7 de junio de 2026
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Sedentarismo cognitivo y riesgos de delegar la escritura

Son las 17 horas y, al consultar a un chat, su respuesta resulta sorprendente no tanto por el contenido sino por la forma: emplea un lenguaje inapropiado, lo que resulta peligroso si el interlocutor fuera un menor. Esa experiencia reaviva la pregunta sobre si la inteligencia artificial empobrece el lenguaje, una duda que ya surgió años atrás con la aparición de nuevas jergas juveniles tras la expansión de las redes sociales.

Estas herramientas no operan con una conciencia humana, sino sobre una arquitectura técnica compleja. Fabio Tarasow, coordinador del Proyecto de Educación y Nuevas Tecnologías (PENT) de Flacso, explicó a La Prensa que el sistema “está basado en el análisis estadístico de grandes cantidades de texto”.

El especialista subrayó que el software funciona mediante cálculos matemáticos; no piensa por sí mismo, sino que organiza las respuestas según un corpus lingüístico amplio que se usó en su entrenamiento.

Al analizar detenidamente los textos generados por estas máquinas, Tarasow señaló que “carecen de alma. No tienen la expresividad que aporta un humano, pero están bien estructurados; la gramática la manejan perfectamente. A primera vista suenan bien, pero con una lectura más fina se percibe que son textos vacíos, como una cáscara de huevo”.

Mariela Reiman, directora ejecutiva de Chicos.net, advirtió a La Prensa que las interfaces actuales se diseñan para ajustarse al estilo, las necesidades y el contexto del usuario con el fin de maximizar la satisfacción y retenerlo en la plataforma. Esa personalización suele generar una falsa sensación de empatía y de contención, dando la impresión de que la máquina comprende profundamente y valida al usuario.

“La IA no empobrece el lenguaje por sí sola, pero puede hacerlo si delegamos en ella tareas propias del pensamiento, la creatividad y la expresión”, afirmó Reiman, que lleva 27 años trabajando en derechos digitales en la región.

La especialista añadió que el riesgo real aparece cuando la sociedad adopta acríticamente esos contenidos formateados. “Si tomamos esos textos sin cuestionarlos, corremos el riesgo de estandarizar y empobrecer formas variadas y ricas del lenguaje, y de debilitar capacidades clave como la creatividad y el pensamiento. Es importante preguntarnos qué queremos delegar y qué no”, señaló Reiman.

Sedentarismo cognitivo

Delegar la escritura en un software modifica de manera profunda el aprendizaje de los estudiantes. Alejandro Artopulos, sociólogo y profesor en la Universidad de San Andrés, alertó sobre el fenómeno del sedentarismo o delegación cognitiva: convertir a ChatGPT en un oráculo provoca una dependencia intelectual que erosiona la práctica de escribir y reduce la creatividad de las nuevas generaciones.

Artopulos añadió que este fenómeno no se limita a textos: también afecta la producción de imágenes. Observó que en política muchas imágenes generadas por IA tienden a parecerse entre sí, y que en comercios locales —como verdulerías— proliferan carteles creados con herramientas automáticas.

Según el sociólogo, la industria editorial ya siente el impacto: está recibiendo un volumen inédito de manuscritos y ensayos producidos íntegramente por automatización. “Ese es un problema: la no ficción puede ser asistida por IA, pero la ficción requiere la voz y la singularidad de un autor humano”, enfatizó.

Esto explica también la resistencia del público lector: quien busca ficción quiere encontrar la identidad y la voz particular de un autor. Si todo suena igual, se pierde el interés comercial. En el caso de textos de análisis o no ficción, la tendencia a formular contenidos uniformes tiende a empobrecer el lenguaje y a hacer los trabajos más tediosos.

Educación

La incorporación de la IA en las aulas plantea el riesgo de que los alumnos eviten procesos clave del pensamiento. Tarasow indicó que no está claro qué capacidades podrían perderse si un sistema educativo no obliga a desarrollar ciertas habilidades: “Estudiar implica esfuerzo y fricción, y muchas veces el propio sistema privilegia la nota sobre el esfuerzo. Si solo importa el resultado, el alumno optará por usar IA para obtener mejor nota”.

El problema no es solo la disponibilidad de la IA, sino el tipo de actividades que se proponen en clase. Tarasow señaló que es crucial diseñar consignas que enriquezcan al estudiante en lugar de invitarlo a delegar tareas; pedir, por ejemplo, “presentame las causas de la Revolución de Mayo” suele resolverse con una respuesta automática sin trabajo crítico.

Ante este desafío, Artopulos propuso que el sistema educativo implemente urgentemente tres niveles de formación integral. El primer paso es la alfabetización tradicional: garantizar que los estudiantes dominen el esfuerzo físico e intelectual de escribir para ordenar y estructurar el pensamiento profundo.

En segundo lugar, debe impartirse una alfabetización en inteligencia artificial, para que los alumnos conozcan las herramientas tecnológicas con las que interactuarán en su futuro laboral.

Como tercer nivel, el sociólogo introdujo la “alfabetización epistémica en inteligencia artificial”: la capacidad de aprender a escribir con IA sin perder la voz propia y manteniendo la facultad de producir conocimiento original.

En la misma línea, se destaca la necesidad urgente de desarrollar la “lectura analítica”, una habilidad trabajada por el profesor Daniel Cassany de la Universidad Pompeu Fabra.

Artopulos explicó que esta destreza combina una lectura pausada y profunda con pensamiento computacional práctico. Quienes usen IA deben entender su funcionamiento a través de la práctica, no mediante un doctorado en informática; así podrán discernir qué partes de una respuesta les sirven para construir su propio texto y qué partes deben descartarse. Este año publicó el libro Tecnopedagogías: superpoderes docentes para la era de la IA, que funciona como guía crítica y práctica para incorporar inteligencia artificial en la enseñanza.

Sesgos y censura

La homogeneización cultural a escala global y la prevalencia de un español neutro artificial son preocupaciones locales. Aunque las herramientas reflejan sesgos occidentales por su dependencia de contenidos anglosajones, Tarasow descartó que se trate de una colonización cultural directa y lineal.

Los modelos procesan datos en español dentro de su corpus, y los usuarios pueden pedir explícitamente que empleen giros locales, modismos o variantes rioplatenses; técnicamente, la máquina puede adoptar esas formas de manera formal.

No obstante, el especialista advirtió que la base estadística suele quedarse corta: carece del registro social, afectivo e histórico necesario para discernir cuándo un término coloquial o lunfardo es realmente apropiado y socialmente adecuado.

Tarasow también sostuvo que la escuela, pública y privada, debe ser el espacio principal para debatir estas lógicas de consumo y uso, porque plataformas altamente adictivas como TikTok no ofrecen a los jóvenes las herramientas críticas para distinguir lo real de lo ficticio ni para protegerse en entornos virtuales.

Desde Chicos.net concluyeron que proteger a las nuevas generaciones exige un compromiso con el diseño apropiado para la edad (Age-Appropriate Design). “Las empresas tienen la responsabilidad de crear entornos seguros y adecuados para cada etapa del desarrollo. La protección no puede recaer solo en familias o escuelas: debe estar incorporada en el diseño de la tecnología y respaldada por marcos regulatorios”, finalizó Mariela Reiman.

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