2 de junio de 2026
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Reducir solo el metano complica la recuperación del ozono

Un estudio de la Universidad de Reading identifica un riesgo poco considerado: recortar las emisiones de metano podría ralentizar la recuperación de la capa de ozono. El metano, que es el segundo gas con mayor influencia en el calentamiento global tras el dióxido de carbono, también participa en reacciones químicas que afectan el equilibrio de la atmósfera.

Si bien reducir el metano ayuda a frenar el cambio climático y mejora la calidad del aire, puede aumentar la eficacia con que otros compuestos —como ciertos halocarbonos y el óxido nitroso— destruyen el ozono. Por ello, si las reducciones no se aplican de forma simultánea a todos los gases perjudiciales, la restauración de la capa de ozono podría retrasarse durante décadas, según los investigadores.

El equipo dirigido por James Weber explica que el efecto observado se debe a interacciones químicas en la estratosfera: al bajar el metano, cambian las condiciones químicas que atenúan la capacidad destructiva de otros contaminantes, lo que incrementa su impacto sobre el ozono.

La investigación, publicada el 29 de mayo de 2026, se basa en simulaciones realizadas con el modelo climático UKESM. Los autores evaluaron distintos escenarios de reducción de metano a lo largo del siglo XXI, desde recortes moderados hasta reducciones drásticas, para comprobar la solidez de sus resultados ante varias condiciones posibles.

Qué halló el estudio sobre el metano y el ozono

Según la Universidad de Reading, si las políticas se centran exclusivamente en el metano y no abordan simultáneamente los halocarbonos y el óxido nitroso, la cantidad total de ozono podría ser un 2,4% menor en 2100 frente a un escenario sin recortes de metano. Aunque el porcentaje pueda parecer pequeño, tendría consecuencias relevantes para la protección frente a la radiación ultravioleta.

Las proyecciones indican que la superficie expuesta a niveles extremos de radiación ultravioleta, según criterios de la Organización Mundial de la Salud, podría aumentar entre un 30% y un 35% hacia 2070. Un incremento de la exposición UV se asocia con mayor incidencia de cáncer de piel y otras enfermedades relacionadas con la radiación solar.

El estudio —realizado por Maisie Wright y otros colaboradores junto a Weber— emplea modelos validados y considera múltiples escenarios, lo que refuerza la fiabilidad de sus conclusiones para orientar decisiones de política ambiental.

Por qué el recorte del metano no alcanza por sí solo

El Dr. Weber señaló que “el metano es el segundo gas de efecto invernadero más importante derivado de la actividad humana, después del dióxido de carbono, y reducirlo sigue siendo una de las formas más rápidas de frenar el cambio climático, con beneficios también para la calidad del aire”.

No obstante, advirtieron los científicos, la reducción de metano no debe hacerse de forma aislada. Weber añadió que mantener la disminución de halocarbonos y óxido nitroso resulta aún más crucial si los países persiguen recortes de metano.

Los autores enmarcan estos resultados en la historia del Protocolo de Montreal de 1987, que prohibió los halocarbonos más dañinos y permitió la recuperación gradual del ozono estratosférico. Concluyen que solo una estrategia coordinada, que no descuide ninguno de los principales gases, consolidará los avances logrados y evitará retrocesos en la protección atmosférica.

Si las reducciones de metano continúan sin acciones integrales sobre otros contaminantes, los beneficios obtenidos podrían verse amenazados por el efecto amplificador de esos gases sobre la capa de ozono. La coordinación internacional y la vigilancia continua son esenciales para preservar décadas de progreso ambiental.

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