23 de junio de 2026
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Investigadores de la UBA estudian componente de la cúrcuma que podría mejorar la memoria

La cúrcuma, más allá de su uso como especia, contiene compuestos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que han despertado interés por su posible efecto protector sobre el cerebro y por su influencia en funciones cognitivas y la memoria, especialmente en el contexto del envejecimiento y enfermedades neurodegenerativas.

Un equipo de la Universidad de Buenos Aires (UBA) trabaja en una estrategia con nanotecnología para mejorar la absorción de la curcumina, el principal compuesto activo de la cúrcuma. Resultados iniciales en modelos de laboratorio muestran mejoras en procesos de memoria y sugieren nuevas vías de investigación para abordar trastornos como el Alzheimer.

Cómo la nanotecnología transforma el efecto de la curcumina en el cerebro

Los investigadores de la UBA desarrollaron nanopartículas que encapsulan la curcumina para aumentar su biodisponibilidad y favorecer su llegada al tejido cerebral. El objetivo es sortear la barrera hematoencefálica, una estructura que protege al sistema nervioso central pero que dificulta el paso de muchos fármacos desde la sangre hacia el cerebro.

El proyecto fue liderado por Diego Chiappetta, del Laboratorio de Nanomedicinas del Instituto de Tecnología Farmacéutica y Biofarmacia, y Mariano Boccia, del Laboratorio de Neurofarmacología de los Procesos de Memoria de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA. En modelos experimentales, la estrategia potenció la fijación de recuerdos, lo que plantea posibilidades para futuras terapias contra enfermedades neurodegenerativas.

Chiappetta y Boccia señalaron que la curcumina ya contaba con evidencia acumulada sobre sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios, relevantes para la neuroprotección, pero que su uso se ve limitado por problemas de absorción y estabilidad.

Como explicaron, la curcumina libre es pobremente soluble en agua, se degrada con rapidez en el sistema digestivo y llega en muy baja cantidad a la sangre. La pregunta que guiñó la investigación fue si mejorar su biodisponibilidad mediante nanotecnología cambiaría su efecto terapéutico.

Los nanotransportadores desarrollados en la UBA, de menos de 200 nanómetros, protegen la curcumina de la degradación digestiva y modifican su comportamiento farmacocinético para facilitar su distribución en el organismo. A modo de comparación, son miles de veces más pequeños que un glóbulo rojo.

Boccia explicó que el grupo de Chiappetta ya había probado la nanocurcumina en estudios relacionados con oncología y VIH, con resultados favorables sobre la protección frente a efectos adversos de otros fármacos. La colaboración permitió evaluar si esa curcumina “vehiculizada” podía alcanzar el cerebro y afectar procesos de memoria.

A escala nanométrica cambian las propiedades físico-químicas, por lo que el organismo procesa estas partículas de forma distinta. En el caso de la curcumina, la nanopartícula cumple la doble función de protegerla y modificar su desplazamiento y distribución en el cuerpo.

En sus experimentos, la administración periférica de nanocurcumina produjo efectos sobre la memoria, lo que indica que el sistema nano podría sortear la barrera hematoencefálica; sin embargo, los investigadores siguen investigando el mecanismo exacto.

En ratones, la curcumina encapsulada mejoró la capacidad para recordar información aprendida y reforzar recuerdos previos. Aunque prometedoras, estas pruebas pertenecen a la investigación básica y aún no existen tratamientos aprobados para personas basados en estos resultados.

Qué dicen los estudios sobre la cúrcuma y la memoria en personas

Un estudio publicado en Cureus revisó doce investigaciones en adultos mayores saludables y en personas con problemas cognitivos. El análisis sugiere que la curcumina puede mejorar la memoria y otras funciones cognitivas en distintos grupos, incluidos quienes presentan deterioro cognitivo, alteraciones metabólicas, cambios del ánimo o efectos secundarios por tratamientos como la quimioterapia.

Los beneficios reportados se observan con mayor frecuencia cuando la curcumina se administra en formas diseñadas para mejorar su absorción, por ejemplo combinada con piperina (de la pimienta negra) o integrada en matrices grasas.

Los autores advierten que los resultados varían entre estudios por diferencias en las poblaciones, las dosis y el formato de curcumina utilizado, y que la evidencia aún es limitada. La curcumina suele causar molestias gastrointestinales leves en algunos pacientes, por lo que recomiendan consultar a un profesional de la salud antes de tomar suplementos.

Lo que sucede en las neuronas cuando interviene la curcumina

El trabajo de la UBA y revisiones internacionales coinciden en que la curcumina actúa sobre el estrés oxidativo y la inflamación, procesos implicados en el daño neuronal. Una revisión en Frontiers in Immunology describe propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y neuroprotectoras de la curcumina, aunque su baja biodisponibilidad limita su potencial terapéutico.

Para mejorar su entrega al cerebro se investigan sistemas como nanopartículas, liposomas y complejos con fosfolípidos, estrategias que aumentan la biodisponibilidad y facilitan el cruce de la barrera hematoencefálica.

Un estudio experimental en ratones publicado en Scientific Reports mostró que la curcumina puede revertir déficits cognitivos provocados por falta de oxígeno, promoviendo la neurogénesis y la plasticidad sináptica.

Se observó que la curcumina estimula la expresión de proteínas clave para la función sináptica y la plasticidad, como BDNF y PSD95, que favorecen la remodelación y el fortalecimiento de las conexiones neuronales.

En enfermedades como el Alzheimer, la pérdida progresiva de capacidad para formar y mantener recuerdos está asociada al deterioro y la muerte neuronal. En modelos animales, la nanocurcumina mostró capacidad para favorecer tanto la formación inicial de recuerdos como su reconsolidación cuando son evocadas.

A nivel molecular, la curcumina influye en mecanismos que regulan la plasticidad sináptica, esencial para el aprendizaje y la memoria y afectada en el Alzheimer.

Los investigadores enfatizan que estos hallazgos pertenecen a la investigación básica y que un tratamiento efectivo en humanos requerirá entre 10 y 20 años de estudios adicionales. Los próximos pasos incluyen determinar con precisión cómo la nanocurcumina atraviesa la barrera hematoencefálica, verificar sus efectos en modelos animales que reproduzcan rasgos del Alzheimer y evaluar la seguridad a largo plazo.

También será necesario optimizar y escalar la producción de nanopartículas antes de planificar ensayos clínicos. Según los autores, avanzar con rigor y sin prisa es imprescindible para obtener resultados fiables y seguros.

Indicaron que la plataforma nano desarrollada por el grupo ya tiene antecedentes en otros contextos clínicos, lo que aporta cierta confianza sobre su perfil de seguridad. Entre las vías futuras, exploran la administración intranasal como alternativa para llevar el fármaco directamente al cerebro desde las fosas nasales, evitando la barrera hematoencefálica, aunque antes deben aclarar el mecanismo de acción.

La Universidad de Harvard y Johns Hopkins Medicine coinciden en que la cúrcuma es segura como parte de una dieta y que su principal efecto protector está relacionado con la neutralización de radicales libres y la modulación de la inflamación. Recomiendan combinar la cúrcuma con pimienta negra (piperina) o con grasas para mejorar la absorción intestinal de la curcumina.

Aunque los suplementos pueden contener dosis más altas, los especialistas advierten que la evidencia clínica es todavía insuficiente para recomendar su uso regular con fines preventivos o terapéuticos en enfermedades neurodegenerativas.

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