En reuniones entre actores del mercado, clientes y asesores se observa coincidencia en las principales preocupaciones sociales: los bajos salarios (afectando a más de una cuarta parte de la población), la corrupción (otro cuarto) y, a menor escala, la desocupación y la pobreza (18% y 12% respectivamente). La inflación y la inseguridad ya no figuran entre las primeras inquietudes del público general. Sin embargo, el clima social se ha enrarecido y eso impacta negativamente en la imagen del Gobierno, ampliando la distancia entre aprobación y desaprobación a niveles máximos de la era Milei. Las encuestas muestran un aumento de la incertidumbre de cara a 2027, incluso entre votantes de La Libertad Avanza.
Un analista destacó que casi la mitad de las personas con deudas (más del 47%) no sabe si podrá pagarlas y un 39% cree que no podrá hacerlo. Entre quienes no llegan a fin de mes (alrededor del 45%), un 35% se endeuda para cubrir gastos, lo que implica que casi nueve de cada diez no pagarán o no saben si podrán hacerlo. En cuanto a expectativas para 2027, cerca del 45% espera estar peor, un 30% mejor, 12% igual y un 13% no sabe, un porcentaje que antes no superaba el 10%.
Para el mercado, las prioridades políticas son cómo será el escenario post-Mundial hacia 2027 y el desempeño de Trump en EE. UU. Hay preocupación por la economía real, lo que motivó un intento de aliviar tasas de interés; pero el manejo del equilibrio entre dólar y tasa dependerá de la inflación y de las encuestas. Además, el desarrollo de sectores “nuevos” como energía y minería avanza más lento que el deterioro de sectores tradicionales, lo que podría complicar las cuentas fiscales si la destrucción de lo viejo se acelera.
Flujos de capitales globales
El conflicto entre Irán y EE. UU. reconfiguró flujos globales: los inversores se reposicionaron ante el alza de los precios energéticos y su impacto inflacionario. Fondos de renta variable de EE. UU. vieron entradas modestas; los administrados desde Suiza y Japón se beneficiaron por su condición de refugio; en cambio, los flujos hacia fondos de renta fija cayeron a niveles mínimos recientes. Los fondos de mercados emergentes extendieron levemente entradas, pese a salidas puntuales en fondos diversificados y en mercados fronterizos.
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China e India sufrieron importantes salidas en renta variable, mientras que Japón y fondos globales registraron entradas; España, Reino Unido, Suecia, Noruega y Alemania mostraron salidas. Más allá del petróleo y el gas —que están ya empujando al alza combustibles, alimentos y calefacción— se espera una disrupción en cadenas de suministro que mantendrá precios elevados de petróleo, gas y fertilizantes al menos 2–3 meses, dado que la vuelta a ritmos normales de producción llevará tiempo. Los países del Medio Oriente están sufriendo impactos significativos en sus economías (estimados en torno al 15–20%) y utilizan fondos soberanos para amortiguar el golpe.
El rumbo del programa económico local
En una reunión de CEO y ex funcionarios se discutieron limitaciones del programa económico. El BCRA continúa comprando reservas con fuerza, acumulando casi 300 millones en una semana y más de 3.300 millones en lo que va del año, aunque el efecto sobre la masa monetaria y las reservas es limitado. Con una inflación mensual cercana al 3%, el dólar se aleja del techo de la banda indexada al IPC mientras se apuesta a aprovechar la estacionalidad de la cosecha y dólares esperados en el segundo semestre.
Hubo consenso en que el Gobierno perdió una ventana para emitir deuda internacional antes del conflicto en Irán, lo que habría permitido testear el mercado. Sobre la desinflación, se señaló que la inflación mayorista refleja más el comportamiento del tipo de cambio y de los transables; tras una aceleración en 2025, los precios mayoristas desaceleraron, aunque recientemente la relación entre precios al productor (IPP) y el agregado (IPIM) muestra una tendencia levemente bajista.
El análisis indicó que, una vez disipado el shock cambiario, los precios transables perdieron impulso mientras los no transables ajustan con mayor inercia. Esto genera una apreciación del tipo de cambio real multilateral porque los servicios y salarios (no transables) suben, encareciendo relativamente la economía. El resultado es una mejora del frente inflacionario a corto plazo pero mayor tensión sobre la competitividad y el balance externo en el mediano plazo.
Cambio de dinámica en el mercado
Un operador local advirtió que la dinámica del mercado de pesos cambió respecto a comienzos de 2026: las tasas de los instrumentos en pesos caen por debajo de la inflación realizada y esperada, resultando en tasas reales negativas no vistas desde la segunda mitad de 2024. Al mismo tiempo, el tipo de cambio se mantiene estable gracias a una oferta de divisas que el mercado está incorporando, lo que explica que el diferencial entre bonos CER y Dólar Linked sea negativo y que el mercado aún espere una apreciación real del tipo de cambio.
Con estas tasas y la estabilidad cambiaria, la pregunta es qué falta para que los bonos en moneda extranjera vuelvan a demandarse: muchos coinciden en que solo el regreso del “real money” reducirá el riesgo país. El oro, pese a su atractivo en escenarios de riesgo, decepciona: tras subir al inicio del conflicto, volvió a caer y se mantiene sensible a la dinámica de tasas, que la Fed no ha anunciado que vaya a disminuir. En congresos recientes se discutió además el interés por exportaciones de materias primas argentinas, la posibilidad de exportar petróleo, el acceso a mercados de capital, la “ventana perdida” para emitir eurobonos y las perspectivas de calificaciones para empresas y soberano.




