19 de abril de 2026
Buenos Aires, 23 C

El viaje de Arthaus según Andrés Buhar

Andrés Buhar explica que la elección del microcentro respondió a su condición de “lugar de plena actualidad”. La iniciativa de Harthaus Central surgió durante la pandemia: frente a la crisis global, decidió reutilizar un edificio existente y convertir una antigua sucursal bancaria en un centro cultural que ahora está en expansión. En la visita con Infobae Cultura, Buhar mostró el avance de las obras para montar un espacio exclusivo destinado a la próxima muestra de los Diarios de Guillermo Kuitca, que se inaugurará el martes 28 de abril. Se trata de una exhibición significativa dentro de la programación 2026; la serie se vio en la Fondation Cartier de París, en la Bienal de Venecia y en el MALBA, pero nunca había sido presentada completa como se hará aquí.

Seis años después del inicio de la pandemia, el proyecto continúa evolucionando. Buhar destaca la importancia de mantener la institución flexible, joven y adaptable, siempre en búsqueda de nuevas ideas.

La pregunta, en 2022 y ahora en 2026, sigue siendo la misma.

—¿Por qué un empresario exitoso en otros rubros decide invertir en cultura?

—Es una decisión multicausal. Además de empresario, tengo una vocación musical y quiero participar desde ese lugar. Me gusta coleccionar, pero no me considero únicamente coleccionista: me interesa formar parte del proceso y acompañar los proyectos.

—¿Un proyecto así también es pensado como una inversión más?

—No lo concibo principalmente como un negocio. Aunque en nuestra sociedad todo se mide con criterios económicos, para mí no es la cuestión central. Borges mencionaba que es bueno tener dinero para no tener que pensar en él; esa distancia permite invertir en cultura sin reducirla a su valor comercial.

La perspectiva de Buhar no es nueva. Al inaugurar el espacio en abril de 2022 ya planteaba que Arthaus Central debía ser un lugar de producción más que un museo convencional: un centro cultural moderno orientado a la generación, la investigación y el encuentro. Esa visión sigue guiando al espacio, donde la mezcla de disciplinas y públicos y la posibilidad de experimentar son principios fundacionales.

A pocas semanas de la apertura de la muestra de Kuitca, con la próxima gira nacional de la obra del colectivo Mondongo y proyectos en marcha —como un ciclo de rock en vivo que reunirá talentos emergentes y consagrados—, Buhar reafirma que el riesgo, la sorpresa y la colaboración son motores del crecimiento. Para él, lo esencial es asumir riesgos; el resultado puede ser positivo o no, pero el valor está en el proceso. Además de empresario y desarrollador inmobiliario, Buhar es pianista y compositor de música contemporánea, lo que condiciona su enfoque interdisciplinario.

—De aquella idea original, ¿cómo fue su evolución en estos años?

—Fue un proyecto colectivo desde el inicio. En mis imaginarios iniciales tenía una dimensión musical, pero pronto se transformó en una iniciativa colectiva que se nutre de distintas disciplinas y públicos. Esa mezcla es parte del ADN de Arthaus y se profundiza a medida que avanzamos.

—¿Por qué elegiste el microcentro como sede durante la pandemia, cuando muchas personas lo abandonaban?

—La pandemia fue el impulso decisivo para instalar Arthaus aquí: en vez de construir un nuevo espacio, aproveché un edificio existente. Para mí, el microcentro representaba un lugar de actualidad. Considero la pandemia como un cambio de época y pensé que el microcentro era el emplazamiento adecuado para un proyecto vivo y contemporáneo.

—¿Cómo caracterizas hoy el espíritu y el desarrollo de Arthaus?

—Siempre estoy pensando en lo siguiente; no me quedo solo en lo logrado. Valoro mantener la institución flexible y en constante búsqueda. Arthaus nació como un espacio interdisciplinario y de producción, no como un museo orientado a la conservación; fue planteado como un recorrido en movimiento.

—¿Qué lugar ocupa el riesgo en el proyecto?

—El riesgo y la sorpresa estuvieron presentes desde la concepción. Buscamos generar encuentros inesperados: que el público encuentre algo que no buscaba. Tomar riesgos es fundamental; incluso cuando algo sale mal, la apuesta es valiosa porque el aprendizaje forma parte del camino.

—¿Cómo es el trabajo colaborativo con los artistas? Han pasado propuestas relevantes como Gabriel Chaile, Piel de Lava, Mondongo y ahora Kuitca.

—Trabajamos en colaboración y muchas veces desconocemos el resultado final. Con Piel de Lava, por ejemplo, les propusimos venir al auditorio y hacer lo que quisieran; nos comentaron que nunca antes les habían dado esa libertad. Esa apertura es parte de nuestra apuesta institucional.

—¿Cuál fue la experiencia con las obras de Mondongo y su recorrido?

—Al preparar la muestra de los paisajes de Mondongo nos dimos cuenta de que gran parte de la obra había permanecido en depósito. Ellos rechazaron ofertas de venta, incluso propuestas internacionales, porque querían que la obra permaneciera en Argentina. Montamos una exposición adecuada para que las piezas pudieran verse como corresponde y no volvieran a quedarse guardadas. A partir del 24 de abril la obra inicia una gira federal por San Juan: la intención es que, siendo obras argentinas, las vean los argentinos. Invertimos el orden habitual al mostrar primero en el interior y luego en Buenos Aires; me gusta esa decisión. Queremos que los Diarios de Kuitca también recorran el país y seguir tejiendo redes;, una vez más, la atención está en el proceso.

[Fotos: Adrián Escandar; prensa Arthaus]

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