Mientras Lionel Scaloni se afirma como uno de los entrenadores más destacados del fútbol argentino, una persona lo acompaña desde hace años fuera de la atención mediática. Se trata de Elisa Montero, la mujer con la que el director técnico de la Selección Argentina formó una familia y que, según él mismo ha reconocido, fue clave en momentos importantes de su vida.
A diferencia de muchas parejas vinculadas al fútbol, Elisa mantuvo siempre un perfil reservado. Tras esa discreción hay, sin embargo, una relación estable y duradera que suele valorarse por su naturalidad más que por la exposición pública.
La historia comenzó hace más de una década en Mallorca, España, cuando Scaloni todavía jugaba profesionalmente y vivió un partido que marcó un antes y un después en su carrera: un error en la final de la FA Cup entre West Ham y Liverpool que terminó modificando su trayectoria como futbolista.
Scaloni relató cómo, en el tramo final del partido, una jugada que pensó debía detener cambió el desarrollo: un rebote, una recuperación de Liverpool y un remate lejano que igualó el marcador. Ese empate permitió a Liverpool ganar la definición por penales, y para él fue una experiencia decisiva en su carrera.
Tras ese partido perdió su lugar en el club y, según explicó, se produjo un giro en su vida personal: volvió a Mallorca, donde conoció a Elisa. La decisión de cambiar de entorno y la relación que surgió a partir de ese encuentro marcaron su futuro.
Una noche, ya instalado en España, Scaloni coincidió en un restaurante con Elisa, que estaba con amigas del vóley. Fue un encuentro fortuito que, según él contó más tarde, tuvo un impacto inmediato: describió aquel momento como un flechazo. Sin embargo, su primer intento de acercamiento no tuvo éxito: Elisa mostró indiferencia y no pareció demasiado interesada.
Lejos de rendirse, Scaloni persistió para conquistarla. Incluso envió una rosa roja a través del personal del restaurante, sin obtener entonces la reacción esperada. Tras varios intentos logró el contacto de una amiga de Elisa y, a partir de ahí, comenzó una relación que cambió sus vidas.
Con el tiempo, Elisa descubrió rasgos de Scaloni que la atraían: su espontaneidad, sentido del humor y carácter distendido ayudaron a consolidar el vínculo. Cuando la carrera del jugador lo llevó de nuevo a Italia, le propuso que lo acompañara y ella aceptó sin dudarlo.
Ella dejó su vida en España y se mudó con él a Roma; desde entonces han permanecido juntos. Formaron una familia con sus hijos Ian y Noah, y construyeron una relación basada en el compañerismo y la discreción.
Además del apoyo familiar, Elisa jugó un papel relevante en la transición de Scaloni del fútbol profesional a la dirección técnica. En un momento de dudas sobre su futuro, ella lo impulsó a formarse como entrenador, una decisión que dio paso a la nueva etapa de su carrera.






