Mayo se convirtió en un mes determinante para el plan económico de Javier Milei: el Gobierno debe demostrar que puede cumplir al mismo tiempo tres objetivos clave: desacelerar la inflación, mantener la calma del tipo de cambio y recomponer reservas sin recurrir a ajustes cambiarios bruscos.
Un factor central es el riesgo país. La administración necesita que siga descendiendo para recuperar acceso pleno al financiamiento internacional y mejorar las condiciones de refinanciación de la deuda; para eso los inversores exigen señales de mayor solidez en las reservas y continuidad en el equilibrio fiscal.
Además, mayo se da en un contexto internacional más sensible: la volatilidad global y cambios en las tasas de interés de Estados Unidos pueden influir en los flujos hacia economías emergentes como Argentina.
Mayo, la prueba de fuego para el rumbo económico de Javier Milei
Por eso, para el Gobierno este mes actúa como un examen de viabilidad: si consigue sostener la estabilidad del dólar, profundizar la desaceleración de la inflación y mejorar las cuentas externas, podrá impulsar la narrativa de que comenzó una fase de mayor normalización macroeconómica.
La economía argentina presenta señales mixtas: el Gobierno celebra la desaceleración de la inflación y la estabilidad cambiaria, mientras el mercado vigila la acumulación de reservas del Banco Central y la evolución del riesgo país, que todavía está en niveles altos para una completa normalización financiera.
Tras el dato de inflación de abril, que mostró una desaceleración respecto de marzo, el oficialismo busca consolidar un escenario de desinflación con un dólar estable y menor volatilidad financiera. Sin embargo, economistas advierten que persisten desafíos relacionados con la fragilidad de las reservas y el entorno internacional.
Dólar: estabilidad cambiaria y menor presión sobre las bandas
El dólar oficial cerró otra semana por debajo de los $1.400, profundizando la calma cambiaria que el Gobierno intenta mantener desde la flexibilización del esquema. La brecha entre tipos de cambio sigue acotada y, por ahora, el mercado no percibe tensiones inmediatas.
El REM del Banco Central proyecta para mayo un tipo de cambio promedio de $1.410 y prevé una devaluación moderada para el resto del año, inferior a la inflación esperada.
La estabilidad cambiaria ayudó a moderar expectativas inflacionarias y a reducir la volatilidad financiera. En Wall Street los bonos soberanos tuvieron movimientos mixtos, mientras el riesgo país se mantiene con resistencia para bajar de forma sostenida por debajo de los 500 puntos básicos.
Analistas privados sostienen que el esquema de bandas funciona porque el mercado percibe disciplina fiscal y monetaria, aunque advierten que ese equilibrio depende de la capacidad del Gobierno para continuar acumulando divisas.
Inflación: abril dio alivio y el Gobierno apuesta a profundizar la desaceleración
El IPC de abril registró un aumento mensual del 2,6%, por debajo del 3,4% de marzo, lo que constituyó la primera desaceleración tras varios meses de aceleración; la inflación interanual quedó en 32,4%.
Según el Banco Central, la moderación respondió a la reversión de efectos estacionales, a menor presión en alimentos y a la estabilidad cambiaria reciente.
En el mercado estiman que mayo podría mostrar otra desaceleración, aunque existen riesgos vinculados a ajustes tarifarios pendientes, al precio internacional de la energía y a posibles movimientos del tipo de cambio.
El Gobierno insiste en que la ancla fiscal y la disciplina monetaria serán las principales herramientas para reducir la inflación, mientras consultoras privadas proyectan que el índice podría cerrar 2026 cerca del 30%, muy por encima de la meta oficial.
Reservas: el punto débil que todavía preocupa al mercado
El Banco Central compró casi u$s600 millones en la última semana, aunque las reservas brutas volvieron a caer y quedaron en torno a los u$s46.000 millones.
Ese contraste evidencia la preocupación de los analistas: si bien el flujo diario de compras mejoró respecto de meses anteriores, el volumen acumulado de reservas sigue siendo reducido para respaldar una normalización financiera plena.
Economistas advierten que la acumulación genuina de reservas será clave para que el riesgo país continúe bajando y para recuperar acceso al crédito internacional.
En el mercado también vigilan el cumplimiento de las metas acordadas con el FMI y la capacidad del BCRA de comprar dólares sin generar presión monetaria adicional.
Dólar blue: la baja que sigue de cerca el mercado y fortalece la “pax cambiaria”
El dólar blue registró su segunda semana consecutiva en baja y se volvió a acercar a los $1.400, en un escenario de menor presión cambiaria y mayor estabilidad financiera. Aunque lleva más de dos meses por encima de ese nivel, la demanda de cobertura se moderó tras la desaceleración inflacionaria de abril y la estabilidad del oficial.
La caída del paralelo también responde a tasas reales positivas, menor emisión monetaria y una mayor oferta de divisas en el mercado financiero. El Gobierno busca consolidar la llamada “pax cambiaria”, mientras el Banco Central intenta reforzar reservas y sostener el esquema de bandas sin sobresaltos.
No obstante, los analistas advierten que el blue seguirá siendo una variable sensible en los próximos meses: la evolución de las reservas, del riesgo país y del ingreso de dólares del agro serán determinantes para mantener la calma cambiaria o para que reaparezcan tensiones sobre los mercados paralelos.
Qué espera el mercado para los próximos meses
El escenario base que manejan bancos y consultoras combina cuatro variables principales: un dólar relativamente estable, inflación en descenso, tasas reales positivas y un crecimiento moderado de la actividad económica.
El Banco Central sostiene que la economía podría mantener un proceso gradual de desinflación si persiste la disciplina fiscal y no se producen shocks externos significativos.
Sin embargo, el mercado identifica algunos focos de riesgo:
la necesidad de fortalecer las reservas;
la persistencia de un riesgo país elevado;
la dependencia del financiamiento externo;
y la sensibilidad del esquema cambiario frente a turbulencias globales.


