Carteles en los pasillos, videos en las redes de las facultades, reuniones a puertas cerradas y amenazas veladas de expulsión: con esos métodos, según una investigación de CNN publicada este mes, el Kremlin habría lanzado una campaña sistemática para reclutar a estudiantes universitarios en sus nuevas fuerzas de drones.
La iniciativa busca incorporar jóvenes a las Fuerzas de Sistemas No Tripulados, una unidad creada en noviembre de 2024 para operar vehículos aéreos no tripulados (UAV). Aunque se presenta como una oportunidad técnica avanzada, abogados y expertos consultados por CNN advierten que en la práctica se trata de contratos militares convencionales sin fecha de finalización.
Un anzuelo diseñado para la generación gamer
La comunicación oficial utiliza referencias de la cultura juvenil para atraer candidatos. En un video de la Universidad de Arquitectura e Ingeniería Civil de Kazán una voz en off contrasta las críticas a jugar videojuegos con la utilidad de esa experiencia; otro material de una universidad de Volgogrado compara visualmente a un gamer con un operador de drones y añade el lema “elige el skin correcto”.
Varios anuncios recopilados por CNN señalan que los jugadores de e-sports recibirían prioridad en la selección. La Escuela Superior de Economía de Moscú organizó en febrero un “Festival de Sistemas No Tripulados” con carteles de reclutamiento públicos, y la Universidad Estatal de San Petersburgo promueve estos contratos en su sitio web.
La oferta económica es clara: bonos federales y regionales de al menos 400.000 rublos cada uno —unos 5.000 dólares— y, en algunos casos, montos mucho mayores. San Petersburgo propone un pago único equivalente a 56.000 dólares y un salario anual cercano a los 70.000.
“Es una trampa”
Sin embargo, abogados militares y defensores de derechos dicen que el atractivo económico es lo único garantizado. Artem Klyga, abogado ruso radicado en Berlín, afirmó a CNN que “todo lo demás es mentira” y que estos acuerdos son contratos militares ordinarios sin condiciones especiales ni plazo definido.
Su advertencia se apoya en el decreto de movilización parcial firmado por Putin en septiembre de 2022, que no fue revocado. Ese decreto estipula que los contratos firmados durante el período de movilización permanecen vigentes hasta que el período concluya formalmente, lo que legalmente permite al Ministerio de Defensa ordenar destinos o funciones sin opción para el firmante.
Grigory Sverdlin, director de la organización antibelicista Idite Lesom, dijo que al firmar el contrato la persona queda sometida a las órdenes del Ministerio de Defensa y puede ser enviada a la unidad que éste necesite. Sergey Krivenko, de la ONG Citizen. Army. Law., añadió que es improbable que un estudiante convertido en soldado sea dado de baja automáticamente al cumplirse un año de servicio.
Deudas académicas como palanca de coerción
CNN también documentó ejemplos en los que la presión institucional deriva en coerción. Estudiantes con materias pendientes —las llamadas “deudas”— habrían sido convocados a reuniones en las que se les presentó el alistamiento como la única alternativa viable para evitar la expulsión.
Un estudiante relató que en una sesión la oficina de alumnos estuvo a punto de expulsar a casi un tercio del grupo y presionó para que firmaran contratos en el acto para mantener su plaza. Mensajes de un chat grupal revisados por CNN reflejan la alarma de los afectados y discusiones sobre la obligación de firmar ahora o ser enviados posteriormente al servicio donde se les podría hacer firmar.
Otros testimonios indican que los plazos para regularizar materias se han acortado en los últimos meses, aumentando la vulnerabilidad de algunos alumnos. También se describen “conversaciones personales” dirigidas a estudiantes de primer año con problemas de salud mental o adaptación, en las que se les planteaba el reclutamiento como solución a dificultades económicas o académicas, sin explicar claramente el propósito real de la cita.
“Nadie está considerando firmar un contrato”
La campaña universitaria se enmarca en un contexto más amplio de dificultades para el Kremlin. Funcionarios occidentales estimaron en febrero que, durante varios meses, Ucrania infligió bajas a un ritmo superior al de la incorporación de nuevos soldados rusos. A fines de marzo, el presidente ucraniano Volodímir Zelensky afirmó que Rusia había perdido 89.000 efectivos entre muertos y heridos graves en lo que va de 2026, mientras reclutaba aproximadamente 80.000 en el mismo período.
Kateryna Stepanenko, analista del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), interpretó la presión sobre universitarios como un indicio de que el Kremlin busca ampliar sus mecanismos de reclutamiento y recurrir a tácticas cada vez más coercitivas.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, describió la iniciativa como “una oferta completamente abierta para una nueva rama de las Fuerzas Armadas.”
Pese a ello, muchos estudiantes parecen reacios. Uno dijo a CNN por Telegram que entre sus compañeros nadie está considerando firmar un contrato, ni siquiera quienes enfrentan apuros económicos; otro expresó sorpresa y dolor por ver a su universidad convertida en un lugar desde el que hay que proteger a los amigos.



