17 de abril de 2026
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Irán atacó bases estadounidenses en Medio Oriente con un satélite chino

Irán utilizó un satélite de fabricación china para localizar y orientar ataques contra bases militares estadounidenses en Oriente Medio durante los enfrentamientos de marzo de 2025.

Documentos internos obtenidos por Financial Times indican que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) obtuvo acceso al sistema TEE-01B tras su lanzamiento desde China en 2024, lo que representó un avance significativo en la capacidad de vigilancia militar iraní.

La cooperación entre la fuerza aeroespacial del IRGC y empresas chinas quedó de manifiesto cuando, en septiembre de 2024, Irán firmó un acuerdo por RMB 250 millones (USD 36,6 millones) para adquirir el control del satélite.

El contrato, rubricado por un general del IRGC, incluyó el satélite, el lanzador, la infraestructura de datos y el acceso a estaciones terrestres gestionadas por Emposat, una empresa con sede en Pekín especializada en gestión y control satelital para clientes internacionales.

Un análisis de coordenadas con marcas temporales, imágenes satelitales y trayectorias orbitales mostró que mandos militares iraníes emplearon el TEE-01B para vigilar emplazamientos estratégicos de Estados Unidos antes y después de ataques con misiles y drones en la región.

Entre los objetivos monitorizados figura la base aérea Prince Sultan en Arabia Saudita: imágenes del 13, 14 y 15 de marzo documentan la operación. El 14 de marzo, el presidente estadounidense Donald Trump confirmó daños en aeronaves estadounidenses en ese complejo; cinco aviones cisterna resultaron afectados.

El satélite TEE-01B fue fabricado y lanzado por la compañía china Earth Eye Co, que ofrece un modelo de “entrega en órbita” mediante el cual la propiedad y el control se transfieren a países clientes una vez el satélite está en el espacio.

Con su adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta en 2021, Irán obtuvo acceso a un sistema con resolución de imagen de aproximadamente medio metro, un salto frente a los satélites locales Noor-2 y Noor-3, cuyas resoluciones eran de 12–15 metros y 5 metros, respectivamente.

Esos sistemas anteriores no permitían identificar aviones ni detectar con detalle la actividad militar.

La inclusión de estaciones terrestres de Emposat, cuya red abarca Asia y América Latina, permitió enviar comandos y recibir imágenes desde ubicaciones internacionales.

Nicole Grajewski, especialista del programa de estudios internacionales de Sciences Po, dijo al Financial Times que “este satélite se emplea inequívocamente con fines militares, ya que está bajo el control de la fuerza aeroespacial del IRGC y no del programa espacial civil iraní”.

Grajewski añadió que el sistema facilita identificar objetivos con antelación y verificar el impacto de los ataques.

Desde su adquisición, Irán orientó el TEE-01B para vigilar infraestructuras clave. Además de Prince Sultan, fueron observadas la base Muwaffaq Salti en Jordania, el aeropuerto de Erbil en Irak, el puerto de Manama en Bahréin, Camp Buehring y Ali Al Salem en Kuwait, Camp Lemonnier en Yibuti y el aeropuerto internacional de Duqm en Omán.

El seguimiento también abarcó infraestructuras civiles y estratégicas como la terminal de contenedores de Khor Fakkan, la planta de energía y desalación de Qidfa en Emiratos Árabes Unidos y la aluminera Alba en Bahréin, una de las mayores del mundo.

El uso militar iraní del TEE-01B ha generado preocupación regional por la convergencia de capacidades civiles y militares en el sector espacial comercial chino. China es, actualmente, el principal socio comercial de los países del Golfo y su mayor comprador de petróleo, lo que añade sensibilidad diplomática al caso.

El acuerdo implica un cambio en la seguridad de los activos espaciales iraníes. Jim Lamson, exanalista de la CIA y experto del James Martin Center for Nonproliferation Studies, señaló que externalizar el control y la gestión satelital complica considerablemente posibles ataques a estaciones terrestres.

“Las estaciones terrestres iraníes han sido atacadas antes —en 2025 y 2026— y resultan vulnerables a misiles de largo alcance. No ocurre lo mismo si el control se traslada a instalaciones chinas en el extranjero”.

Según Lamson, de este modo el IRGC impulsa una estrategia que combina inteligencia satelital, monitoreo humano y acceso a imágenes proporcionadas por Rusia.

“Para un planificador militar iraní, disponer de un satélite como este, y sumar imágenes rusas, constituye una herramienta poderosa”.

Israel informó de ataques a instalaciones espaciales iraníes, incluida la destrucción en marzo del principal centro de investigación de la Agencia Espacial Iraní, alegando que se utilizaba para desarrollar satélites militares, recopilar inteligencia y orientar ataques en Oriente Medio.

Emposat, responsable de la infraestructura terrestre del sistema, fue mencionada en un informe del Comité China de la Cámara de Representantes de Estados Unidos por sus supuestos vínculos con la Fuerza Aeroespacial del Ejército Popular de Liberación de China.

Su fundador, Richard Zhao, trabajó 15 años en la Academia de Tecnología Espacial de China, un organismo estatal, y varios directivos de Earth Eye proceden de universidades conocidas como “los siete hijos de la defensa nacional”, vinculadas históricamente al esfuerzo militar.

Aidan Powers-Riggs, analista del CSIS citado por Financial Times, señaló: “Emposat es una estrella ascendente del sector espacial comercial chino, pero sigue siendo un producto del aparato estatal y militar. Fue creada por veteranos del programa espacial nacional y financiada por fondos estatales de fusión civil-militar”.

El empleo de tecnología espacial china por parte de Irán subraya la difusa separación entre desarrollos civiles y militares en la órbita satelital.

Dennis Wilder, exjefe de análisis de China en la CIA, observó un patrón de cooperación armamentística entre China e Irán, y recordó transferencias de misiles Silkworm que en el pasado dificultaron el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.

Fuentes consultadas por Financial Times confirmaron que el gobierno estadounidense considera la posibilidad de que China suministre a Irán misiles portátiles antiaéreos, similares a los usados para derribar un caza estadounidense F-15.

La CIA y la Casa Blanca declinaron comentar las revelaciones. El portavoz del presidente Donald Trump recordó advertencias presidenciales recientes, subrayando que habría “graves problemas” si China suministrara sistemas antiaéreos a Irán.

Mientras tanto, la embajada china en Washington rechazó las acusaciones: “Nos oponemos firmemente a que partes interesadas difundan desinformación especulativa e insinuante contra China”.

El vocero Liu Pengyu enfatizó que China mantiene una postura objetiva y ha promovido el diálogo de paz, rechazando cualquier acción que aumente la tensión.

El mecanismo de adquisición y control satelital gestionado por el IRGC dota a Irán de una capacidad de vigilancia y orientación de ataques con impacto en el equilibrio militar regional. La implicación de actores chinos en estas operaciones representa una señal de alerta para Estados Unidos y sus aliados ante la posibilidad de una mayor integración técnica y estratégica entre Pekín y Teherán.

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