Estados Unidos intensificó en los últimos años su actividad diplomática para limitar la expansión de proyectos espaciales vinculados a China en América Latina, con especial atención en Argentina y Chile.
Según The New York Times, la administración de Donald Trump amplió los contactos con gobiernos aliados de la región para manifestar su preocupación por instalaciones científicas chinas que, según funcionarios estadounidenses, podrían tener aplicaciones militares y de inteligencia además de usos civiles.
Uno de los principales puntos de atención es el radiotelescopio que China construye en el observatorio Cesco, en la provincia de San Juan, en colaboración con la Universidad Nacional de San Juan. El proyecto quedó incompleto después de que componentes esenciales permanecieran retenidos en la aduana argentina durante varios meses. Funcionarios estadounidenses trasladaron en varias ocasiones a Buenos Aires sus inquietudes sobre el posible uso dual de la infraestructura.
La preocupación de Washington se centra en la capacidad de sistemas como ese para rastrear satélites, captar señales provenientes del espacio y, potencialmente, colaborar con programas vinculados al Ejército chino. Para Estados Unidos, los avances tecnológicos de Beijing en áreas estratégicas representan un desafío en el hemisferio occidental.
La disputa también llegó a Chile: en el desierto de Atacama, otro proyecto astronómico promovido por China fue suspendido tras conversaciones diplomáticas entre autoridades chilenas y estadounidenses. Según el diario, Washington consideró prioritario evitar que Beijing ampliara su presencia en instalaciones sensibles de la región.
De este modo, la competencia entre ambas potencias se trasladó al terreno científico y espacial. Estados Unidos afirma que algunos proyectos civiles chinos apoyan capacidades estratégicas globales, mientras que Beijing niega esas imputaciones y sostiene que sus iniciativas tienen fines exclusivos de investigación científica.
El radiotelescopio de San Juan contemplaba una inversión cercana a los 32 millones de dólares y la instalación de una antena de 40 metros de diámetro. El sistema estaba pensado para estudiar galaxias lejanas, la formación de estrellas y otros fenómenos astronómicos mediante la captación de ondas de radio del espacio.
No obstante, funcionarios estadounidenses sostienen que una tecnología de ese tipo también podría emplearse para monitorear satélites y apoyar operaciones espaciales sensibles. Las advertencias de Washington comenzaron durante la presidencia de Joe Biden y continuaron bajo la actual administración Trump.
The New York Times indicó que en 2021 el entonces asesor de seguridad nacional Jake Sullivan y otros funcionarios plantearon directamente el tema al expresidente argentino Alberto Fernández. En esos contactos también se mencionó la estación espacial china instalada en Neuquén desde 2015.
Esa base, construida por el Ejército chino en la Patagonia argentina, es observada con atención por sectores de seguridad en Estados Unidos. El acuerdo firmado entre Argentina y China otorgó a Beijing el uso del predio por medio siglo, lo que en Washington se interpreta como una consolidación de la presencia estratégica china en la región.
Con Javier Milei en la presidencia, la relación entre Argentina y Estados Unidos se fortaleció, según el citado medio. La Casa Blanca mantuvo conversaciones con funcionarios argentinos sobre cooperación espacial y control de infraestructura estratégica.
Paralelamente, expertos estadounidenses viajaron a Buenos Aires para explicar los riesgos asociados a tecnologías consideradas de “doble uso”, es decir, sistemas con aplicaciones civiles y militares. Además, Washington incorporó cláusulas específicas en acuerdos bilaterales para reforzar mecanismos de supervisión sobre instalaciones espaciales extranjeras.
La situación generó inquietud entre científicos argentinos vinculados al proyecto. Astrónomos locales defendieron su carácter académico y subrayaron la importancia de aumentar la capacidad científica del hemisferio sur. Ana María Pacheco, investigadora consultada por The New York Times, lamentó que la iniciativa quedara afectada por tensiones geopolíticas.
Marcelo Segura, coordinador argentino del programa, explicó que intentó transmitir a funcionarios estadounidenses que el proyecto estaba destinado exclusivamente a la investigación astronómica. A pesar de ello, las objeciones persistieron y el avance de la obra quedó prácticamente detenido.
China reaccionó acusando a Estados Unidos de intentar frenar su desarrollo tecnológico y científico. La embajada china en Buenos Aires afirmó que Washington utiliza argumentos de seguridad para obstaculizar proyectos de cooperación internacional.
El diario destacó que la disputa refleja una transformación más amplia en la política estadounidense hacia América Latina. Frente al crecimiento de la influencia china en comercio, infraestructura y tecnología, Washington busca fortalecer alianzas regionales y limitar el avance de Beijing en sectores considerados estratégicos.
En ese marco, instalaciones astronómicas ubicadas en los Andes se convirtieron en un nuevo escenario de la competencia global entre Estados Unidos y China, una disputa que combina ciencia, tecnología, seguridad y poder geopolítico.

