7 de abril de 2026
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El frío y los trastornos del sueño

En invierno muchas personas tienen más dificultades para dormir. Las noches largas, las bajas temperaturas y el uso constante de la calefacción afectan tanto la conciliación como la calidad del sueño. La menor luz natural y el ambiente seco provocado por la calefacción favorecen el insomnio y los despertares nocturnos durante esta estación.

El cuerpo necesita reducir la temperatura interna por la noche para dormir con facilidad; sin embargo, un dormitorio demasiado frío o el uso excesivo de mantas y calefactores pueden alterar ese ajuste fisiológico y dificultar quedarse dormido o mantener el sueño. Asimismo, la reducción de la exposición solar altera la producción hormonal relacionada con el ciclo sueño-vigilia, lo que contribuye a somnolencia diurna y problemas para dormir por la noche.

Los espacios cerrados con calefacción continua y ventanas poco ventiladas tienden a resecar las vías respiratorias, lo que puede interferir aún más con el descanso. No es raro que quienes consultan a especialistas reporten fatiga y falta de energía en los meses más fríos, un cuadro que diversas instituciones de salud han documentado.

Varios estudios señalan que la sensación de “dormir más” en invierno no siempre equivale a un descanso reparador: el tiempo en cama suele aumentar, pero el sueño se vuelve más superficial y fragmentado.

La menor luz y el descenso de la temperatura corporal nocturna tienen un impacto más marcado en personas mayores y en quienes padecen enfermedades respiratorias. Las alteraciones de los ritmos circadianos y hormonales agravan estos efectos, según especialistas consultados por medios y publicaciones científicas.

Factores que afectan el sueño en otoño/invierno

Para dormir bien es necesario que la temperatura corporal nocturna disminuya; así, un dormitorio demasiado frío o el uso inapropiado de ropa de cama y calefacción rompen ese equilibrio y dificultan tanto conciliar el sueño como mantenerlo. La menor luz solar propia de la temporada altera el ritmo circadiano y la regulación hormonal, con efectos negativos en el ciclo sueño-vigilia.

La Fundación del Sueño de Estados Unidos indica que la temperatura ideal para dormir está entre 15 y 19 °C (59–66 °F). Dormir fuera de ese rango se asocia con un sueño menos profundo y más fragmentado.

Además, la exposición limitada al sol y el hábito de mantener puertas y ventanas cerradas generan ambientes más secos y con peor ventilación, factores que empeoran los problemas de sueño. La reducción de la actividad física y los cambios en horarios laborales o escolares también contribuyen a alterar las rutinas de descanso.

Cambios hormonales y ritmos circadianos

La menor cantidad de luz solar en los meses fríos puede modificar los ritmos circadianos y afectar la síntesis de neurotransmisores como la serotonina, relacionados con el estado de ánimo. Estos cambios aumentan la probabilidad de trastornos del sueño y alteraciones del ánimo, incluida la llamada depresión estacional. Revisiones publicadas en Sleep Medicine Reviews señalan que la falta de luz y las temperaturas bajas prolongan el tiempo necesario para dormirse y elevan la frecuencia de despertares durante la noche, con especial impacto en personas mayores y en quienes tienen afecciones respiratorias.

El desajuste en las señales hormonales y en la regulación circadiana explica por qué muchas personas experimentan mayor fatiga y decaimiento en invierno. Los expertos indican que estas variaciones fisiológicas afectan tanto la cantidad como la profundidad del sueño y pueden repercutir en el rendimiento diurno.

Investigaciones recientes muestran que en invierno aumenta la prevalencia de insomnio transitorio, lo que reafirma el vínculo entre factores ambientales y la calidad del sueño. Mejorar la exposición a la luz natural y ajustar las condiciones del dormitorio suele reducir estos problemas.

Consejos prácticos para mejorar el sueño durante el invierno

Organizaciones médicas de referencia, como la Clínica Mayo, recomiendan ventilar el dormitorio a diario para combatir la sequedad causada por la calefacción, usar ropa de cama adecuada a la temperatura y aprovechar la luz natural siempre que sea posible, aun en días nublados. También aconsejan mantener horarios regulares de sueño y limitar el consumo de cafeína en la tarde y noche.

Medidas sencillas —respetar rutinas fijas, garantizar buena circulación del aire, adaptar la ropa de cama a la estación, mantener una alimentación equilibrada y cuidar la salud mental— pueden mejorar notablemente el descanso invernal. Mantener actividad física regular y planificar exposiciones diarias a la luz natural ayuda a regular los ritmos circadianos.

Si los problemas para dormir persisten, es importante consultar a un profesional de la salud para identificar causas concretas y definir tratamientos o medidas personalizadas que mejoren la calidad del sueño.

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