Peter Navarro sostiene que una confrontación con Irán podría reducir los precios energéticos a nivel mundial. Según su tesis, la estrategia de la administración de Donald Trump contra el régimen iraní no busca solo enfrentar una amenaza de seguridad, sino también eliminar lo que él describe como un “impuesto oculto” que durante décadas ha encarecido el petróleo y frenado el crecimiento global. Navarro expuso esta posición en una columna publicada en The Wall Street Journal.
El exasesor define ese recargo como el “Iran Terror Premium”, una prima sobre el precio del crudo atribuida a una serie de sabotajes, amenazas y acciones terroristas relacionadas con Irán y sus aliados regionales. Señala que aproximadamente una cuarta parte del comercio mundial de petróleo por mar pasa por el Golfo Pérsico, un corredor en el que la percepción de riesgo tiende a presionar al alza los precios, incluso cuando no hay interrupciones físicas del suministro.
Navarro explica que los mercados aplican esta prima como si fuera un seguro frente a la posibilidad de ataques de grupos como Hezbolá, Hamas, los hutíes o milicias iraquíes contra rutas e instalaciones energéticas. Cita estimaciones de bancos y economistas energéticos que sitúan ese recargo habitual entre USD 5 y USD 15 por barril; en situaciones de crisis, según su interpretación, los precios pueden superar los USD 100 por barril.
La columna enfatiza tres puntos principales: el papel del riesgo geopolítico en la formación del precio del petróleo, el efecto económico global de ese sobrecosto y la idea de que su eliminación podría liberar importantes recursos para la economía mundial.
El “Iran Terror Premium” drena el crecimiento global cada año
Navarro advierte que el impacto de Irán en los flujos energéticos del Golfo no se limita a la probabilidad real de un conflicto puntual. Incluso en períodos de relativa calma, la amenaza persistente eleva el costo del crudo y, por ende, encarece el transporte, la manufactura, la agricultura y el comercio. “El mercado del petróleo actúa como el de los seguros: a mayor percepción de riesgo, mayor es la prima”, señala.
Con datos de la Reserva Federal de Dallas y del Fondo Monetario Internacional citados en su artículo, Navarro cuantifica el efecto: un aumento sostenido del 10% en el precio del crudo reduce entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales el crecimiento global el año siguiente. Aplicando ese modelo al recargo persistente de USD 5 a USD 15 por barril —equivalente, en su estimación, a un “shock petrolero” del 7% al 21%—, la consecuencia sería una pérdida anual de entre USD 100.000 millones y USD 450.000 millones para la economía mundial, con un impacto acumulado que podría alcanzar hasta USD 10 billones en 25 años.
Para Navarro, ese sobrecosto opera como un “parásito de la economía global”, drenando crecimiento de forma silenciosa y continua a través de aumentos en los costos que terminan pagando los consumidores en transporte, energía y bienes.
El conflicto es el único modo de eliminar el sobrecosto energético
El autor identifica la disuasión militar como la herramienta principal para corregir lo que describe como un desequilibrio. Argumenta que si se reduce el riesgo geopolítico asociado a Irán, el precio del petróleo retornaría a un nivel más cercano al equilibrio entre oferta y demanda.
Según su análisis de las señales de mercado, el precio “real” del crudo estaría, una vez eliminada la amenaza iraní, muy por debajo de los USD 60 por barril.
Navarro admite que un choque militar podría provocar aumentos transitorios de los precios, pero sostiene que, una vez que la inestabilidad se extinga, la prima por riesgo geopolítico desaparecería y los precios bajarían. Añade que esa caída beneficiaría no solo a la región: se reducirían los costos de producción en la economía global, desaparecería un freno persistente al crecimiento y aumentaría el poder adquisitivo de los hogares, según plantea en The Wall Street Journal.
En su perspectiva, confrontar el comportamiento desestabilizador de Irán sería, además de una medida de seguridad nacional, la vía para eliminar de forma duradera la prima energética que, a su juicio, ha afectado a la economía mundial durante una generación.



