El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, anunciaron este martes el inicio oficial de negociaciones para un Acuerdo de Asociación Económica entre el Mercosur y Japón. El anuncio se realizó al margen de la cumbre del G7 en Francia, donde Brasil asistió como país invitado, y fue difundido en una declaración conjunta del Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño.
El comunicado explicó que, “con base en la voluntad común de todas las partes”, ambos líderes lanzaron las negociaciones del acuerdo. Lula señaló que la cumbre del Mercosur, prevista para el 30 de junio en Paraguay, será un hito clave en el proceso.
El encuentro entre Lula y Takaichi fue la primera reunión bilateral entre ambos mandatarios. Takaichi asumió en octubre de 2025 como la primera mujer en ocupar la jefatura del gobierno japonés, con una agenda orientada a reactivar la economía y diversificar las cadenas de suministro. Según el diario Nikkei, las conversaciones se articularán en torno a tres ejes principales: la reducción de aranceles para vehículos, el acceso a fuentes energéticas alternativas y el suministro de minerales críticos.
El anuncio tenía precedentes: funcionarios de Brasil y Japón celebraron dos reuniones exploratorias antes del G7, según fuentes citadas por Reuters. La unidad de comunicación del Mercosur indicó que esos encuentros iniciales comenzaron en enero de 2026 en Asunción, en el marco del Marco de Asociación Estratégica establecido en diciembre de 2025, y prosiguieron en marzo durante la conferencia de la OMC en Camerún.
La urgencia de Japón responde a su dependencia energética: importa cerca del 90% de su petróleo desde Medio Oriente, y las recientes tensiones que afectaron el tránsito por el estrecho de Ormuz obligaron a Tokio a recurrir a reservas estratégicas. El Mercosur ofrece alternativas relevantes, como petróleo, litio —con Argentina entre los principales productores— y otros minerales críticos. Brasil, por su parte, concentra alrededor de 21 millones de toneladas de tierras raras, recursos clave para industrias digitales y de defensa, según Reuters y Nikkei.
El sector automotriz también es un motor de las negociaciones. Empresas como Toyota, Honda y Nissan enfrentan aranceles elevados en Brasil y Argentina que encarecen sus vehículos frente a competidores europeos; esa desventaja se acentuó tras la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea en enero de 2026. Un tratado con Japón facilitaría que esos fabricantes compitan en condiciones más iguales en uno de los mayores mercados automotrices de la región.
Históricamente, el principal obstáculo fue el lobby agrícola japonés, especialmente el sector ganadero, preocupado por la competencia de la carne vacuna brasileña y argentina. Brasil es el mayor productor mundial de carne bovina, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. En las últimas semanas, legisladores japoneses manifestaron disposición a avanzar con las negociaciones, siempre que se contemple la protección de la carne bovina.
Para el Mercosur —integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con Bolivia en la fase final de adhesión— el acuerdo con Japón forma parte de una estrategia de apertura promovida por Lula desde el inicio de su mandato. Brasil también enfrenta presiones arancelarias por parte del gobierno de Estados Unidos, lo que ha convertido la diversificación de mercados en una prioridad estatal. Un tratado con la cuarta economía mundial reforzaría esa apuesta y contribuiría a disminuir la dependencia comercial respecto a Washington.



