30 de abril de 2026
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Sus apropiadores lo compraron por 3.500 USD y ahora busca a su familia biológica

Es un miércoles lluvioso de abril en la terraza techada de un café del barrio porteño de Villa Pueyrredón. Hernán Majorani llega puntual y con una mochila. Antes de empezar la entrevista admite estar nervioso: es la primera vez que va a relatar su historia. Saca un libro, lo apoya sobre la mesa y muestra la portada: “¿Por qué me adoptaron?”. Abre el ejemplar y lee en voz alta un pasaje que plantea, con tono infantil, que las adopciones no ocurren como si los niños fueran mercancías.

Ese libro, un clásico infantil de la estadounidense Carole Livingston que se convirtió en best seller en Argentina tras la reapertura democrática en 1983, formó parte de su infancia. Durante décadas sostuvo la versión oficial sobre su origen, hasta que lo volvió a hojear recientemente.

La ilustración que acompaña el texto muestra a niños presentados casi como objetos: uno asoma desde un bolso, otro es llevado por una mujer con un cartel que dice “vendido”. Esa imagen contrasta con el mensaje del texto y, al recapitularlo ahora, Hernán la señala con incredulidad. “Cuando volví a verla, sentí que estaba en una película de Christopher Nolan, donde al final todo cobra otro sentido”, cuenta.

Una historia que fue variando

Hernán tiene 43 años y nació el 10 de diciembre de 1982, según la fecha que figura en sus documentos. Recuerda relatos de su madre sobre cómo llegó a la familia: “Me dijeron que cuando llegué podría haber tenido hasta un mes y que todavía tenía el cordón umbilical”, relata.

Desde pequeño supo que era adoptado, pero en su casa el tema no se profundizó. La versión sobre cómo ocurrió la adopción fue cambiando con el tiempo. Al principio le contaron una historia casi triunfal: sus “apropiadores” habían intentado durante años tener hijos y, cuando ocurrió, lo presentaron como un hallazgo providencial en una celebración familiar. Con los años esa narrativa mutó: primero le dijeron que sus padres biológicos habían muerto, luego que no podían mantenerlo y más tarde que lo habían buscado en una casa cuna. Ante la falta de una explicación clara, Hernán lo naturalizó y no indagó, convencido de tener una identidad construida.

Antes del quiebre

Todo cambió el 18 de agosto de 2022, cuando Hernán se convirtió en padre. Hasta entonces su vida había sido irregular: cursó varias carreras sin terminarlas y trabajó en oficios diversos —ayudante de cocina, fotógrafo, productor musical, encargado de edificio, peluquero canino y paseador—. En abril de 2012, la muerte de su madre fue un punto de inflexión: abandonó la carrera que estaba por terminar. Describe a su madre como una figura amorosa y no le resulta fácil llamarla “apropiadora”; conserva recuerdos cariñosos de la infancia protagonizados por ella.

La relación con su padre fue distinta y más distante. Tras la muerte de su madre, ese vínculo se fue diluyendo hasta casi desaparecer. Con amigos que define como su “verdadera familia”, Hernán siguió adelante sin cuestionar a fondo su origen hasta que la paternidad le planteó dudas nuevas.

“A mí me compraron”

Al convertirse en padre, empezaron a surgir preguntas que nunca se había hecho: ¿por qué sus padres biológicos lo habrían entregado? ¿En qué condiciones? Con casi 40 años, la historia aceptada dejó de ser suficiente. Una tarde, su apropiador le dijo que lo habían ido a buscar a un departamento en Belgrano y que habían dejado 3.500 dólares “para gastos de internación”. Esa frase lo hizo pensar y lo llevó a una conclusión brutal: “A mí me compraron”.

Al revisar su partida de nacimiento y buscar la dirección consignada, Hernán encontró en Facebook un grupo llamado “Hacia el origen” que advertía que quienes tenían en su partida el nombre de Rosa Petitto podían ser víctimas de una red de tráfico de bebés. Según las investigaciones colectivas, Petitto —partera y médica obstetra ya fallecida— habría atendido partos, firmado certificados apócrifos y entregado recién nacidos como hijos biológicos de otras familias durante las décadas de 1960, 1970 y 1980.

En ese momento, el libro de su infancia dejó de ser solo un cuento y pasó a representar una ironía dolorosa.

La búsqueda y lo que queda

Tras contactar al grupo, Hernán fue a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CoNaDi). Allí abrió un acta, fue derivado al Banco de Datos Genéticos y le extrajeron sangre. A finales del año pasado le informaron que no era hijo de desaparecidos, lo que descartó una posibilidad grave pero amplió las rutas de búsqueda sobre sus orígenes.

El resultado no cerró su historia y generó consecuencias prácticas: no puede completar la historia clínica familiar de su hijo ni conocer antecedentes médicos. Al mostrar fotos de su infancia —jugando, esquiando, con regalos y un castillo con su nombre— reflexiona: “La cantidad de lujos con los que me criaron pudo ser una forma de aplacar la culpa”.

También reinterpretó conductas de su madre en sus últimos años: episodios en los que la veía ansiosa, llorando y diciendo que alguien podía venir a buscarlo hoy los percibe más como expresiones de culpa que como un miedo a perderlo.

No ha vuelto a hablar con su apropiador y desea contar con patrocinio legal para obligarlo a revelar lo que sabe. Cree que lo que ocurrió fue un delito y quiere saber la verdad. Tiene un hijo, Milo, que se parece mucho a él, y eso refuerza su urgencia por encontrar a su familia biológica: siente que se le robó el derecho a la identidad a él, a Milo y a las generaciones futuras. Confiesa que la experiencia le provoca bronca, miedo y dolor.

*En Argentina, según el Banco Nacional de Datos Genéticos, hay alrededor de 14.000 personas que desconocen su origen biológico: fueron apropiadas o adoptadas y no forman parte del terrorismo de Estado —es decir, si nacieron entre 1976 y 1983 ya se comprobó que NO son hijos de desaparecidos. En la Provincia de Buenos Aires, la Dirección de Personas Desaparecidas del Ministerio de Seguridad coordina, a través del área de Búsqueda de Identidad de Origen liderada por Alejandro Incháurregui, procesos de acompañamiento para quienes buscan conocer su identidad.

*Más información llamando al 0800-333-5502 y al +549-221-4204188, o por mail: busquedadeorigen@mseg.gba.gov.ar

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