logró la pole position con claridad, opinó que la nueva normativa para los coches supone un avance respecto a lo visto en los últimos ocho años, aunque reconoció opiniones enfrentadas en el paddock.
Andrea Stella, director en McLaren, señaló que Albert Park evidenció debilidades del nuevo reglamento: el elevado uso de potencia provoca un rápido agotamiento de la batería, por lo que cuidar el consumo es crucial.
Añadió que el desafío no es solo ingenieril, sino también de pilotaje, porque estas exigencias no forman parte de lo que los pilotos han experimentado durante gran parte de su carrera. Por eso, la normativa quedará expuesta a comentarios y consideró que se pueden introducir mejoras.
La primera carrera principal de la temporada 2026 se disputará en un clima de escepticismo respecto al nuevo reglamento. El Gran Premio de Australia se celebrará el domingo 8 de marzo a las 01:00 (hora argentina). Queda por ver si la normativa podrá mejorar el ambiente en las jornadas siguientes.

