26 de junio de 2026
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Capacidad pulmonar: por qué no siempre aumenta con el ejercicio

Hacer ejercicio puede disminuir la sensación de falta de aire, pero no implica que los pulmones aumenten de tamaño. En adultos sanos, la capacidad pulmonar no suele crecer de forma notable, porque depende principalmente de la genética, la talla, la edad y el sexo, según Cleveland Clinic.

La diferencia está en la eficiencia respiratoria. La actividad física, el control del peso, las técnicas de respiración y el tratamiento de enfermedades como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) permiten al cuerpo aprovechar mejor el aire disponible, aunque no aumenten de manera significativa el volumen total que pueden contener los pulmones.

El neumólogo Philippe Haouzi explicó en Cleveland Clinic que la capacidad pulmonar describe cuánto aire pueden contener y movilizar los pulmones. Esta medida se expresa en litros y se divide en varias componentes.

Entre ellas están la capacidad vital, que es la cantidad máxima de aire que una persona puede movilizar hacia dentro y hacia fuera de los pulmones; la capacidad residual funcional, que es el aire que queda después de exhalar; la capacidad pulmonar total, que corresponde a todo el aire que los pulmones pueden alojar; y el volumen corriente, que es el aire que entra y sale en una respiración normal.

Haouzi resumió el sentido clínico de estas mediciones con una frase citada por Cleveland Clinic: “Juntas, estas mediciones nos dan una imagen completa de qué tan bien están funcionando los pulmones”.

No existe una única capacidad pulmonar “normal” para todas las personas: los profesionales de la salud emplean pruebas de función pulmonar, como la espirometría, y comparan los resultados con valores de referencia ajustados por edad, estatura y sexo.

Por qué la capacidad pulmonar no aumenta de forma sustancial en la adultez

La aclaración principal es que, en adultos con pulmones sanos, los ejercicios o hábitos saludables no hacen que los pulmones crezcan de manera apreciable. Haouzi lo expresó de forma directa: “Tus pulmones no pueden crecer de forma drástica en la adultez”.

El especialista añadió que la capacidad pulmonar está determinada en gran medida por la estructura pulmonar y por factores como la genética, el tamaño corporal, la edad y el sexo.

Haouzi también señaló que existe un límite biológico a cuánto pueden expandirse los pulmones y cuánto oxígeno pueden contener en la vida adulta.

La comparación con el músculo ayuda a entenderlo: así como la masa muscular tiene un techo influido por la genética, los pulmones no se agrandan indefinidamente, aunque sí es posible mejorar el aprovechamiento de la capacidad que ya existe.

Eso no quiere decir que los hábitos saludables no sean útiles. Ejercicio, técnicas respiratorias y tratamiento de enfermedades no aumentan el tamaño pulmonar, pero pueden mejorar significativamente cómo se usa la capacidad disponible.

Cómo cuidar la función pulmonar y respirar con más eficiencia

Lo que sí puede lograrse, según Cleveland Clinic, es proteger los pulmones del daño, mantener la función actual y optimizar cada inhalación. Esto es especialmente importante para personas con cicatrices o daño estructural, infecciones, fibrosis pulmonar, asma, enfermedades pulmonares o EPOC.

Haouzi advirtió: “El daño permanente en los pulmones no puede revertirse”. Sin embargo, la función respiratoria puede mejorar con medicamentos, cirugía, rehabilitación pulmonar y otras intervenciones específicas según el caso.

La actividad física regular figura entre las recomendaciones: el ejercicio ayuda al organismo a usar el oxígeno con mayor eficiencia y puede reducir la sensación de falta de aire en las actividades cotidianas.

“Una persona bien entrenada usa su respiración de manera más eficiente”, resumió Haouzi. El objetivo no es agrandar los pulmones, sino obtener un mejor rendimiento de la capacidad existente.

Mantener un peso saludable también favorece la respiración. El exceso de peso, especialmente en el abdomen, puede limitar la expansión pulmonar y el tejido graso puede afectar las vías respiratorias, empeorando condiciones como el asma.

Las técnicas de respiración, aunque no aumenten la capacidad pulmonar, ayudan a mejorar el patrón respiratorio. Cleveland Clinic menciona la respiración diafragmática y las respiraciones lentas y controladas como herramientas para reducir la frecuencia respiratoria, aliviar la falta de aire relacionada con la ansiedad y mejorar el vaciado pulmonar.

En personas con enfermedades pulmonares, estos ejercicios pueden facilitar el vaciado de los pulmones. Haouzi explicó: “Con ejercicio respiratorio regular, puedes entrenar el diafragma para que se tome el tiempo de vaciar los pulmones y así mejorar o limitar parte del impacto de la enfermedad pulmonar”.

Cuando hay una enfermedad respiratoria de base, el tratamiento es clave para conservar la función pulmonar: medicamentos que abren las vías o reducen la inflamación, programas de rehabilitación pulmonar y ejercicios respiratorios guiados pueden marcar la diferencia.

También son importantes las medidas preventivas: no fumar ni vapear, mantener al día las vacunas recomendadas y reducir la exposición a sustancias químicas o irritantes ambientales.

Cuándo conviene consultar a un médico por falta de aire

La falta de aire es una señal frecuente de que puede haber un problema pulmonar. Según Cleveland Clinic, suele aparecer primero al hacer esfuerzos como caminar o subir escaleras y con el tiempo puede empeorar hasta afectar actividades que antes se realizaban sin dificultad.

Otros síntomas de alerta incluyen tos persistente o inexplicada, sangre al toser, silbidos al respirar, mareos, entumecimiento y desmayos. Estos signos requieren evaluación médica para identificar la causa.

Haouzi recordó que la falta de aire no siempre proviene del sistema respiratorio: “La falta de aire también puede ser resultado de un problema cardíaco”.

La recomendación general es buscar atención médica si aparecen estos síntomas. En lugar de intentar aumentar el tamaño de los pulmones, la prioridad debe ser mantener su funcionamiento, tratar las causas que puedan deteriorarlo y maximizar el rendimiento de la capacidad que permanece.

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