Los platos tintineaban y las copas chocaban mientras, al frente del salón, el presidente Donald Trump ocupaba su lugar en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, en su esperado regreso al evento.
Era poco después de las 20:30 en el sótano del Washington Hilton. Trump estaba en el escenario conversando con la reportera de CBS Weijia Jiang; frente a ellos había miles de asistentes distribuidos en más de 250 mesas, y los camareros retiraban las ensaladas.
De pronto se escucharon fuertes estruendos procedentes del vestíbulo. Trump dijo más tarde que en un primer momento pensó que se había caído una bandeja.
Por tercera vez en tres años, la presencia de Trump se vio interrumpida por disparos. Cientos de personas, mesa tras mesa, se tiraron al suelo; periodistas y otros asistentes se agolparon junto a funcionarios y se cubrieron con manteles o se apoyaron contra las paredes.
Alguien gritó “¡Agáchense, agáchense!” y la multitud reaccionó intentando protegerse.
En la parte delantera del salón, agentes del Servicio Secreto sacaron del escenario al vicepresidente JD Vance y, segundos después, evacuaron también a Trump. Otros funcionarios en la línea de sucesión, incluido el secretario de Estado Marco Rubio, fueron retirados con rapidez.
Los agentes de seguridad coreaban instrucciones como “¡Despejen el camino!” mientras escoltaban al gabinete y a altos cargos fuera del salón. Varios asistentes resultaron heridos en el tumulto; Harmeet Dhillon, funcionaria del Departamento de Justicia, dijo que sufrió contusiones en la cabeza. El secretario de Defensa Pete Hegseth, el director del FBI Kash Patel y otros funcionarios se reunieron con el personal de seguridad en el exterior.
Durante varios minutos predominó el caos en el salón de baile. Algunos funcionarios ubicados en una mesa elevada dijeron sentirse desconcertados mientras observaban cómo sus colegas eran evacuados. Según la administración, Trump y Vance fueron trasladados a lugares seguros.
Mientras tanto, las fuerzas del orden y los responsables de la Asociación de Corresponsales dieron instrucciones contradictorias: los agentes de seguridad pedían a quienes estaban en el vestíbulo que abandonaran el hotel, y algunos líderes de los medios instaban a los periodistas en el salón a quedarse, diciendo que la cena continuaría.
Un agente del Servicio Secreto describió la situación como “la escena de un crimen” y pidió a los asistentes que siguieran caminando fuera del hotel y cruzaran la calle una cuadra más allá.
Los uniformados tuvieron que abrirse paso entre la multitud en la sala abarrotada. Al menos un hombre con dificultades para caminar fue escoltado fuera del recinto.
Los reporteros permanecieron en las aceras frente al hotel, intentando entrevistarse entre ellos y recabar información, aunque con pocos detalles confirmados.
Alrededor de las 21:40, Trump abandonó el hotel acompañado por su equipo de seguridad y por la prensa. Aproximadamente una hora después ofreció declaraciones desde la Casa Blanca.
“Eso fue muy inesperado”, dijo Trump con cierto tono irónico y agradeció la respuesta de las fuerzas del orden. Afirmó que el evento, dedicado a la libertad de expresión y con asistentes de ambos partidos y la prensa, en cierta medida había cumplido su objetivo.
También criticó los protocolos de seguridad del hotel y recordó incidentes previos con violencia: fue herido por un tirador en Butler, Pensilvania, durante su campaña de 2024, y semanas después el Servicio Secreto frustró otro intento de atentado donde un hombre se ocultó en los arbustos de uno de sus campos de golf.
“No es un edificio particularmente seguro”, afirmó, usando el tiroteo como argumento sobre la conveniencia de disponer de un salón de baile propio en la Casa Blanca.
En un tono poco habitual, elogió la cobertura de los medios y dijo estar comprometido con los principios de libertad de expresión que representa la cena, mientras los periodistas presentes, vestidos de etiqueta, le formulaban preguntas.
“Luché con uñas y dientes para quedarme”, comentó Trump, prometiendo que regresaría y que el evento se reprogramaría dentro de 30 días.
La velada ya se perfilaba como una cita singular en la relación entre política y medios. Durante más de seis décadas el Washington Hilton ha acogido la cena de corresponsales, que pasó de ser una reunión para periodistas de la Casa Blanca a una gala con múltiples eventos sociales y presencia de celebridades.
Se esperaba que fuera la primera aparición de Trump en la cena anual desde 2015. Había asistido en 2011 a una invitación de The Washington Post y fue objeto de burlas del entonces presidente Barack Obama desde el escenario. Durante su primer mandato se negó a acudir y muchos de sus colaboradores hicieron lo mismo.
Amenudo llamado “El Hilton de Hinckley” por el intento de asesinato contra el presidente Ronald Reagan por John Hinckley Jr. frente al hotel hace más de 45 años, el recinto ha albergado eventos de alto perfil supervisados por agentes federales que conocen la distribución del edificio. La noche del sábado el control de acceso fue mínimo: los invitados mostraron su entrada para poder entrar.
Al abrirse el salón de baile a las 19:30, miles de asistentes bajaron por las escaleras mecánicas hasta las plantas inferiores y pasaron con rapidez por detectores de metales. En la entrada el personal de seguridad retiró botellas de cerveza y copas de cóctel.
Sin embargo, los controles fueron inconsistentes: a algunos se les pidió que dejaran sus paraguas en un contenedor azul grande y a otros se les permitió entrar con ellos.
El presidente ingresó al salón a las 20:15 al son de “Hail to the Chief”. Funcionarios y allegados lo aclamaron en la sala, donde colgaba un cartel con la leyenda “Celebrando la Primera Enmienda” sobre una imagen de la Casa Blanca.
Unos veinte minutos después se escucharon disparos. Agentes con chalecos antibalas y fusiles tomaron el control del escenario mientras el presidente y el vicepresidente eran evacuados; la sala quedó en silencio y el tintinear de la vajilla se mezcló con la confusión de quienes se escondían bajo las mesas.
Agentes del Servicio Secreto salieron corriendo desde el fondo de la sala, trepando sobre sillas y advirtiendo a la gente: “¡Cuidado con los pies, cuidado con las manos!”
La policía informó que un sospechoso estaba bajo custodia y que comparecería ante la corte el lunes.
Unas dos horas después, desde la Casa Blanca, Trump dijo que había planeado pronunciar “el discurso más inapropiado jamás pronunciado” para arremeter contra periodistas a los que suele llamar “noticias falsas”, pero señaló que quizá debía archivar ese discurso.
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