31 de marzo de 2026
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Por qué no salen de relaciones tóxicas: causas según expertos

Muchas personas quieren dejar relaciones tóxicas pero no lo logran debido a mecanismos psicológicos que las mantienen, como la indefensión aprendida. Este fenómeno limita la capacidad para actuar frente a situaciones adversas y condiciona decisiones importantes dentro de la pareja, perpetuando el malestar emocional.

La dificultad para salir de vínculos dañinos suele estar vinculada a la creencia de que ningún esfuerzo servirá tras intentos repetidos. La Asociación Americana de Psicología señala que este patrón reduce la motivación y fomenta el estancamiento emocional.

La indefensión aprendida aparece cuando la exposición continua a circunstancias negativas lleva a asumir que todo intento de cambio es inútil, aun cuando existan alternativas posibles. Esta actitud puede afectar tanto a las relaciones de pareja como a otros ámbitos donde la percepción de control es baja.

Un informe reciente de la Asociación Americana de Psicología asocia la indefensión aprendida con un aumento de la ansiedad y la depresión, además de limitar la capacidad para identificar soluciones viables a los conflictos.

A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que alrededor del 30% de las personas que permanecen en relaciones dañinas han intentado repetidamente salir de ellas sin éxito, lo que agrava la sensación de impotencia.

Cómo influye la indefensión aprendida en las relaciones tóxicas

La indefensión aprendida en la pareja se manifiesta cuando la persona deja de intentar cambiar la situación porque cree que nada funcionará. Al anticipar que cualquier esfuerzo será en vano, disminuye la iniciativa y se dificulta ver alternativas. Emociones como frustración, ansiedad y miedo se vuelven más frecuentes al sentirse incapaz de mejorar la situación.

Tras varios intentos fallidos por resolver problemas, tiende a imponerse la idea de que no vale la pena insistir. Esto conduce a evitar conversaciones importantes, a participar menos en las decisiones y, con el tiempo, a dejar de expresar necesidades o límites.

Un efecto relevante es el deterioro de la autoestima: muchas personas llegan a pensar que los problemas son culpa suya, lo que reduce la confianza en sus decisiones y aumenta la inseguridad. Según la Asociación Americana de Psicología, este círculo refuerza la creencia de que ningún esfuerzo servirá, manteniendo la relación en la misma dinámica tóxica.

Además, estudios publicados en Clinical Psychology Review señalan que factores culturales y sociales pueden agravar este fenómeno, dificultando aún más la posibilidad de romper el ciclo.

Estrategias para romper el ciclo, según organismos especializados

Superar la indefensión aprendida es posible, aunque habitualmente requiere un proceso deliberado y, en ocasiones, apoyo externo. Un primer paso es cuestionar la creencia de que todo está perdido y reconocer que el pasado no determina el futuro. Valorar pequeños avances, por mínimos que sean, ayuda a reducir la sensación de fracaso, según la Asociación Americana de Psicología.

Recuperar autonomía es fundamental: tomar decisiones, expresar opiniones y establecer límites son acciones que, según expertos, contribuyen a reconstruir la confianza en uno mismo. Estos cambios suelen producirse de forma gradual y permiten fortalecer la autoestima y la seguridad personal.

Analizar la relación ayuda a distinguir entre situaciones donde todo intento de cambio ha fracasado y otras en las que sí existe la posibilidad de modificar conductas si ambas partes están dispuestas. Diferenciar estos escenarios facilita decisiones más informadas y reparte la responsabilidad, en lugar de asumir toda la culpa personalmente.

Cuando la indefensión aprendida está muy arraigada, buscar apoyo psicológico resulta fundamental. La intervención profesional permite revisar creencias sobre el control personal y ofrece herramientas concretas para fortalecer la autonomía, recuperar la confianza y aumentar la capacidad de acción.

El impacto de la recuperación en la vida cotidiana

Recuperar la confianza para decidir transforma la forma de relacionarse y abre la puerta a vínculos más saludables. La reconstrucción de la autoestima y de la autonomía no solo mejora la relación de pareja, sino que también influye positivamente en la resolución de problemas, la gestión de límites y la capacidad para afrontar retos en otros ámbitos. Este proceso ayuda a que la persona se sienta más segura y con mayor control sobre su bienestar.

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