18 de julio de 2026
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La final en las librerías de argentinos en Madrid

Desde que empezó el Mundial, la vidriera de la librería madrileña La Mistral —situada entre la Plaza Mayor y la Puerta del Sol— exhibe un maniquí sin cabeza. Rodeado de libros de Virginia Woolf, Amy Fusselman y Federico García Lorca, el torso luce una camiseta argentina con el número 10 y el sol de mayo, una bufanda de la selección española y una falda flamenca. “El Mundial altera el pulso de cualquier ciudad”, dice Andrea Stefanoni, quien tras años al frente de la gerencia de El Ateneo Grand Splendid en Buenos Aires dejó todo y abrió La Mistral en 2021.

“Fingir indiferencia frente al Mundial sería poco literario. Lo vivimos con entusiasmo, nervios y ese fatalismo teatral que nos es propio. No obstante, no queremos convertir la librería en una tienda de souvenirs futbolísticos. Preferimos aprovechar la euforia para recordar que el fútbol también genera relatos, mitologías, héroes, villanos y una vasta producción literaria. El fútbol es una gran narración colectiva de nuestro tiempo”, afirma Stefanoni.

Daniel Ulanovsky Sack ya había vivido en España —dos años a principios de los 2000—, pero con la pandemia decidió regresar y quedarse. Contrario a lo que algunos piensan, asegura que la integración fue relativamente sencilla: “Alquilamos un departamento sin mayor problema. Mis hijos pudieron inscribirse en la escuela. No hubo inconvenientes”, cuenta por teléfono mientras acomoda libros. Hace cuatro años abrió su librería con bar en el barrio de Chamberí: se llama Olavide y está cerca de la plaza homónima.

Desde el comienzo del Mundial, Madrid cambió de ritmo. “Se nota en las publicidades, en la gente con la camiseta de España, en los bares que organizan retransmisiones, en los espacios públicos dispuestos por el Ayuntamiento y en los amigos que acuerdan encuentros para ver los partidos. Todo está muy a flor de piel”, describe. Relata que días atrás le ofrecieron ver la final con la familia de un compañero de su hija: “Le dije que no”, se ríe. “Habría sido muy incómodo”.

La conversación argentina

“Nunca fuimos una librería argentina”, afirma Ulanovsky con claridad. “Somos una librería generalista española cuyos propietarios son argentinos”, matiza. Como argentinos conocen mejor la literatura argentina y latinoamericana y por eso pueden ofrecer autores con cierta diferenciación, pero la intención siempre fue atender a un público amplio en una zona densamente poblada de Madrid.

Olavide organiza actividades —esta semana estuvieron Claudia Piñeiro y Reynaldo Sietecase—, pero no explota la temática mundialista: “En el Mundial de Qatar hicimos una mesa sobre fútbol y se vendió poco. Ahora han salido algunas ventas de libros sobre la historia de las camisetas, por ejemplo, pero no mucho más. Hay demanda, pero es reducida”. “Percibo ambiente mundialista, sí, pero no veo un cruce fuerte entre ese clima y la literatura”, agrega.

En La Mistral, según Stefanoni, “lo argentino está presente, pero no como escenografía ni lema de marketing”. “Se encuentra en los libros, en las conversaciones, en la forma de recomendar y en cierta manera de concebir la librería: como un espacio donde la cultura se discute, se contradice y se comparte”, añade la propietaria de la librería en el centro de Madrid.

Aunque no estén pintadas de celeste y blanco, estas librerías conservan joyas argentinas. En La Mistral “mucha gente viene por curiosidad, por afecto o por vínculos personales con Argentina. Buscan a Borges, Cortázar, Piglia, Alejandra Pizarnik o Mariana Enriquez; otros llegan por recuerdos familiares, viajes o música. Creemos que lo identitario funciona mejor cuando no se vuelve una frontera: la literatura argentina es una puerta de entrada”.

Racismo, inmigración y caricaturas

Con el Mundial, reapareció una discusión antigua: el racismo hacia argentinos. “Esas conversaciones existen y no creemos que deban evitarse”, dice Stefanoni. “Argentina, como cualquier sociedad, tiene contradicciones, prejuicios y asuntos pendientes; negarlos sería irresponsable. Pero también nos incomodan las condenas colectivas y las simplificaciones: ningún país puede reducirse a un titular, a un cántico o a una polémica en redes”.

“El racismo es un tema vigente en todos lados, también aquí, donde la inmigración obliga a España a mirarse en un espejo incómodo”, afirma. “La crítica es valiosa cuando invita a la reflexión; cuando se vuelve caricatura, deja de iluminar y confirma prejuicios ajenos. No creemos que la respuesta adecuada sea un nacionalismo defensivo ni aceptar automáticamente cualquier acusación dirigida a millones como si constituyeran una identidad homogénea”.

Ulanovsky explica que el actual gobierno socialista en España “es más bien proinmigración; hubo un regularización importante que cumplió expectativas. No están poniendo trabas; diría que es al revés. Es una sociedad, como muchas, bastante dividida. La izquierda ganó hace tres años, pero en las próximas elecciones no está claro que vuelva a hacerlo”. En los últimos años la derecha se fortaleció en distintos espacios.

“Parte de la derecha, el partido Vox, obtiene alrededor del 14 por ciento y sí tiene una postura contraria a la inmigración. Su discurso es especialmente hostil hacia personas procedentes de países árabes, por motivos religiosos; algo menos hacia latinoamericanos y aún menos hacia argentinos, ya que Vox simpatiza con Milei. La sociedad está dividida, pero no es común ver episodios extremos contra inmigrantes como en otras regiones”.

El debate mundialista trajo a la superficie cuestiones sobre si hijos de inmigrantes árabes o de ascendencia africana son considerados españoles para la selección. “El caso más conocido es el de Lamine Yamal. Sin embargo, es una discusión minoritaria. La mayoría está orgullosa de su selección y la apoya. En términos generales, diría que el español medio es menos racista que la media europea; eso no significa que el tema no exista”.

La felicidad indiscreta

No se sabe qué ocurrirá el domingo. Entre la afición rival, los argentinos sonríen cómplices. Una clienta bromeó con Ulanovsky: “Nos van a expulsar”. Los españoles suelen tomarlo con humor. Tras charlar sobre fútbol, lo habitual es escuchar “que gane el mejor”. “Qué bien Messi, pero esperemos que este domingo no le vaya bien”, le dijo días atrás una farmacéutica, guiñándole un ojo. “No me siento amenazado”, afirma, y cruza los dedos por Argentina.

Sobre qué se dice de la selección argentina abundan las conjeturas: si los árbitros influyeron, si la suerte jugó a favor o si las decisiones favorecedoras estaban dentro del reglamento. Más allá de esas discusiones, en lo cotidiano los argentinos suelen ser bien recibidos. “En la librería siempre hay buena onda. Se vende mucho a Mariana Enriquez, Samanta Schweblin, Cabezón Cámara”, comenta Ulanovsky.

“Celebramos el Mundial, conversamos, recomendamos libros y dejamos que la librería se contagie de la emoción”, concluye Stefanoni desde Madrid. “Tratamos de no reducir la cultura argentina a una pelota, aunque en días como estos la pelota parezca contener el universo entero”. Sobre la preparación para la final, responde: “Con más intensidad de la que sería razonable admitir. Pero una final no es solo un partido”.

“Hoy me reí al leer a un español que decía que no le preocupaba perder la final, sino tener que escucharnos durante cuatro años. Me pareció una observación justa. Los argentinos no somos discretos cuando la felicidad nos visita”, cuenta desde el otro lado del Atlántico, donde los colores en las calles son distintos. “Después volveremos a los libros. Aunque, si ganamos, probablemente tardemos un poco más”.

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