4 de mayo de 2026
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Ruggeri y Saccardi: historia de un choque épico

“Mirá la herida que tengo acá”, dice Oscar Ruggeri, acomodándose frente a la cámara y mostrando una marca en la frente. Con su habitual mezcla de análisis y espectáculo, el exfutbolista se dispone a contar la jugada más dura de su carrera: un choque de cabezas con Gerónimo “Cacho” Saccardi que dejó a ambos con heridas visibles y quedó grabado en la memoria colectiva.

El relato surgió durante una emisión de ESPN F90 en la que Ruggeri explicaba la técnica del cabezazo. Su recuerdo remite al 2 de agosto de 1981, cuando se enfrentaron Boca y Ferro en la Bombonera; Cacho Saccardi, que falleció el 4 de mayo de 2002, fue el otro protagonista del impactante choque.

Aquel partido tenía una carga especial: el Boca de Diego Maradona, con Ruggeri como pieza clave en la defensa, y el Ferro de Carlos Timoteo Griguol, con Saccardi como emblema, competían por el torneo. En el desarrollo del encuentro ambos jugadores colisionaron de frente y resultaron con heridas que evidenciaron la violencia del golpe.

Ruggeri reprodujo el gesto técnico y la onomatopeya del cabezazo: “¡Pa!”, contó. La acción nació de un centro tras un córner enviado por Carlos Córdoba; Ruggeri saltó e intentó cabecear con fuerza, pero impactó con la cabeza de Saccardi. Los dos quedaron tendidos en el césped, sangrando, y recibieron atención médica en el campo. Saccardi continuó con una venda que llamó la atención por su tamaño, y Ruggeri también siguió jugando pese a la gravedad del choque.

Los registros del partido indican que Ruggeri fue sustituido a cinco minutos del final por Jorge Alejandro Quiróz, mientras que Saccardi aguantó hasta los 70 minutos y fue reemplazado por Palito Brandoni, cuando ya estaba al borde de desvanecerse.

En lo futbolístico, Boca se impuso con un gol de Hugo “Mono” Perotti a diez minutos del final, tras una asistencia de Maradona que definió el partido. Aunque ese resultado marcó una noche amarga para Ferro, el equipo verdolaga alcanzaría su revancha en 1982 al lograr, invicto, su primer título de Primera División.

Aquel choque dejó múltiples lecturas: la dureza física del juego, la entrega de los protagonistas y la reacción de compañeros, técnicos y público ante un episodio que se volcó en símbolo de sacrificio por los colores.

Alejandro Saccardi, hijo de Cacho, recuerda que tenía siete años y que vio la jugada en su casa: al ver el impacto se puso a llorar y sus abuelos le cambiaron el canal. Alejandro también relata que Boca intentó contratar a su padre en dos oportunidades, la última tras su regreso del Hércules de Alicante en 1979, pero Saccardi decidió permanecer en el club que lo había formado.

El médico del plantel, Quique Rottemberg, relató en el libro “Cacho Saccardi, el último guerrero romántico” que tuvieron que suturar la herida en el vestuario con cinco o seis puntos y que Saccardi había perdido mucha sangre, aunque mostró una entrega total en la cancha.

Desde el cuerpo técnico se interpretó la herida como parte de la fortaleza del jugador. Carlos Aimar, entonces ayudante de Griguol, señaló que Saccardi parecía jugar mejor tras recibir golpes y vendajes, y que esa agresividad lo potenciaba en el campo.

Graciela, su esposa, comentaba con resignación y orgullo que Cacho salía “con la cabeza como una momia”: ella se preocupaba, pero destacaba su capacidad para ir siempre hacia adelante y su fortaleza para sobreponerse.

Saccardi mismo valoró la respuesta del público: recordó que recibió el aplauso de la hinchada de Boca aunque su equipo hubiera perdido aquel Metro 81, y consideró que el reconocimiento de las tribunas trascendió el resultado.

El choque entre Ruggeri y Saccardi quedó como una imagen representativa de la entrega y el riesgo en el fútbol de entonces: más allá de las cicatrices físicas, perduró la impresión de dos jugadores que sacrificaron su integridad por la intensidad del juego y el compromiso con sus equipos.

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