La entrevista que Nahir Galarza dio desde la cárcel a la periodista Olga, de aproximadamente una hora y media, volvió a generar repercusiones. Condenada a cadena perpetua por la muerte de su novio Fernando Pastorizzo, Galarza ofreció declaraciones ambiguas y variables, pero, según especialistas, sus gestos transmitieron más que sus palabras.
El profesor de oratoria y experto en comunicación no verbal Franco Pisso analizó la charla en diálogo con Nati Jota y señaló que, a pesar del intento de disimulo, Galarza mostró un “goce muy profundo” al hablar del tema. Para Pisso, su comportamiento evidenció carencia de empatía, respuestas evasivas, conductas incongruentes y signos de control y manipulación. Destacó además una leve sonrisa que interpretó como satisfacción al comprobar que la audiencia la cree, un gesto limitado a la boca y sin participación de los ojos, típico de una emoción fingida.
Pisso concluyó que, pese a declaraciones en las que dijo querer ser olvidada, Galarza aparenta estar disfrutando la atención mediática y la repercusión de la entrevista. Su análisis enfatiza la discrepancia entre lo expresado verbalmente y lo mostrado corporalmente, lo que, a su juicio, resulta inquietante.

