19 de abril de 2026
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Trabajo remoto vs presencial: impacto en productividad y eficiencia

Durante décadas la oficina fue el núcleo del trabajo profesional. La pandemia alteró ese esquema y abrió un experimento global que puso en discusión la relación entre presencialidad, productividad y bienestar. Hoy, con muchas empresas promoviendo un regreso más intenso a la oficina, el debate vuelve a tomar fuerza.

Un informe de la Comunidad de Mujeres en Negocios de la Universidad de San Andrés señala que el trabajo remoto mejora claramente el bienestar general (promedio 4,29 sobre 5) y que la presencialidad se asocia con mayor cansancio semanal (4,39 sobre 5). Las modalidades híbridas, en tanto, muestran mejores hábitos saludables y niveles de burnout inferiores a los del esquema 100% presencial.

La investigación, basada en una encuesta a 177 profesionales y entrevistas a ejecutivos, sostiene que la cuestión no es elegir tajantemente entre remoto o presencial, sino repensar cómo se organiza el trabajo en entornos intensivos en conocimiento.

La oficina pierde centralidad, pero no desaparece

El estudio cuestiona la creencia extendida de que la productividad depende de la presencia física. En la muestra, la afirmación “soy más productivo/a en remoto” obtuvo 3,92 puntos, frente a 2,31 para la modalidad presencial.

Eso no significa que todas las tareas rindan más fuera de la oficina: las actividades que requieren concentración profunda suelen realizarse mejor en remoto, mientras que procesos como onboarding, negociación, mentoring o generación creativa mantienen un valor importante en la presencialidad.

Por eso, la oficina deja de ser el lugar predeterminado para todo y se convierte en un recurso estratégico reservado para instancias específicas de interacción y colaboración.

El impacto invisible: desigualdad y tareas de cuidado

Más allá de la eficiencia, el informe muestra efectos de la presencialidad sobre la desigualdad. Casi la mitad de las personas encuestadas percibe que la modalidad de trabajo impacta de manera distinta según el género, y la mayoría considera que la presencialidad tiende a amplificar desigualdades vinculadas a tareas de cuidado.

En ese contexto, la flexibilidad aparece como un factor clave, especialmente para mujeres y personas con responsabilidades familiares. No solo mejora el bienestar, sino que también facilita sostener la participación laboral sin sacrificar otras dimensiones de la vida cotidiana.

No obstante, el estudio advierte que, aun cuando existen políticas formales de flexibilidad, no todas las personas se sienten igualmente autorizadas a utilizarlas, lo que introduce nuevas formas de desigualdad dentro de las organizaciones.

El verdadero problema: liderazgo y diseño del trabajo

El informe subraya que muchas empresas usan la exigencia de presencialidad como respuesta a problemas de gestión. La falta de objetivos claros, de mecanismos de coordinación o de confianza organizacional suele traducirse en mayores demandas de presencia física como forma de control.

En este marco, el trabajo híbrido no es una solución automática sino un desafío de diseño: la productividad depende más de la claridad en las tareas, la autonomía y la organización del trabajo que del lugar físico donde se realiza.

Una discusión que excede la oficina

La principal conclusión del relevamiento es que no existe una solución única. El futuro del trabajo no será completamente remoto ni totalmente presencial, sino una combinación que variará según el tipo de actividad, el perfil de las personas y la estrategia de cada organización.

Para las empresas, esto implica dejar de centrar el debate en cuántos días se trabaja desde la oficina y comenzar a definir cómo se diseña el trabajo en términos de eficiencia, costos y equidad.

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