24 de marzo de 2026
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Perros redefinen la campaña en París

En una de las ciudades con mayor densidad de perros del mundo, la campaña por la alcaldía de París colocó a las mascotas en el centro de la agenda política, según reportó el diario británico The Guardian.

La convivencia entre perros y vecinos de la capital francesa se traduce en cifras concretas: hay más de 100.000 perros registrados en París, lo que equivale a una densidad aproximada de 2.857 canes por kilómetro cuadrado.

Ese volumen de animales condiciona el uso y la gestión del espacio público. De los 550 parques y zonas verdes de la ciudad, solo 165 aceptan perros con correa y apenas 43 son áreas cerradas donde los animales pueden moverse sin restricciones, lo que ha motivado quejas de los propietarios.

La asociación Paris Condition Canine, que reúne a varias organizaciones de dueños de perros, se ha convertido en la principal voz reclamando cambios en la normativa urbana. Su portavoz, Loïc Amiot, resumió la situación con esta observación: “Hoy las prohibiciones son la regla y los permisos la excepción”. El grupo demanda políticas que integren más a los animales en la vida urbana en lugar de excluirlos.

El voto canino y la lucha por la alcaldía

En un escenario electoral ajustado, los dueños de mascotas adquirieron mayor relevancia como grupo de votantes que puede inclinar la balanza. Analistas señalan que la competencia entre los principales candidatos es estrecha y que el apoyo de este sector puede ser determinante.

Los resultados de la primera vuelta evidenciaron esa paridad: Emmanuel Grégoire obtuvo el 38% de los votos; Rachida Dati, el 25,5%; y Sophia Chikirou, de la izquierda radical, el 11,7%. Pierre-Yves Bournazel (centrista, 11,3%) y Sarah Knafo (extrema derecha, 10,4%) se retiraron tras la primera ronda y orientaron a sus electores hacia los dos bloques principales.

En 2020 la diferencia que permitió a Anne Hidalgo conservar el cargo fue de apenas 57.000 votos frente a Rachida Dati. Todo indica que ahora la brecha podría ser aún menor, lo que pone a los dueños de mascotas en una posición estratégica.

Ante esto, las campañas comenzaron a incluir mensajes y propuestas dirigidas a quienes conviven con perros, incorporando en el debate temas como el acceso a espacios públicos, la regulación de la presencia de animales y servicios específicos para su cuidado.

El llamado al “voto canino” refleja tanto cálculos electorales como la necesidad de adaptar políticas públicas a una ciudad en transformación: los candidatos reconocen que el bienestar animal y la convivencia urbana son demandas crecientes que requieren medidas visibles y rápidas.

Propuestas y estrategias de los candidatos

La contienda electoral se caracterizó por la inclusión de propuestas relacionadas con la vida de las mascotas. Emmanuel Grégoire, por ejemplo, se presentó como un impulsor de medidas favorables a los propietarios de perros.

Entre sus promesas figuraron habilitar más espacios públicos para animales, ofrecer subsidios para atención veterinaria y permitir el acceso de perros a todo el transporte público. Además, abrió una cuenta en redes sociales dedicada a contenidos sobre mascotas y su relación con la ciudad, con el objetivo de conectar directamente con ese electorado.

Rachida Dati, candidata conservadora y actual alcaldesa del distrito 7, optó por combinar la ampliación de espacios para perros con iniciativas de integración social, como eventos informales para dueños (“doggy drinks”) y la promoción de zonas compartidas entre propietarios y no propietarios de mascotas.

Su campaña en redes mostró imágenes con perros y mensajes sobre el supuesto escaso reconocimiento que reciben los animales en la ciudad; propuso ampliar el acceso de perros a parques y áreas verdes, tanto con correa como en espacios específicos.

Otros candidatos también presentaron propuestas relacionadas con las mascotas, aunque con menor protagonismo. Las alianzas y retiradas tras la primera vuelta mostraron cómo el tema del bienestar animal adquirió peso en la estrategia electoral de varios aspirantes.

Políticas históricas y percepción ciudadana

La presencia de animales en la vida pública francesa tiene raíces históricas: desde Charles de Gaulle hasta presidentes recientes, la mayoría de los mandatarios ha tenido al menos un perro en el Elíseo. La excepción notable fue Marine Le Pen, quien expresó su preferencia por los gatos y llegó a obtener un diploma como criadora.

Hoy ese marco histórico cobra nuevo significado ante una mayor sensibilidad ciudadana sobre el bienestar animal. Según la encuestadora Ifop, el 58% de los votantes considera prioritaria la defensa de los derechos de los animales en la ciudad.

El debate público abarca propuestas concretas como ampliar parques, permitir el acceso de perros al transporte público, crear taxis adaptados para mascotas y subvencionar la atención veterinaria. Estas iniciativas buscan responder a una demanda social que sitúa la protección animal en el centro de la agenda urbana y electoral.

Sin embargo, algunos residentes dudan del impacto real de estas medidas en su vida cotidiana y de si influirán en su voto. Hélène Rix, propietaria de un perro que ha sido multada por entrar a parques, expresó su escepticismo: “Me han multado tres o cuatro veces en los parques. Pero esto es solo políticos buscando votos. ¿Voy a decidir mi voto por una política sobre perros, considerando todo lo demás? No lo creo”.

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